• Mauricio Muñoz Escalante*

Importancia de la hipótesis


Estimado niño vándalo:


Hace unos días decidiste pasar con tus compinches por el barrio en el que vivo y prender fuego al centro de atención inmediata, con todo y policías adentro. Una ambulancia se los llevó y—supongo que desafortunadamente para ti—todos lograron salir con vida. Mientras tanto, en ausencia de la autoridad, tú y tus amigos decidieron emprenderla contra el colegio donde asisten los hijos de los empleados de dicha institución, y rompiste todos los aires acondicionados, y quebraste todas las ventanas, y lanzaste adentro de la biblioteca una de tus bombas incendiarias para convertir en cenizas los pocos volúmenes que había para leer.


No debería sorprenderme, habida cuenta de que poco antes nos dejaste advertidos con aerosol rosado de que llegó la hora de quemarlo todo. Pero como terminado el ataque tú y tus camaradas huyeron de la escena y ahora disfrutan de un merecido descanso, te escribo para ilustrarte «con plastilina», como dicen en los jardines como el que quemaste ese día, por qué no debes andar por ahí destruyendo lo que no te pertenece y, peor aún, quizás matando a quien no conoces.


Parto de la premisa de que no has comprendido eso tan sencillo que clama la gente de que obrar con violencia trae más violencia. Tal vez es porque tu filosofía no es elemental; porque tu teoría revuela entre la deconstrucción y el arte de la guerra en vericuetos que pocos podemos descifrar… Pero no te afanes por intentarme explicar. Ya habrás oído el refrán de «Loro viejo no aprende a hablar». Me dirijo a ti como un ciudadano común:


Tengo entendido que uno de los motivos que atiza tu furia es el caso de los llamados falsos positivos. Te propongo entonces que pienses en las madres, tanto del niño que aparece asesinado como guerrillero, como la del niño patrullero incinerado vivo dentro de la estación de policía. Ambas preguntan en todo su derecho quién dio la orden.


La primera tiene la esperanza de que su insidioso cuestionamiento vaya subiendo la cadena de mando, y en una insospechada serie de traiciones, éste ponga en tela de juicio a los coroneles y generales de las cúpulas militares, y a los ministros de defensa, y a los presidentes de la república. Ella tiene una hipótesis y, así la pruebe como errónea, justifica su investigación.


Y ahora piensa en la madre del policía que hubieras matado con tu acto. Imagínatela preguntándote: «¿Y a ti quién te dio la orden?» ¿Qué le vas a responder: que Guattari? No creo que sea una buena hipótesis. Porque una cosa es decir, «Todos los días mueren personas por causa de las ideologías», y otra muy distinta, «Hoy mi hijo murió por causa de una ideología». Ese día no habrá ontología rizomática que te salve, y ella misma va a ir a sacarte de donde estés—ya te imaginas de cuál parte de tu cuerpo—para que pagues por tus actos… Entonces sí será útil que lleves un libro para leer, otro libro, uno que te voy a regalar. Se llama Paz molecular y tiene una hipótesis muy infantil: que si los niños no participan de la guerra, sino que juegan y estudian, mañana no habrá guerra…


Perdóname lo cursi. En mi próxima misiva seré más circunspecto


*Profesor de la Universidad Antonio Nariño.

LA GUACHAFITA