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Divier y Ana María: dos rostros de la masacre perpetrada por el Ejército en El Alto Remanso

Por Jacobo Quintero y Brandon Ortiz

Foto: Divier Hernández y su esposa Ana María Sarria/ Imágenes de El Alto Remanso


Nos unimos a los demás medios de comunicación que retoman los hechos ocurridos en Puerto Leguízamo-Putumayo, en los que civiles fueron asesinados por las FFAA. Este artículo, más que reconstruir el minuto a minuto de lo ocurrido, pretende dejar de lado los detalles que revictimizan a aquellas personas fallecidas y sus familias. Por el contrario, queremos revivir la memoria de campesinas y campesinos que hoy no acompañan esta tierra. Este queremos que sea un homenaje, una reconstrucción de su humanidad, un llamado de atención para estar del lado de la verdad. Sin recursos económicos, con independencia y respeto por las víctimas, escribimos esta historia.


Divier Hernández se dedicaba a trabajar la tierra y construir sobre ella. Estaba casado con Ana María Sarria, quien pertenecía a la iglesia Pentecostal y se dedicaba a las labores del hogar y, aunque no iba con sus costumbres, ayudaba en la junta de acción comunal de su territorio, así como en los bazares que esta organizaba. Junto con sus dos hijos de 3 y 6 años, por invitación del padre de Divier, se trasladaron a vivir a un pedazo de tierra propio en la vereda Alto Remanso, municipio de Puerto Leguízamo-Putumayo.


Allí Divier trabajaba con plátanos, pescaba de vez en cuando -aunque no era de su agrado-, ejercía la carpintería con su suegro y construían casas en madera para vecinos. Además de ello, debido a su honradez, carisma, liderazgo y habilidades comunicativas, la comunidad lo eligió como presidente de la Junta de Acción Comunal.


Como es costumbre en la zona, las diferentes veredas organizan bazares para recaudar fondos. Estos fondos se destinan a comprar motores, arreglar caminos, hacer placas, entre otras obras que suelen garantizar condiciones dignas para las comunidades, garantías que debería brindar el Estado, especialmente con las regiones apartadas. El fin de semana del 26, 27 y 28 de marzo, le correspondió a la vereda El Alto Remanso desarrollar dicho evento. Allí hubo un torneo de fútbol, así como espacios de esparcimiento para que las personas aportaran al desarrollo de obras mientras pasaban un buen rato.


Ese sábado lxs asistentes empezaron a llegar sobre las 6-7 am. Sobre el mediodía empezó el esperado torneo de fútbol, extendiéndose hasta la 1 de la madrugada del domingo. Este domingo era el día de la gran final, la cual se jugó en paz. Este partido dio paso a festejar en la caseta que quedaba al lado de la cancha. Allí se tomó cerveza, se bailó y se escuchó música hasta altas horas de la madrugada.


Imágenes a las que tuvimos acceso, demuestran el escenario de fiesta y alegría que se vivía en aquel momento en la región. Fiestas que suelen mezclarse con tragos, peleas de gallos, fútbol y comida.

El lunes 28 el papá de Divier tomó camino en su lancha para llegar a la cancha de la vereda. Se reunió con su hijo e hicieron las cuentas de lo recaudado, que según el padre ascendió a un total de $10.500.000 pesos. Divier invitó a su papá a desayunar, pero este le dijo que iba a casa y más rato volvía.


Divier y Ana María fueron asesinados el 28 de marzo sobre las 7:00 a.m. en una operación en la que personas armadas que vestían de negro asesinaron, hirieron y aprehendieron a más habitantes de El Alto Remanso. Después de ejecutadas estas acciones, llegaron helicópteros de las FF.AA, de los cuales descendieron soldados y ascendieron verdugos.


Las poderosas montañas de la zona, que suelen ser de paz y tranquilidad, presenciaron una masacre. Como en los viejos tiempos del paramilitarismo en Colombia, en El Alto Remanso las personas fueron apartadas de sus viviendas y retenidas. Según nos cuentan, fueron llevados al polideportivo y obligados a permanecer sentados sin poder mirar a los hombres de negro. Después de permanecer en la zona a su gusto, pudiendo haber manipulado o modificado las escenas, los hombres de negro fueron retirándose y a su vez fueron intercambiados por hombres “de la patria” con uniformes verdes. Las personas de la zona aseguran que las armas y fusiles les fueron puestas a los cadáveres que permanecían en el suelo.

Luego de ejecutada la masacre, las familias de aquellos asesinados fueron llegando poco a poco al enterarse de lo ocurrido. Incluso, el padre de Divier afirma que escuchó los tiros hasta su casa y por eso intentó ingresar de afán a la vereda, pero se lo impidieron. Varias de las personas también fueron aprehendidas y mostradas como capturas. Entre ellas, narran que hubo una mujer en estado de embarazo, a quien capturaron pero luego dejaron en libertad. Hasta ahora, las Fuerzas Armadas no se han retractado sobre el número de capturados. Sin embargo, la Fiscalía reconoció en un comunicado que el Ejército no ha realizado ninguna captura hasta el momento.


Los padres, hijos, familias y amigos comenzaron a identificar y reconocer los cuerpos de sus cercanos. Luego, las familias, padres, madres, hijos y amigos tuvieron que enfrentarse a los pronunciamientos mediáticos: el presidente de la república, el ministro de defensa, los altos mandos de las FF.AA y los noticieros, presentaban a Divier, Ana Maria y las otras 9 personas asesinadas como integrantes de las disidencias de las FARC.


¿Qué pasará con la justicia para estos asesinatos presentados como victoria? ¿Qué pasó con el dinero recogido a raíz del bazar y que le fue quitado a la comunidad? ¿Quiénes fueron los militares detrás de la orden para asesinar? Son muchas más las preguntas que quedan por responder después de este hecho. Por ahora, El Alto Remanso espera que sus versiones sean escuchadas con dignidad, y desde el periodismo independiente estaremos del lado de la verdad, de la información y de las víctimas.


Jacobo Quintero es bogotano de familia huilense, fotógrafo documental y abogado de la Fundación Universitaria Navarra. Creador y exintegrante del semillero de investigación “Esmeralda Arboleda”. Ha colaborado a nivel periodístico con la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad en representación del Portal La Gaitana.


Brandon Ortiz es editor general de La Gaitana Periodismo Independiente. Fue director del programa de radio “Café y Charlemos”, así como ha participado a lo largo de su vida en espacios de participación cooperativa y economía solidaria. Ha escrito distintos artículos de reportaje, crónica y entrevista para diferentes medios de comunicación.



LA GUACHAFITA