• Adonis Ramírez

LA MUERTE CAMBIANTE

Por Adonis Tupac Ramírez

Bienvenida muerte, te esperaba de nuevo.

Llegas inoportuna, glorificando el dolor.


Foto: referencia que suele tenerse de la imagen de la muerte

¿Qué es la muerte?, ¿Por qué llega la muerte? ¿Cómo es el proceso de la muerte? ¿Para qué sirve la muerte? Estas respuestas no nos las dan cuando somos niños, las descubrimos en el transcurso de la vida, en ocasiones de forma errónea, sumadas al temor y al tabú que un tema como este tiene en nuestra sociedad y, aún en la formación médica no hablamos ni mencionamos a la muerte, ya que es tratada como un demonio, algo prohibido en muchas de nuestras familias, como una herencia de la formación religiosa y cultural occidental.


De niño, como todos, le temía a la muerte y, además hablar de ella era casi imposible a esa edad. Nunca nos hablan de la muerte y, al ser niños, mucho menos nos la explican, siempre es un tabú y algo que pertenece solo al mundo de los adultos.

"Había sangre derramada salpicando también las paredes del cuarto, muchas personas hablaban alrededor, pero yo estaba absorto viéndolo, no tenía miedo, solo quería entender lo que había sucedido"

La primera vez que vi un cadáver fue a mis 9 años, estaba en la finca de una tía y a un vecino suyo lo habían asesinado en su cuarto, víctima de un robo. Tenía un tiro en el tórax y otro en el abdomen. Me llevaron a visitar a la familia (porque no tenían con quien dejarme), y yo aproveché para escabullirme y ver el cadáver que estaba en su cama. Había sangre derramada salpicando también las paredes del cuarto, muchas personas hablaban alrededor, pero yo estaba absorto viéndolo, no tenía miedo, solo quería entender lo que había sucedido. No paraba de observarlo, empinado desde una ventana lateral a la habitación, trataba de buscar huellas de disparos en las paredes e imaginaba la escena. La muerte, aún me esperaban años para volver a tenerla así de cerca y comprenderla en su dolor y su orfandad.


Luego, fui a estudiar a una escuela pública donde mi mamá era profesora para realizar cuarto de primaria. Me llevaron allá porque en el colegio donde estaba prácticamente ya no me aguantaron por indisciplinado y camorrero. En el nuevo colegio tuve un amigo que se llamaba Mario, era mayor que yo, tendría unos 11 años, trabajaba los fines de semana para ayudar en su casa, pues era de origen muy humilde, pero rico en historias, las cuales me contaba con entusiasmo. Compartíamos pupitre y me aceptó, a pesar de ser menor que él, porque le resultó graciosa mi indisciplina, porque yo era muy buen estudiante y le podía ayudar en todas las materias. Cuando terminó el año fui matriculado en otro colegio y perdí contacto con él, aunque mi mamá me daba sus razones y yo también le enviaba mensajes con ella. Dos años después Mario murió víctima de una granada abandonada en un campo, junto con otros tres niños. Ellos se encontraban recogiendo migajón (las heces secas de las vacas que sirven como abono) para poder venderlas y tener algún ingreso para sus familias. A esa edad sentí a la muerte cercana e inexplicable, me preguntaba por qué había sucedido aquello y cómo un niño como yo moría. Ya era capaz de racionalizar más, pero aún la información que me daban era escasa y fragmentada.


En plena adolescencia nunca pensé en la muerte y nunca le tuve temor a la mía (aún hoy siento eso). Era rebelde, insolente y arriesgado (características comunes de esta edad), pero la muerte llamó a mi puerta cuando a mis 13 falleció mi papá de un infarto (él tenía 46 años). Ese ha sido el momento más triste y duro de mi vida.


Un cuerpo pálido y aún caliente reposaba sobre una camilla en la sala de urgencias. Un durmiente en un sueño profundo, el último que truncaba su existencia y la de su familia. Un sueño que vomitaba dolor, inconformismo. Tenía 46 años, un infarto fulminante, doloroso e inesperado detuvo su respiración, silenció los latidos de su corazón, congeló sus pensamientos, vació sus emociones, durmió sus movimientos y truncó el amor por sus hijos. Lo vi y lo toqué sintiendo que en su calidez aún había vida, lo llamé insistentemente, le hablé cerca al oído, abrí sus ojos, le imploré que se levantara, le prometí hacer lo que él me pidiera, le rogué que volviera a casa, pero todo fue sin sentido, pues en ese momento su cuerpo era solo un cuerpo.


Pensaba que todo eso era un mal sueño, que al día siguiente mi viejo llegaría a la puerta y volvería a escuchar sus pasos, pero eso nunca pasó y me tuve que acostumbrar a su ausencia física pero no espiritual (soñaba con él y permanecía siempre cerca de mí). Nadie me explicó el significado de la muerte y cómo afrontar la pérdida de alguien cercano. Debido a esta pérdida la vida de mis hermanos y de mi madre se hizo mucho más valiosa y comencé a interiorizar que en algún momento ellos se irían, y a pensar en la vida sin ellos.


Como estudiante de medicina, cirujano y cirujano oncólogo es triste saber que no nos hablan de la muerte, es un tema ausente en nuestra formación y aprendemos de algunos pocos profesores que nos hablan de sus experiencias. El significado de la muerte en nuestra carrera siempre está asociado con el fracaso, con la pérdida. Nos preparan para curar cuerpos, no para acercarnos al alma de nuestros pacientes. Huimos de los pacientes terminales porque no tenemos ni la más mínima idea de cómo actuar con ellos, nos es difícil escucharlos y darles afecto. Creo que parte de la formación médica se encarga de castrar nuestros sentimientos básicos (compasión, sensibilidad, respeto, solidaridad, compartir), quizás como un método de protección o para desligarnos y poder continuar cada día.


Después de cometer muchos errores y de equivocarme aprendiendo, he entendido que se debe hablar de la muerte como hablamos del nacimiento. Y así como se prepara la llegada de un nuevo miembro de la familia, también deberíamos hacerlo para su partida, pues la muerte casi siempre es inesperada, inexplicable y nos deja atiborrados de “pendientes” y vacíos.


No le temo a mi muerte, ya lo dije, y he tratado de prepararme para ella. Sé bien que la muerte de algún miembro de mi familia será muy dolorosa, pero también me preparo para ese momento, tratando que aquellos pendientes cada vez sean pocos y que cuando se vaya alguno solo queden sentimientos de agradecimiento por haberlos tenido y que ese amor que nos dimos nos ayude a superar la ausencia y venerar sus recuerdos.


*Adonis Tupac Ramírez es Médico Cirujano de la Universidad Surcolombiana, MD Cirugía de Cabeza y Cuello. Poeta y deportista. Página web: www.adonistupacmd.com

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