• Luis Fernando Pacheco G.

DICTADURA SE ESCRIBE CON “D” DE DANIEL (II)

Por: Luis Fernando Pacheco Gutiérrez *


Protestas en las calles de Managua contra el régimen en abril de 2018. Fuente: Jorge Cabrera, Agencia Reuters.

En nuestra primera entrega abordamos los preludios de Daniel Ortega en el poder y su primera etapa. Es importante detenernos en cómo el caudillo popular de otrora fue tomando visos de un autócrata sin mayor respeto por las libertades.


En la segunda etapa de Ortega, previo a las elecciones de 2010, la interpretación de la Corte Suprema de Justicia sobre el texto constitucional abrió el camino para un proceso de reelección que permitió que progresivamente el partido de gobierno fuera acaparando cargos, destituyendo o persiguiendo a enemigos políticos y levantando colectivos ciudadanos dispuestos a defender el régimen a como dé lugar.


Para entonces la década de los altos precios de las materias primas había terminado y buena parte de sus vecinos perdían elecciones o se daban sucesiones como la del chavismo. Ortega empezaba a perder aliados y utilizaba la creación de enemigos como un distractor (como Colombia, con quien adelanta un conflicto marítimo ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya).


En ese marco se suscitaron las violentas represiones contra ciudadanos que en 2018 llegaron a ser autoras de por lo menos 300 muertes (las cifras no están claras aún), confrontaciones públicas violentas (como un ataque violento contra la Catedral de Managua en 2020 como una advertencia a la iglesia católica sobre las consecuencias de su posición contra el matrimonio presidencial). De hecho, meses después del suceso, el Vaticano trasladó al obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, un reconocido líder anti-Ortega con más de 188.000 seguidores en Twitter.


En 2019, tras la muerte por causas naturales del poeta Cardenal, su funeral se convirtió en otro escenario de disputa por el liderazgo de la representación popular, pero a través de la fuerza. Grupos ciudadanos pro-gobierno interrumpieron en los funerales del escritor y las imágenes transmitidas por la prensa fueron de prestigiosos líderes de la cultura nicaragüense protegiendo el féretro en medio de una tensa situación en la cual las fuerzas del orden no intervinieron.


Este último periodo (2020-2021), que curiosamente coincide con la pandemia del COVID-19, se caracterizó por la reconfiguración de liderazgos naturales en contra del régimen de Ortega. Al desaparecido Ernesto Cardenal y al mencionado Obispo Báez se sumaban figuras de las letras como la escritora feminista Gioconda Belli o el antiguo líder político del sandinismo, hoy hombre de letras, Sergio Ramírez. Ello solo por mencionar a las figuras más reconocidas, pero entendiendo como liderazgos estudiantiles, sindicales y gremiales se convirtieron en voces contra el autoritarismo del dúo Ortega-Murillo.


Las persecuciones no se hicieron esperar: el próximo 7 de noviembre se realizarán elecciones generales en Nicaragua y siete de los candidatos se encuentran detenidos a órdenes del gobierno sin acusaciones claras o las mínimas garantías procesales. Entre ellos destacan Cristiana Chamorro, hija de la expresidenta -hoy en retiro por un notorio deterioro en su salud-, y probablemente la más probable sucesora de Ortega, de haber garantías electorales. Dos candidatos más se autoexiliaron como alternativa mixta de protección y denuncia.


A ellos se suman periodistas, líderes sindicales, activistas y un cierre de medios de comunicación que recuerda vívidamente las épocas de Somoza y la censura a diarios como La Prensa, perteneciente a la familia Chamorro. Ningún organismo con prestigio espera unas elecciones limpias en noviembre próximo sino un recrudecimiento del régimen.


Lo más paradójico de la situación resulta ser que pese al deterioro de la institucionalidad en los últimos años, nada parece invertir la tendencia. Pese a intervenciones como la del presidente uruguayo Luis Lacalle en la pasada Cumbre de la CELAC en septiembre pasado o el llamado a consultas del Embajador de Colombia en Nicaragua, en realidad el vecindario observa impávido como la dictadura avanza y arrasa con la prensa libre, los opositores, los líderes culturales y todo aquel que represente una amenaza contra el matrimonio Ortega-Murillo.


A diferencia de Europa, Latinoamérica parece ser una región que elige el tímido silencio ante el avance de las autocracias en la región. Parece que las crisis de las décadas de los 60, 70 y 80 no fueron lecciones suficientes para el aprendizaje colectivo como región. Como ya mencionábamos, es ampliamente probable que en noviembre próximo Ortega y Murillo se reelijan sin mayor dificultad por cuarta vez con los aplausos de López Obrador en México, Maduro en Venezuela y Castillo en Perú, los más tenues apoyos de Alberto Fernández en Argentina y Luis Mesa en Bolivia y el silencio impávido de los demás. Mientras ello ocurre, el respeto a las libertades se erosiona progresivamente, los perseguidos, detenidos ilegalmente y exiliados aumenta y las cifras de muertos y desaparecidos se pierde en medio de la ausencia de fuentes oficiales y justicia eficaz.


Los héroes y villanos eternos solo existen en los cuentos infantiles: la sed por el poder y la egolatría promueven autocracias que migran a dictaduras pese a haberlas combatido un día. El silencio cómplice por afinidad ideológica es tan peligroso como estúpido; mientras tanto, son miles de nicaragüenses los que “ponen el pecho” por las libertades arrebatadas hoy, irónicamente, por el régimen que hace varias décadas los liberó.


En las cartillas de la historia latinoamericana, en Nicaragua la dictadura se escribe con “D” de Daniel.


Conflicto de intereses: El autor no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico/profesional/personal de su perfil.


* Luis Fernando Pacheco Gutiérrez es colombiano de nacimiento. Académico por vocación. Abogado, Especialista en Desarrollo Personal y Familiar, Egresado del Curso Superior de Defensa Nacional de la Escuela de Defensa Nacional y maestrando en Relaciones Internacionales. Ha sido docente, investigador y directivo de instituciones educativas y universidades de Colombia y Argentina. Cofundador y miembro del Comité Editorial del Portal Independiente La Gaitana.

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