• Kevin Hartmann*

Es equivocado pensar que el Paro está dirigido desde un Comité


Foto: Cortesía EFE


Es un error analizar el paro como si se tratara de un movimiento de manifestantes que responden a una organización centralizada (un comité) con dirigentes reconocibles. No es así. El movimiento es más parecido al de los Gilets Jaunes en Francia. Es decir, un movimiento desconcentrado con reivindicaciones distintas. En general son grupos diversos de personas que manifiestan un descontento, pero que tiene varias causas: la reforma tributaria era solo una.


También está la violencia policial, el hambre, el pésimo manejo de pandemia, la falta de vacunas, la ineptitud del gobierno para apostarle a salvar empleos, la no extensión del PAEF, los constantes feminicidios...En fin, en general, se trata de una manifestación de hartazgo contra el ‘establecimiento’.


El paro no se puede reducir a un solo pliego de peticiones, como en un modelo clásico de negociación colectiva sindical. Y al estar tan desconcentrado, no es posible atribuirle a alguien un liderazgo o una representación de la diversidad del descontento. Por eso la solución no pasa solamente por sentarse a negociar con unos ex presidentes, presidentes de partidos, líderes sindicales o líderes de oposición.


Entonces el pliego de ese comité del paro puede ser desordenado y errático, e inclusive, decir disparates. Porque finalmente ese pliego no refleja la multiplicidad de causas del paro ni tampoco sus posibles soluciones. Y aún los que pretenden deslegitimar el paro criticando el pliego del Comité -como ha sido la estrategia de contención de huelgas de trabajadores (recordar caso Avianca-ACDAC)- no lo van a lograr. Ese Comité y ese pliego no representan sino una pequeña parte del descontento.


La gente va a salir a seguir saliendo hasta que el Gobierno lance mensajes claros a los manifestantes. Es decir, que muestre gestos como escuchar y entender las frustraciones de los manifestantes.


Lo último que le queda a la gente frente a este gobierno sordo es salir a la calle y hacerse escuchar. Y lo único que le queda al Gobierno es conectarse, por fin, con la complejidad de problemas del país proponiendo situaciones puntuales. Pongo solo dos ejemplos:


1. Ordenar parar la violencia policial y desmilitarizar las ciudades. 2. Reconocer los errores cometidos durante la pandemia y establecer estrategias precisas para superarlos.


Mientras el gobierno insista en ignorar lo que la gente está pidiendo a gritos, que no se trata de nada distinto a reconocerlos y empatizar con su situación, no se podrá superar este problema.


* Estudiante del doctorado en ciencias jurídicas de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.

LA GUACHAFITA