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Doña Colombia: la vitalidad de una vejez libertaria

Por Erlinton Santiago Artunduaga*


Caminar por las instalaciones de la Univalle en el marco de la Segunda Asamblea Nacional Popular era para mí algo increíble. Ver a tantas personas coincidiendo en la misma causa con tanta pasión y fervor me emocionó. Habían sido meses difíciles. Un viaje de ida bastante similar a una odisea en donde el Estado estaba sacando a relucir su habitual represión, nos alentaba a continuar. Allí estábamos. Atentos los unos y los otros, celebrando la llegada al lugar esperado.


En medio de ese imponente fortín de la resistencia y lucha estudiantil, se encontraban varias personas que desde hace días estaban preparando el lugar para nosotros. La gran mayoría de estas eran estudiantes del alma mater, valientes y decididos con su lucha. Jóvenes que salieron de sus casas a apropiarse de su segundo hogar, a tomar lo que es por derecho de ellos. Eran comunes y corrientes, pero portaban gorras, capuchas, pañoletas que los empoderaba.


Poco a poco empezamos a acercarnos más y a compartir en medio de espacios cotidianos como lo es la Olla Comunitaria o al hacer la fila para las duchas. Reímos de la misma forma e intercambiamos experiencias. Mientras caminaba al lugar en donde estaban nuestras carpas, casi hago caer a una señora de bastante edad; iba distraído y en ningún momento me había fijado de su presencia. Ella respondió como lo hacen casi todas las abuelitas, en ese punto intermedio entre el enojo y la ternura. Yo no sabía que hacer, pedí disculpas y seguí mi camino maravillado de todo mi entorno.


Al volver para almorzar me encontré con esta peculiar señora. No se veía tan indefensa e insignificante. Esta vez era como una matrona, imponía respeto entre las personas de su alrededor. Todos la escuchaban y atendían a sus direcciones. Allí entendí que era más que una simple anciana, era uno de los muchos símbolos de la resistencia en la ciudad de Cali. Allí quise conocerla un poco más y coincidimos en una de las mesas de trabajo de la Asamblea. Se hizo detrás de mí y estaba atenta a cada una de las discusiones que se daban. Cuando tenía sed destapaba una gaseosa de uva litro y medio, bebía y continuaba atenta, como si fuera una joven más. Como si no estuviera en un carro que la ayudaba a movilizarse y su columna no estuviera ya bastante deteriorada.


Pasaron las horas y ella encontró oportuno hacer una intervención entre personas expertas en el periodismo alternativo y popular. En medio de figuras públicas bastante reconocidas como AquíNoticias, Canal 2 y Franco Pues. Todos la escuchamos atentamente, encontramos bastante coherencia en su aporte y le correspondimos con una gran ovación. Planteaba la necesidad de hacer comunicación educativa y crítica, que aportara la creación de pensamiento en cada una de las personas para que estas pudieran ser conscientes y lograran transformar cada uno de sus entornos.



(Alba Lenny de Dávila “Doña Colombia”, Asamblea Nacional Popular, Cali, Univalle, 18 de agosto, 2021) Foto por: Dedo del Camello.


Se hizo de noche y ella seguía, firme y atenta. Yo estaba cada vez más asombrado de su aguante y la lucidez con la cual expresaba cada una de sus ideas.


Al otro día, en medio del trajín logré coincidir con ella. Estaba siendo entrevistada por un periodista de un medio alternativo y yo prestaba atención a cada una de las cosas que ella decía. Al terminar la entrevista, decidí hacerle una por cuenta propia. Me acerqué, me presenté y le dije que me contara libremente sobre su vida. Ella muy amablemente lo hizo, con serenidad y gran claridad.

Su nombre es Alba Lenny de Dávila, le resulta gracioso ese “de”, pero como ella dice “eran otros tiempos. Todo el mundo la conoce como Doña Colombia o Alba Colombia. Tiene 81 años, es una Univalluna más. Es pensionada como pedagoga, trabajó desde el prescolar y fundó el Prescolar de los Empleados de la Univalle. También estudió unas carreras “para la vida”, como lo son la psicología, la literatura y las empresas. En cada una de ellas resaltó con grandes aportes. Uno de ellos, la psicología de la cabaña, en donde plantea la necesidad del ser humano de estar en constante movimiento y dinamismo para poder vivir plenamente.


Vivió un tiempo en Boston (Estados Unidos) y luego en Salamanca (España). De su familia habla poco puesto a que ha perdido bastante contacto con ellos, sus hijas no comparten sus mismas ideas y ella no tiene problema con ello, considera que ya están grandes y no necesitan de su ayuda. De su esposo solo lleva el apellido, es lo único que la ata. Ha acompañado al movimiento estudiantil desde hace más de 15 años, pero se hizo viral en el marco de las movilizaciones que iniciaron 28 de abril del 2021, ella decidió participar de cada una de las manifestaciones sociales aún con su movilidad reducida, pero siempre alentando y brindando enseñanza a una nueva generación llena de pasión. Esta es su nueva familia, cada uno de los estudiantes de la Univalle, cada una de las personas con las cuales comparte en los espacios.


Al igual que a muchas personas, ella ha sido victima de la brutalidad de la policía y el escuadrón anti disturbios. En el primer día de movilización nacional, la tumbaron del carro en el cual se moviliza y por el golpe perdió varias muelas. Inmediatamente un hombre fue a socorrerla y a este le dispararon en la espalda. Esto generó gran conmoción entre los manifestantes y muchas personas se solidarizaron con ella. Hicieron varios actos para ayudarle a recuperarse y un mural en honor a su lucha y su resistencia.



(Doña Colombia en el marco de las movilizaciones del 28 de Abril, Cali, 2021) Foto por: Luis Carlos Ayala


Detesta el abuso de la fuerza pública, lo considera como un acto ridículo que queda absolutamente mal ante los ojos del mundo. Le duele su patria y como gran parte de los efectivos del ESMAD para ella, día tras día, en lo único que piensan es en matar a su propio pueblo sin distinción alguna.


Por eso, recuerda todos los días a sus compañeros: Jhonny Silva, Katherine Soto y William Ortiz. Los lleva siempre presente, por ellos y muchos más no lleva una vida de silencio ni tranquilidad. Ve en esta nueva generación la esperanza y considera que no debe quedar en vano todo por lo que se ha luchado. Permanece combativa desde las ideas y su voz.


Su lucha es por un país mucho más cívico, humano, lleno de valores, en donde la educación sea un pilar fundamental. Al igual, sueña con un país en donde todos puedan acceder a una educación de calidad. Reconoce que hay varias formas de hacerlo, pero esos procesos se deben abrir a la gente y que esta misma esté interesada. Sueña con una vida digna, en donde se fortalezca el sistema de salud. Así mismo, lucha en contra de la desnutrición, apoya firmemente la soberanía alimentaria.


Es una dura y firme crítica de las iglesias y en como manejan las finanzas al igual que el gobierno, dejando morir a las personas. En donde se prefiere invertir en camionetas o en prostíbulos antes que en una vida digna para cada una de las personas.



(Doña Colombia en el marco de las movilizaciones del 28 de abril, Cali, 2021)

Foto por: Luis Carlos Ayala


Terminamos nuestra entrevista, se despidió con una gran sonrisa y yo quedé asombrado de todo lo que se escondía detrás de su apariencia, lo vital que ha sido para el movimiento estudiantil de la Univalle y, sobre todo, como sigue trabajando aún cuando le falla tanto la columna. Siempre se le ve con un muy buen ánimo, habla de una forma descomplicada y con un gran amor hacia su familia Univalluna. Vive sola, por eso pasa más tiempo en cada uno de los puntos de resistencia, así se siente acompañada y útil. Es la mamá, abuela de todos.


Seguí mi camino al igual que los demás, pero siempre pensando en ella y en cuanto se necesitaban personas de su talla en medio de tanto caos para esclarecer el camino y compartir saberes frente a cómo continuar o cómo proceder en las distintas situaciones de la vida y los contextos.


En mi quedó marcado lo importante que son personas que muchas veces pasamos por desapercibidas. Los otros, los invisibles, los olvidados. Esas personas que siguen haciendo de todo con nada. Esas que acogen a los demás como si fueran hijos propios y comparten como familia. Esas que enseñan e impactan por medio de un tropiezo. Esas que se siguen superando sin importar la edad, que siguen sintiendo como si estuvieran en la flor de la juventud.


Esa que se apropia de Colombia como si fuera su apellido.


*Erlinton Santiago Artunduaga es estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Surcolombiana y ha participado en distintos espacios de liderazgo estudiantil.


LA GUACHAFITA