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No importa qué pase, Putin ha perdido

Por Illia Collazos*

Sea como sea que termine la guerra, Putin pierde. Incluso si se las apaña para controlar la totalidad de Ucrania.
Presidente de Rusia, Vladimir Putin

Desde que el conflicto entre Rusia y Ucrania se aproximaba, las sanciones económicas no esperaron para caer en el país que, hoy en día, se disputa no sólo una guerra y un territorio, sino su lugar en el mundo: ser un país abiertamente antidemocrático o ampliarse como Imperio. Lo cierto es que, cualquiera que sea el desenlace de este conflicto, Putin y Rusia mismo han perdido ante la comunidad Internacional y ha confirmado, principalmente a Europa, que es un mal vecino.


Cuando Putin decide invadir Ucrania, no esperaba que hubiera tanta resistencia. Probablemente esperaba que fuera un conflicto que se solucionaría con la rendición o huída de Zelenskiy, en vez de vérsele en las filas armadas que protegen lo que queda de Ucrania, tras los bombardeos. Este fue, simbólicamente hablando, el golpe más importante y comparativo entre dos líderes: la oveja y el lobo; el ángel y el diablo.


El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, visita las posiciones de las fuerzas armadas cerca de la línea del frente con los separatistas respaldados por Rusia en la región de Donbass, Ucrania, el 9 de abril de 2021. - Foto: Reuters.

Si hay algo que se le debe reconocer a Zelenskiy es su habilidad para comunicarse durante esta guerra que lleva un poco más de un mes. No sólo se le ha visto usando uniformes militares y cascos, sino también se le ha visto muy simplemente vestido, como cualquier ciudadano, dejando la corbata y el sastre de lado al momento de dar sus discursos, que a propósito de los mismos, están llenos de invitaciones a Estados Unidos y Europa para unirse a una guerra que Ucrania, y personalmente Zelenskiy, no creen que sea únicamente contra su país, sino contra todo Occidente.


Por todo lo anterior, la guerra que lidera Rusia es una decisión que depende totalmente de la figura de un hombre. Putin ha perdido ante los ojos del mundo la poca credibilidad que todavía sostenía como político y líder de uno de los países más poderosos del mundo. El Kremlin le ha demostrado al mundo que sus intereses son vagos, que sus razones son débiles y que sus motivaciones son una mezcla entre avaricia, viejo imperialismo y miedo.


Esta guerra le va a costar a Rusia no sólo dinero, sino también rutas comerciales, tratados, aliados en la región y diplomacia. Incluso si Ucrania se ve vencida, Rusia jamás será confiada y, algo que quizá Putín no calculó del todo, es que Occidente se va a ver grandemente fortalecido, como alguna vez lucieron los Aliados en la II Guerra Mundial.


En el contexto actual la OTAN y la Unión Europea, -que venía un poco resquebrajada-, han encontrado en la amenaza rusa, una buena razón para seguir fortaleciendo y -quizá creciendo- alianzas y relaciones. Pero en estas Rusia no está incluida. El Kremlin es de nuevo, como lo fue durante la URSS, el sospechoso enemigo.


Incluso China, uno de sus mayores aliados comerciales, ha tomado distancia, al menos públicamente. Pero tiene sentido, porque todo lo que le importa a China es seguir siendo el manufacturero más barato del mundo y seguir exportando made in China items. Para eso, no basta con tener mano de obra barata y una de las poblaciones más grandes del mundo: China necesita paz y detesta la idea de una guerra que impida que las relaciones comerciales se lleven con normalidad.


En apariencia, Occidente no puede hacer mucho más de lo que ya ha hecho, sin entrar en guerra con Rusia. Una guerra que puede ser no sólo mundial sino también nuclear. Las ayudas que han llegado a Ucrania, incluso las del tipo militar, son la única barrera que, por el momento, es posible para Europa ofrecer, sin extender el conflicto a otras regiones del continente. Pero mientras tanto, Rusia empobrece, pierde credibilidad, duda de su propio líder y, particularmente, Rusia se queda solo.


*Illia Collazos es comunicadora social de la Universidad de Buenos Aires.




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