• Ingrid Lozano Suárez*

¡Qué no muera la palabra!


Foto: Cortesía de Mauricio Alvarado. El Espectador


Cuando te censuran o cuando te das cuenta que te autocensuraste, aún tienes la palabra, para comunicar lo que padecen millones de jóvenes colombianos. Una maza valiente que resiste con bravura, que busca la razón del equilibrio, quienes creen en la esperanza, hijos de La Gaitana, de mujeres y hombres trabajadores que han entregado sus vidas en un país con las tasas de violencia más altas y narcoterrorista históricamente.


El mismo que ha olvidado el derecho a la vida, entendida como “sagrada”, y han usurpado en el cuerpo de la juventud más fuerte de América; mientras los jóvenes de nuestro país han desarmado los miedos y han recordado el valor de la patria.


Son el grito que se ha levantado en toda América a través del viento en los países andinos; son el canto de Mercedes Sosa, de Jaime Garzón, de líderes sociales, de los desaparecidos, se han convertido en las voces de los agujeros negros y de quienes crecimos en la guerra silenciada. Esta juventud colombiana nos recuerda los movimientos sociales de los años sesenta, de manera masiva, a las personas del común que creyeron en su capacidad de transformar el mundo; proclaman un país con igualdad de derechos y de oportunidades.


¿Cómo se traduce la catástrofe que vivimos? Cifras de incremento a la concentración de riqueza, brechas sociales y en educación; según el estudio de Pobreza monetaria en Colombia 2020, reveló que en el país el 42,5% de las personas son pobres, con uno de los salarios más bajos en el mundo; además de 3405 casos de violencia policial durante las manifestaciones, a un mes de paro nacional según Temblores ONG.


Para que no muera la palabra será necesario que empecemos a nombrar lo que es, lo que es nuestro, lo que sucede cada día, asumir la palabra para testimoniar y nombrar lo que está siendo aniquilado, como decía Mercedes Carranza (2004: 70):


Cuando me paro a contemplar

su estado y miro su cara

sucia, pegachenta,

pienso, Palabra, que

ya es tiempo de que no pierda

más la que tanto ha perdido.

Si es cierto que alguien

dijo hágase

la Palabra y usted se hizo

mentirosa, puta, terca, es hora

de que se quite el maquillaje

y empiece a nombrar, no lo que es

de Dios ni lo que es del César,

sino lo que es nuestro


cada día. Hágase mortal

a cada paso, deje las rimas

y solfeos, gorgoritos y

gorjeos, melindres, embadurnes y

barnices y oiga atenta


esta canción: los pollitos dicen

píopíopío cuando tienen

hambre, cuando tienen frío.

LA GUACHAFITA