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LAS MUJERES, DE LAS CALLES A LAS URNAS

Por: Gina Paola Montealegre Linares* (Columnista invitada)


Foto: Gina Montealegre, autora de este artículo en La Gaitana Portal Independiente

En su número de enero, Revista Pandemia publicó un texto que buscaba indagar sobre los retos de la movilización ciudadana liderada por colectivos y organizaciones de mujeres, después de lo que habría sido una de las marchas feministas más concurridas durante la pandemia, el 25 de noviembre del 2020.


Esto de cara a los procesos electorales que se avecinaban, y que serían determinantes para las mujeres en términos de participación política más allá de las calles, como parte de ese gran reto que muchas hemos llamado recientemente, “feminizar la política”.


No se equivocaron las mujeres consultadas por la revista en ese momento, al concluir que este año sería determinante para consolidar agendas y liderazgos que les permitan a las mujeres disputarle al patriarcado las posiciones de poder desde las cuales se toman decisiones, pasando de la movilización al trabajo electoral.


Hacia finales del 2020, y en ese sentido, se venía gestando la consolidación del primer movimiento político feminista del país, “Estamos Listas”, con una propuesta que incluye desde innovación en los procesos de democracia interna, hasta políticas en justicia económica e implementación del acuerdo de paz.


El 13 de diciembre Estamos Listas inscribió su lista cerrada al Senado para las elecciones al Congreso, con el respaldo de más de 90 mil firmas, convirtiéndose hasta el momento en el más importante fenómeno electoral del país.


Sin embargo, lograr feminizar la política es mucho más que crear un partido para mujeres con agenda feminista, y ha resultado ser otra batalla en la ya larga guerra que libramos las mujeres a diario en contra de las estructuras patriarcales, esta vez encarnadas en partidos y movimientos políticos de estructuras excluyentes y discursos que incentivan en sus miembros y electores el uso de la violencia basada en género como estrategia para someter, silenciar y restar agencia a las mujeres con aspiraciones electorales que van en contravía a las aspiraciones de los líderes naturales e históricos de sus partidos, y por lo tanto resultan siendo voces incómodas que deben ser excluidas de estos.


Después de una larga lucha por ser escuchadas y tras la construcción de un discurso reflexivo y crítico dentro de sus movimientos políticos muchas salieron derrotadas, demostrándonos de manera inequívoca que, hasta ahora, el gran trabajo político que hacen las mujeres en las calles termina siendo capitalizado por los hombres, quienes son los que reciben los votos con los que llegan a las posiciones de poder desde las cuales siguen decidiendo por nosotras.


En sólo una semana la renuncia a las aspiraciones electorales de varias figuras representativas del llamado Pacto Histórico, ante la falta de garantías democráticas al interior de este, dejó ver la marcada instrumentalización de los discursos de inclusión que afecta no sólo a los movimientos progresistas, sino también a todos los partidos y movimientos a través del espectro ideológico, haciendo de las conductas machistas una bandera común, y como consecuencia, de la misoginia como verdadera ideología política. Esto nos lleva a cuestionarnos sobre si acaso ya habrá llegado la hora de superar ese desgastado debate entre izquierda y derecha.


La representación política de las mujeres en espacios de decisión, como resultado del ejercicio electoral, resulta fundamental para alcanzar las reivindicaciones por las que se ha luchado en las calles. Los verdaderos cambios no se logran siendo oposición, y aunque siempre será importante ocupar esos espacios ya ganados a través del trabajo colectivo en lo social, es fundamental ocupar también esos otros espacios. Necesitamos más mujeres en posiciones de poder, hasta que el Estado se vea ocupado por completo. Finalmente, siempre ha estado ocupado por hombres y nunca nadie se ha cuestionado, parafraseando un poco a Ruth Bader Ginsburg.


*Gina Paola Montealegre Linares (Gin&Tonic en Twitter) es abogada de la Universidad Surcolombiana, interesada en temas de género y territorio. Creadora y directora del proyecto editorial Revista Pandemia (@RevistaPandemia). Feminista.

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