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Mujer y ciudad: una relación más allá del género

Talía Melissa Cuellar Calderón* (Artículo escrito en alianza estratégica con RHUDA, Red Huilense de Defensa y Acompañamiento en Derechos Sexuales y Reproductivos)


Foto: Movilización 8M 2022, Neiva. Tomada por @inmorena

La ciudad es compleja, diversa y dinámica, lo que implica una actuación directa sobre todas sus dimensiones; solemos pensar, cuando nos hablan de la construcción de ciudad, en la infraestructura que la compone: en sus calles, plazas, parques, viviendas, olvidando casi por completo que ésta comprende igualmente la construcción de ciudadanía. Y el compromiso del Estado y de quienes habitan la ciudad es ser partícipe en el ejercicio de generar territorio, con características mediáticas, de cohesión y transformación.

Las luchas por los derechos han girado en torno a aquellas cosas que son inherentes al ser humano, al vivir la vida digna, a gozar de una plena libertad; las cuestiones sociales en el urbanismo se dan a través del reclamo de las mejoras de la calidad de vida de quienes viven la ciudad, lo que implica que el derecho a la ciudad está dada a cuestiones que tiene que ver con la seguridad, libertad, bienestar y sin lugar a dudas la ciudadanía, todas ejercidas en un espacio; espacio que es “creado y reproducido por las prácticas sociales , y por tanto es un producto de las relaciones sociales y de poder existentes en la sociedad” (Fenster, 1999; Koskela, 1999).


El espacio en la ciudad debe ser expresión de democracia territorial, libertad e igualdad. Es aquí donde se construye identidad, donde su colectivo convive y se manifiesta, exponiendo sus formas únicas y diversas que construyen sociedad.


Los espacios en la ciudad han sido pensados desde una perspectiva de producción (que se ve ligado al papel que han venido desempeñando mayormente los hombres), facilitando y adecuando su estructura al desarrollo de las actividades relacionadas; concebir ciudades más inclusivas, precisa la apropiación del territorio por parte de las mujeres, que se ven impuestas tradicionalmente al trabajo reproductivo, y de cuidado, y aunque el derecho a la ciudad se compone de un conjunto de derechos colectivos, no se dispone uso y participación igualitaria de las mujeres , la práctica indica que existen diversos factores que no permiten ejercer los derechos con igualdad ya que “los espacios urbanos se han diseñado para valorar la producción y menospreciar la reproducción” (Martínez, 2009) (Kohen et al. , 2008).


En este sentido, las prácticas que violentan (promovidas en los espacios urbanos) actúan como limitante a los derechos que las mujeres han venido ganando, las violencias y miedos limitan el uso, tránsito y disfrute de la ciudad, ocasionando que no sean vivenciados por igual, ya que suelen ser caracterizados conforme a la disparidad social, territorial y de género: Las mujeres suelen experimentar mayor hostigamiento, acoso sexual y violaciones. Tan solo en el departamento del Huila se registraron entre los años 2013 y 2018, 27.707 eventos asociados a violentar la mujer (C. Álvarez et al. 2021), vulnerándola física, psicológica y sexualmente. Por consiguiente, al limitar su movilidad a causa del temor, las mujeres reproducen involuntariamente la dominación masculina sobre el espacio (Koskela, 2000).


Los derechos humanos y el reconocimiento a los derechos sexuales y reproductivos como los más humanos de los derechos, que competen a hombres y mujeres en igualdad de condiciones, vendrían a reconocer que la igualdad, la equidad de género y la emancipación de la mujer y la niña son esenciales para la sociedad, y, por lo tanto, constituyen una de las estrategias directas para promover la dignidad de los seres humanos y el progreso de la humanidad en condiciones de justicia social. (Federación Internacional de Planificación de la Familia, 2012).


Esta apropiación de la ciudad por parte de las mujeres no supone solamente el derecho a usar los espacios existentes, si no a transformar, idear y crear aquellos que atiendan sus necesidades, que comienzan por el derecho a decidir y actuar sobre los cuerpos que habitan.

Redefinir los espacios urbanos que recrean acciones separatistas entre actividades productivas y reproductivas, en ciudades planificadas y construidas, pensadas en las necesidades lucrativas, replicando estructuras urbanas zonificadas que atienden directrices capitalistas, segregando a la población que no suele desarrollar actividades remuneradas, donde gozar de la ciudad es un lujo, se vuelve imprescindible; así como también cada vez se precisa más ofrecer un ambiente donde sea posible obtener entornos en los que se puedan desarrollar las actividades diarias, con acceso a la salud, educación y empleo, otorgando una infraestructura adecuada, acceso a espacios públicos seguros, asegurando una movilidad libre con acceso universal, facilitando la cohesión social, aportando calidad de vida y entornos sanos en condiciones de equidad.


*Talía Melissa Cuellar Calderón es estudiante de arquitectura Colmayor del Cauca y estudiante de Música Universidad del Cauca. Integrante de RHUDA.

Cláusula de conflicto de intereses


Talía Melissa Cuellar Calderón pertenece a la Red Huilense de Defensa y Acompañamiento en Derechos Sexuales y Reproductivos – RHUDA, y no recibe salario, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico, profesional o personal de su perfil.


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