• Brandon Stiven Ortiz Calderón

Un icónico teatro en Neiva: el Pigoanza está a nuestra espera

Por Brandon Stiven Ortiz Calderón*

Imágenes: El gran teatro Pigoanza actualmente. Tomadas por el autor


Causa curiosidad ver el imponente pasillo del teatro Pigoanza en Neiva. Digo imponente, porque toda su historia y los años de existencia han significado un peso importante para la ciudad. Digo curiosidad, porque es sentir una mezcla de añoranza (volver al teatro, al cine y verlo con una gran fila en la entrada) y causa emoción y alegría.


Me detengo por minutos en el ancho hall de entrada que tiene el lugar y no puedo dejar de observar una cartelera de viejas producciones audiovisuales que fueron icónicas en su momento: un Tarzán joven, de cabello rubio, atlético y con una mujer a su costado y un mono entre ellos dos. La imagen proyecta al menos 30 años atrás. Continúo y unos ojos profundamente azules e impresionantes me miran con una capa roja y una “S” en su pecho. El elenco luce fantástico y mucho más familiar, pues son Cristopher Reeve, Marlon Brando y Margot Kidder, sumando esta imagen más de 40 años. Luego, un simio gigante, pero súper ficticio, se encuentra en la cartelera atado de sus extremidades a dos grandes troncos. En su película, en Nueva York, fue denominado como “la octava maravilla del mundo”. Es el poderoso Kong en una película de 1933, casi un siglo de historia.

Video: pasillo del Pigoanza con carteleras mencionadas en el párrafo arriba. Grabado por el autor


La fila se mueve y el ingreso a la sala es rápido y sencillo. De frente a mí, una gran imagen del festival Cinexcusa me recibe como bienvenida. Este año su temática está relacionada con medioambiente y, por eso, observo gran tortuga acuática como protagonista de la imagen. El olor me conduce desde entonces, pues comienzo a olfatear una sensación inconfundible de las salas de cine y me es inevitable no querer comprar palomitas en una pequeña, pero adecuada tienda que está justo en la entrada a la sala y al costado de una gran vieja cámara cinematográfica.

Desde allí, bastan unos escalones para irse sumergiendo en la obscuridad de la sala e ingresar en una fascinante aura cinematográfica. El Pigoanza, que rememora un poderoso antiguo cacique de la historia del Tolima Grande, hace un verdadero honor al título que lleva por nombre, pues su magnitud y belleza no tienen nada que envidiar a cualquier otro teatro o sala de cine del país. Sus colores, su tamaño, su elegancia, sobriedad y su innovación, están a la altura de muchas salas renovadas en los últimos años. Llevaba meses largos sin entrar, además de que el teatro permaneciera cerrado por un tiempo, y de allí justamente mi fascinación con ver este auditorio renovado y muy bien establecido.


Video: Entrada a la sala del teatro. Tienda para comprar comida. Grabado por el autor


Comienzo a buscar silla para ubicarme, y noto que hay parejas, familias, niños y universitarios. Hay suficiente espacio para todos. De hecho, observo que la cantidad de personas en la función no llenan ni la mitad de las ubicaciones inferiores del teatro. Quizás algunas personas aún tengan temor de ingresar a una sala de cine a raíz del Covid-19 y por eso una afluencia baja, o tal vez el lugar es tan grande que nos vemos muy pocos o, a lo mejor, por ser el primer día del festival aún la gente no acude al llamado. En todo caso, pienso que los opitamos desaprovechamos un escenario de tal nivel. ¡Qué lástima!


La película comienza y noto que reproducirla es un poco distinto al cine, pues se puede ver que se está transmitiendo desde un computador y la película se reproduce desde allí. La película es una verdadera maravilla, permitiendo entrever diálogos fascinantes y con una reflexión constante sobre el papel de la humanidad y sus distintas facetas. El guion se lleva toda mi admiración, así como la paleta de colores utilizada es exquisita y entrega un mensaje clarísimo: la humanidad en un antes y un después de su propia autodestrucción.


Video: Finaliza la película y las personas en el auditorio se retiran. Grabado por el autor


La cartelera de este año en el Cinexcusa está de lujo y sería fantástico que los neivanos aprovecháramos el cine gratuito, de calidad y con sentido. Salgo del gran salón Pigoanza unas dos horas después de mi ingreso, y me repito que debo volver los días siguientes a continuar disfrutando de una poderosa sala con historia y flashbacks que transportan al pasado, pero que nos permiten disfrutar en el presente.


*Brandon Stiven Ortiz Calderón es el editor general de La Gaitana. Actualmente es estudiante de penúltimo semestre de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de La Sabana. Ha participado en diversos espacios comunicativos, periodísticos y de formaci

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