• Jacobo Quintero Manchola*

Del robo y sus tipos


Foto: Obras inconclusas del estadio Guillermo Plazas Alcid. Se calcula que la reparación de la tribuna occidental asciende a los 48.000 millones de pesos, pese a que a la obra ya se le habían invertido 28.000 millones de pesos. Cortesía de El Tiempo.

“Créanme cuando digo que el robo y el hurto son la medida del progreso de un país.”

El diablo en la cruz, Ngũgĩ Wa Thiong’o


Cuando usamos palabras como “hurto”, “robo” o “ladrón”, lo primero que se nos viene a la cabeza es un joven pobre, que consume sustancias psicoactivas que, junto a otro joven de similares características, rondan las calles en su motocicleta buscando a quien quitarle sus pertenencias. Más allá de entrar a discutir los múltiples prejuicios y estereotipos de ese “ideal” de ladrón, creo que como ciudadanos debemos entender que esta no es la única ni más peligrosa forma de robo.


Cuando los empresarios acaparan, evaden impuestos, especulan o alteran los precios de productos de primera necesidad, están robando.


Cuando “escuelas de trading” ofrecen falsas expectativas de ganancias a partir de “pequeñas inversiones”, están robando.


Cuando empresas de corretaje de valores administran de manera irresponsable los aportes de los inversionistas, desvían dineros o falsifican documentos para “ganar” más, están robando.


Cuando los bancos y sus dueños cobran por cada transacción o por manejar la cuenta de ahorros o cualquier producto que se tenga con ellos; cuando usan empresas fantasmas en el exterior o paraísos fiscales para no pagar los impuestos debidos, están robando.


Cuando los proponentes de obras públicas dan dinero para ganar las licitaciones, destinan menos recursos para la obra, la construyen mal o simplemente no la hacen, están robando.


Cuando los políticos cobran coimas, se apropian de bienes públicos, favorecen a sus amigos e intereses particulares, están robando.


Sin embargo, la única actividad que está calificada como hurto en nuestro ordenamiento jurídico es la del estereotipo. Las demás actividades de robo aparecen como peculado, estafa, acaparamiento, especulación, agiotaje y otras palabras sofisticadas que quizás no entendamos. Lo anterior no resulta siendo una casualidad ni mucho menos, pues debemos entender que las leyes tienen como fin regular la conducta individual y social.


Si como sociedad no nos proponemos rechazar todo tipo de robos, sobre todo aquellos que lo único que buscan es mantener el estado actual de las cosas, estando donde ellos siempre ganarán más y nosotros tendremos menos, nunca podremos crecer como sociedad.


Recodemos siempre que aquellas personas con el poder político y económico creen que eliminar de un país el robo y el hurto es acabar con el progreso.


Por último, invito a que no llamemos a la limpieza social, al linchamiento u otras formas ilegales de control social a la delincuencia, eso no aporta a la solución del problema, solo lo profundiza.


* Estudiante de último semestre de derecho. Fundación Universitaria Navarra.


Nota: al momento de redactar la presente columna de opinión no tengo ningún conflicto de interés.



LA GUACHAFITA