• Rodrigo Silva Vargas*

Âżđ•đąđŻđąđšÌ đžđ„ đĄđšđŠđ›đ«đž đŠđšÌđŹ 𝐚𝐧𝐭𝐱𝐠𝐼𝐹 đđžđ„ 𝐩𝐼𝐧𝐝𝐹 𝐞𝐧 đžđ„ đ‡đźđąđ„đš?


Imagen: CortesĂ­a del autor


Esta historia (¿prehistoria?) empezó a escribirse hace casi 65 años, el 17 de julio de 1956. En tal fecha, un campesino huilense de nombre Juan de Dios Falla se presentó en el Museo del Instituto Geológico Nacional en Bogotå, para manifestar que en su finca, sobre la desembocadura de la quebrada de Majo en el río Magdalena, en Garzón, había encontrado una tumba con un extraño cråneo humano junto con huesos de mastodonte, muelas de megaterio y varios artefactos primitivos de ópalo.


SegĂșn el relato de Falla, el crĂĄneo humano tenĂ­a la cara dirigida hacia arriba; la frente era baja, fuertemente inclinada y provista de arcadas supraorbitales fuertes. Encima de la calavera estaban cruzadas dos diĂĄfisis de huesos humanos largos y todo estaba rodeado por cinco fragmentos irregulares de Ăłpalo del tamaño de una nuez, como formando un semicĂ­rculo o “corona”, y muy cerca habĂ­a fragmentos de costilla de megaterio, una fila con pedazos de Ăłpalo que alternaban con los huesos y una placa de cerĂĄmica cruda, plana, de un centĂ­metro de espesor y del tamaño de la palma de una mano.


El hallazgo del señor Falla tiene un antecedente fantåstico: 30 años atrås, cuando todavía era un muchacho, al anochecer había observado sobre la llamada colina La Cruz, una luz azul que apareció entre la maleza. Ante la creencia de una guaca con tesoros escondidos o enterrados, nunca olvidó la aparición, por lo que a finales de 1955 resolvió excavar el lugar que, al parecer, ya había sido saqueado. Tomó los restos humanos y animales, mas las piezas de ópalo y ceråmica, y las llevó a su casa con el fin de presentarlas ante las autoridades. Pero lamentó que durante al transporte a su vivienda los huesos humanos se hicieron polvo.


El paleontĂłlogo jefe del Instituto GeolĂłgico Nacional, adscrito al Ministerio de Minas y PetrĂłleos, el mundialmente reconocido profesor Hans BĂŒrgl (nacido en Viena, Austria -1907- y fallecido en BogotĂĄ en 1966), de inmediato le mostrĂł a Falla unos libros con fotos de crĂĄneos humanos para que tratase de identificar al que pareciera ser el Hombre de GarzĂłn. En su informe escribiĂł que Juan de Dios “*𝑆𝑖𝑛 𝑡𝑖𝑡𝑱𝑏𝑒𝑜𝑠 đ‘Ÿđ‘’đ‘â„Žđ‘Žđ‘§đ‘œÌ 𝑙𝑎 đ‘šđ‘Žđ‘Šđ‘œđ‘Ÿđ‘–Ìđ‘Ž 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑖𝑙𝑱𝑠𝑡𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑩 đ‘ đ‘’đ‘›Ìƒđ‘Žđ‘™đ‘œÌ 𝑒𝑙 đ‘đ‘Ÿđ‘ŽÌđ‘›đ‘’đ‘œ 𝑑𝑒 đ¶â„Žđ‘Žđ‘đ‘’đ‘™đ‘™đ‘’ đ‘Žđ‘ąđ‘„ 𝑆𝑎𝑖𝑛𝑡𝑠 (𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑣𝑖𝑠𝑡𝑎 𝑙𝑎𝑡𝑒𝑟𝑎𝑙 𝑩 𝑓𝑟𝑜𝑛𝑡𝑎𝑙) 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑒𝑙 đ‘šđ‘ŽÌđ‘  𝑝𝑎𝑟𝑒𝑐𝑖𝑑𝑜 𝑎𝑙 đ‘đ‘Ÿđ‘ŽÌđ‘›đ‘’đ‘œ 𝑑𝑒 đșđ‘Žđ‘Ÿđ‘§đ‘œÌđ‘›*” (pĂĄgina 6 de su informe). Se refiere al esqueleto hallado en Francia en 1908 y que segĂșn las investigaciones es el resto humano mĂĄs antiguo, de mĂĄs de 60 mil años, del llamado hombre de Neanderthal.


CorrĂ­an los tiempos de lo que llaman la Dictadura de Rojas Pinilla, cuando el Estado era mĂĄs eficiente que el moderno. RĂĄpidamente el doctor BĂŒrgl consiguiĂł que el Ministerio autorizara una visita a la tumba de GarzĂłn, con una comisiĂłn que encabezĂł e iniciĂł su trabajo el 13 de agosto siguiente. Es decir 26 dĂ­as despuĂ©s de conocer la noticia, ya estaba excavando la tumba del sector Balseadero-Barsal.


Durante una semana el profesor BĂŒrgl y su equipo recolectaron la informaciĂłn y los elementos correspondientes, tomaron fotografĂ­as, hicieron topografĂ­a y cartografĂ­a, estudiaron las capas geolĂłgicas de la regiĂłn y regresaron a BogotĂĄ con el material recaudado como un valioso tesoro para la ciencia universal.


đ„đ„ đąđ§đŸđšđ«đŠđž đđžđ„ đđšđœđ­đšđ« đđźÌˆđ«đ đ„


En el mismo mes de agosto de 1956 el profesor BĂŒrgl entregĂł su informe mecanografiado en 20 pĂĄginas y ocho planchas en la que ademĂĄs inserta 12 fotografĂ­as originales. Lo registrĂł como Informe nĂșmero 1185 con el tĂ­tulo “𝑈𝑛𝑎 𝑡𝑱𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒𝑙 đ‘đ‘Žđ‘™đ‘’đ‘œđ‘™đ‘–Ìđ‘Ąđ‘–đ‘đ‘œ 𝑎𝑛𝑡𝑖𝑔𝑱𝑜 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑚𝑱𝑛𝑖𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜 𝑑𝑒 đșđ‘Žđ‘Ÿđ‘§đ‘œÌđ‘›, đ·đ‘đ‘Ąđ‘œ. 𝑑𝑒𝑙 đ»đ‘ąđ‘–đ‘™đ‘Ž. Quien escribe estas lĂ­neas tiene una copia al carbĂłn del preciado documento, con las fotografĂ­as originales, gracias a que alguna vez lo obtuvo RosalĂ­a Silva Poveda y lo cediĂł a mi hermana Maritza considerando que podrĂ­a tener algĂșn interĂ©s para futuras generaciones. A esas generaciones que tal vez no conocieron las mĂĄquinas de escribir les cuento que una “copia al carbĂłn” se refiere a que al escribirse un documento se le agregaban dos o tres hojas adicionales entre las cuales iba una delgada hoja negra (o azul) que permitĂ­a hacer la copia inmediata de lo que se tecleaba en la mĂĄquina.


Imagen: CortesĂ­a del autor


Tras las aclaraciones anteriores digamos que el profesor BĂŒrgl inicia su informe con un resumen en castellano, inglĂ©s y alemĂĄn en los siguientes tĂ©rminos:


“𝐾𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑒 đ‘Žđ‘Ÿđ‘Ąđ‘–Ìđ‘đ‘ąđ‘™đ‘œ, 𝑠𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑟𝑖𝑏𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑱𝑏𝑟𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑩 𝑙𝑎 đ‘’đ‘„đ‘đ‘Žđ‘Łđ‘Žđ‘đ‘–đ‘œÌđ‘› 𝑑𝑒 𝑱𝑛𝑎 𝑡𝑱𝑚𝑏𝑎 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑀𝑱𝑛𝑖𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜 𝑑𝑒 đșđ‘Žđ‘Ÿđ‘§đ‘œÌđ‘›, đ·đ‘’đ‘đ‘Žđ‘Ÿđ‘Ąđ‘Žđ‘šđ‘’đ‘›đ‘Ąđ‘œ 𝑑𝑒𝑙 đ»đ‘ąđ‘–đ‘™đ‘Ž. 𝐿𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 đ‘”đ‘’đ‘œđ‘™đ‘œÌđ‘”đ‘–đ‘đ‘Žđ‘  𝑖𝑛𝑑𝑖𝑐𝑎𝑛 𝑞𝑱𝑒 𝑙𝑎 𝑡𝑱𝑚𝑏𝑎 𝑝𝑱𝑑𝑜 ℎ𝑎𝑏𝑒𝑟 𝑠𝑖𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑱𝑖𝑑𝑎 𝑒𝑛 𝑱𝑛 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑎𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑟𝑖𝑜𝑑𝑜 𝑔𝑙𝑎𝑐𝑖𝑎𝑙 𝑅𝑖𝑠𝑠. đ¶đ‘œđ‘›đ‘Ąđ‘’đ‘›đ‘–Ìđ‘Ž ℎ𝑱𝑒𝑠𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑀𝑒𝑔𝑎𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜, 𝑱𝑛 𝑚𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑠𝑡𝑜𝑑𝑜𝑛𝑡𝑒 𝑩 𝑎𝑟𝑡𝑒𝑓𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑚𝑱𝑩 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑖𝑡𝑖𝑣𝑜𝑠 𝑞𝑱𝑒 𝑠𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑒𝑐𝑒𝑛 đ‘šđ‘ŽÌđ‘  𝑎 𝑙𝑜𝑠 “𝑐ℎ𝑜𝑝𝑝𝑖𝑛𝑔 𝑡𝑜𝑜𝑙𝑠” 𝑑𝑒 𝐮𝑠𝑖𝑎 𝑩 𝐮𝑓𝑟𝑖𝑐𝑎 𝑂𝑟𝑖𝑒𝑛𝑡𝑎𝑙 𝑩 𝑀𝑒𝑟𝑖𝑑𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙. 𝑃𝑎𝑟𝑒𝑐𝑒, 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑜 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜, 𝑞𝑱𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑡𝑱𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒 đșđ‘Žđ‘Ÿđ‘§đ‘œÌđ‘› 𝑟𝑒𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜 đ‘šđ‘ŽÌđ‘  𝑎𝑛𝑡𝑖𝑔𝑱𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 đ‘’đ‘„đ‘–đ‘ đ‘Ąđ‘’đ‘›đ‘đ‘–đ‘Ž 𝑑𝑒𝑙 ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑛 đŽđ‘šđ‘’Ìđ‘Ÿđ‘–đ‘đ‘Ž 𝑑𝑒 𝑞𝑱𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑒𝑚𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 ℎ𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑙𝑎 𝑓𝑒𝑐ℎ𝑎”.


Anotemos que, segĂșn los cientĂ­ficos, el periodo glacial Riss ocurriĂł en el pleistoceno, comenzando hace 200 mil años y terminando hace 140 mil años, mientras que los chopping tools se refieren a los instrumentos mĂĄs antiguos fabricados por el hombre del paleolĂ­tico a partir de tallar piedras para usos como cortar, raspar y partir o golpear.


SegĂșn el profesor BĂŒrgl (pĂĄgina 15 de su informe), posiblemente en el tiempo de la cultura agustiniana los hombres abrieron la tumba paleolĂ­tica y destruyeron el esqueleto enterrado, dejando el crĂĄneo y dos huesos largos en un nicho, mientras que, siglos despuĂ©s, otros guaqueros que escucharon hablar del hallazgo del señor Falla, tambiĂ©n excavaron en los alrededores.


DespuĂ©s del intenso trabajo, la comisiĂłn encabezada por el doctor BĂŒrgl sacĂł las siguientes conclusiones:


“𝐿𝑜𝑠 𝑎𝑟𝑡𝑒𝑓𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 đșđ‘Žđ‘Ÿđ‘§đ‘œÌđ‘› 𝑠𝑜𝑛 đ‘šđ‘ŽÌđ‘  𝑝𝑟𝑖𝑚𝑖𝑡𝑖𝑣𝑜𝑠 𝑞𝑱𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑙 đ»đ‘œđ‘šđ‘œ 𝑁𝑒𝑎𝑛𝑑𝑒𝑟𝑡ℎ𝑎𝑙𝑒𝑛𝑠𝑖𝑠 (đ»đ‘œđ‘šđ‘đ‘Ÿđ‘’ 𝑑𝑒 𝑁𝑒𝑎𝑛𝑑𝑒𝑟𝑡ℎ𝑎𝑙), 𝑞𝑱𝑒 đ‘đ‘œđ‘đ‘™đ‘œÌ 𝑎 𝐾𝑱𝑟𝑜𝑝𝑎 𝑩 𝑙𝑜𝑠 𝑜𝑡𝑟𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑖𝑛𝑒𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑉𝑖𝑒𝑗𝑜 𝑀𝑱𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑱𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑠𝑠-đ‘Šđ‘ąÌˆđ‘Ÿđ‘š đŒđ‘›đ‘Ąđ‘’đ‘Ÿđ‘”đ‘™đ‘Žđ‘đ‘–đ‘Žđ‘™ 𝑩 𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 đ‘Šđ‘ąÌˆđ‘Ÿđ‘š-đș𝑙𝑎𝑐𝑖𝑎𝑙. 𝐮𝑝𝑎𝑟𝑒𝑛𝑡𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑠𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑜𝑑𝑱𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑱𝑛 𝑠𝑒𝑟 ℎ𝑱𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑎𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑎𝑙 ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑑𝑒 𝑁𝑒𝑎𝑛𝑑𝑒𝑟𝑡ℎ𝑎𝑙, 𝑒𝑠 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑟 𝑑𝑒𝑙 𝑔𝑟𝑱𝑝𝑜 𝑃𝑖𝑡ℎ𝑒𝑐𝑎𝑛𝑡ℎ𝑡𝑜𝑝𝑱𝑠 𝑒𝑛 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜 𝑎𝑚𝑝𝑙𝑖𝑜.

𝐿𝑎 đ‘ đ‘–đ‘Ąđ‘ąđ‘Žđ‘đ‘–đ‘œÌđ‘› đ‘”đ‘’đ‘œđ‘™đ‘œÌđ‘”đ‘–đ‘đ‘Ž 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑡𝑱𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒 đșđ‘Žđ‘Ÿđ‘§đ‘œÌđ‘›, 𝑞𝑱𝑒 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑐𝑎 𝑱𝑛𝑎 𝑒𝑑𝑎𝑑 𝑝𝑟𝑒-𝑅𝑖𝑠𝑠, đ‘’đ‘ đ‘Ąđ‘ŽÌ 𝑑𝑒 𝑎𝑐𝑱𝑒𝑟𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑟𝑒𝑠𝑱𝑙𝑡𝑎𝑑𝑜.

L𝑜𝑠 𝑑𝑎𝑡𝑜𝑠 đ‘”đ‘’đ‘œđ‘™đ‘œÌđ‘”đ‘–đ‘đ‘œđ‘  𝑩 đ‘đ‘Ÿđ‘’â„Žđ‘–đ‘ đ‘Ąđ‘œÌđ‘Ÿđ‘–đ‘đ‘œđ‘  𝑖𝑛𝑑𝑱𝑐𝑒𝑛 𝑎 𝑙𝑎 đ‘đ‘œđ‘›đ‘đ‘™đ‘ąđ‘ đ‘–đ‘œÌđ‘› 𝑑𝑒 𝑞𝑱𝑒 đ‘†đ‘ąđ‘Ÿđ‘Žđ‘šđ‘’Ìđ‘Ÿđ‘–đ‘đ‘Ž 𝑒𝑠𝑡𝑱𝑣𝑜 𝑝𝑜𝑏𝑙𝑎𝑑𝑎 𝑩𝑎 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑑𝑒 𝑃𝑙𝑒𝑖𝑠𝑡𝑜𝑐𝑒𝑛𝑜 𝑀𝑒𝑑𝑖𝑜 𝑝𝑜𝑟 ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒𝑠, 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑎𝑏𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒𝑙 𝑔𝑟𝑱𝑝𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑃𝑖𝑡ℎ𝑒𝑐𝑎𝑛𝑡ℎ𝑟𝑜𝑝𝑱𝑠.

𝐿𝑎 𝑡𝑱𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒 đșđ‘Žđ‘Ÿđ‘§đ‘œÌđ‘› 𝑩 𝑙𝑜𝑠 𝑎𝑟𝑡𝑒𝑓𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑞𝑱𝑒 đ‘đ‘œđ‘›đ‘Ąđ‘’đ‘›đ‘–Ìđ‘Ž, đ‘đ‘œđ‘‘đ‘Ÿđ‘–Ìđ‘Žđ‘› 𝑟𝑒𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟, 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑜 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜, 𝑙𝑜𝑠 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜𝑠 đ‘šđ‘ŽÌđ‘  𝑎𝑛𝑡𝑖𝑔𝑱𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑑𝑒𝑙 ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑛 đŽđ‘šđ‘’Ìđ‘Ÿđ‘–đ‘đ‘Ž.


Imagen: CortesĂ­a del autor


𝐇𝐚𝐜𝐱𝐚 đžđ„ đšđ„đŻđąđđš đČ đ„đš đđžđŹđ­đ«đźđœđœđąđšÌđ§


Al año siguiente, 1957, el doctor BĂŒrgl publicĂł en la Revista Colombiana de AntropologĂ­a (Volumen 6, pĂĄginas 7-29) un artĂ­culo titulado “𝐮𝑟𝑡𝑒𝑓𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 đ‘đ‘Žđ‘™đ‘’đ‘œđ‘™đ‘–Ìđ‘Ąđ‘–đ‘đ‘œđ‘  𝑑𝑒 𝑱𝑛𝑎 𝑡𝑱𝑚𝑏𝑎 𝑒𝑛 đșđ‘Žđ‘Ÿđ‘§đ‘œÌđ‘›, đ»đ‘ąđ‘–đ‘™đ‘Žâ€. ContenĂ­a 11 lĂĄminas que incluyen copia de las fotos entregadas en su informe oficial, mas otras que reseñó como los elementos recolectados en el sitio (marcadas con el cĂłdigo HB, mientras las recogidas por Juan de Dios Falla las codificĂł como JDF. (El texto puede consultarse tambiĂ©n en https://revistas.icanh.gov.co/.../rca/article/view/1789/1350).


Dicho artículo en el fondo es similar al del informe original, con ligeros cambios en el orden. Pero no habla de los restos humanos ni de la identificación que del cráneo hizo Falla a partir de fotografías de otros lugares del mundo. Es decir, se centra solo en los elementos que identificó como elaborados por el hombre en lo que se atreve a llamar “𝑛𝑖𝑣𝑒𝑙 𝑐𝑱𝑙𝑡𝑱𝑟𝑎𝑙 𝑔𝑎𝑟𝑧𝑜𝑛𝑖𝑎𝑛𝑜”.


En aquellos tiempos Colombia no estaba para estudiar huesos humanos o de mastodontes o de megaterios. La clase polĂ­tica estaba empeñada en tumbar la dictadura para repartirse el botĂ­n burocrĂĄtico entre los dos partidos que desde años atrĂĄs estaban repartiendo bala a diestra y siniestra. CayĂł el dictador y se creĂł el Frente Nacional, en el que no cabĂ­a el doctor Hans BĂŒrgl, pues no era liberal ni conservador por ser extranjero. Sus investigaciones quedaron en informes como el que poseo en copia al carbĂłn.


đ‡đšđ„đ„đšđłđ đšđŹ 𝐝𝐞 đšđ­đ«đš đœđšđŠđ©đžđŹđąđ§đš


Cuarenta y cinco años después, en 2001, un poco mås al sur de la guaca que deslumbró a Falla, un joven campesino del Balseadero que trabajaba la tierra que fue de sus abuelos y de sus bisabuelos (finca La Providencia), comenzó a encontrar huesos humanos y animales y utensilios antiguos en ceråmica y piedra, entre ellos algunas estatuas muy similares a las de San Agustín pero en pequeño, entre 60 y 80 centímetros de altura, parecidas a las del complejo de Lavapatas. No solo comenzó a recolectarlas sino a comentar con sus vecinos que también encontraron, en sus labores agrícolas, piezas arqueológicas en la zona vecina de Guacanas y, sobre la margen izquierda del río Magdalena en el sector de La Escalereta, perteneciente al municipio de Agrado, donde se desarrollaba uno de los pocos experimentos de reforma agraria con producción y propiedad colectiva, es decir de los usuarios.


Ese joven campesino, de nombre HĂ©ctor FabiĂĄn Naranjo FernĂĄndez, acopiĂł mĂĄs de mil piezas arqueolĂłgicas, entre ellas varias que analizadas con el radiocarbono, datan desde el año mil antes de Cristo hasta el cien de nuestra era, como una maĂ­z fosilizado encontrado en Guacanas. Con ese tesoro para la humanidad, HĂ©ctor FabiĂĄn denunciĂł ante la supuesta autoridad estatal, que ya no era el Instituto GeolĂłgico Nacional sino un Ăłrgano inĂștil y politizado llamado Instituto Colombiano de AntropologĂ­a e Historia (Icanh), que poco o ningĂșn interĂ©s prestĂł al asunto, excepto el que le entregaran un registro constando los hallazgos.


En 2004 la gobernaciĂłn del Huila quiso crear un museo regional y convencieron a Naranjo de entregar algunas piezas cerĂĄmicas y lĂ­ticas. Y ahĂ­ apareciĂł el Icanh para denunciar penalmente a HĂ©ctor FabiĂĄn presuntamente por usurpaciĂłn de tierras y trĂĄfico de bienes culturales. Proceso que debiĂł atender con sus escasos recursos y del cual, por fortuna, saliĂł bien librado.


Los vestigios arqueolĂłgicos fueron metidos en cajas y almacenados en una casa de GarzĂłn por un tiempo. Luego separaron los restos Ăłseos y los dejaron apilados en cajas en la Casa de Cultura de esa ciudad, sin que nadie pueda observarlos o estudiarlos. Las piezas lĂ­ticas y cerĂĄmicas fueron embaladas y, curiosamente, el Icanh en su sabidurĂ­a tomĂł una decisiĂłn insĂłlita: al denunciado supuesto usurpador y traficante HĂ©ctor FabiĂĄn le entregĂł un registro de tenencia de los materiales para que los guarde y conserve a su pecunio, es decir, sin pago alguno ni de bodegaje. En total son 648 piezas entre las cuales estĂĄ una tumba de gran estructura en piedra, una cara irregular de 30 cm que al parecer fue de la estructura de otra tumba, estatuas miniatura con rastros de pintura, ademĂĄs de manos de moler, fragmentos metĂĄlicos, lascas, desechos de tallas, hachas, buriles y rodillos.


𝐘 đ„đ„đžđ đš đ„đš 𝐬𝐞𝐠𝐼𝐧𝐝𝐚 đąđ§đŻđšđŹđąđšÌđ§ đžđŹđ©đšđ§Ìƒđšđ„đš


Pero el mås grave de los males estaba por llegar: la segunda invasión española, que ya no venía por el oro sino por el agua. Apareció la empresa Emgesa con un proyecto multicriminal llamado Represa del Quimbo. Con crímenes ambientales, sociales, económicos, culturales y, desde luego, contra esas ramas de la ciencia llamadas arqueología y paleontología. Por supuesto llegó a apoderarse y destruir el territorio, obligando a sangre y fuego al desplazamiento forzoso de los campesinos, los pescadores y la fauna endémica, ademås de la destrucción de todos los årboles en un terreno de mås de 8.500 hectåreas.


“𝑁𝑜𝑠 đ‘Ąđ‘œđ‘đ‘œÌ 𝑠𝑎𝑙𝑖𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑟𝑜𝑝𝑖𝑡𝑎 𝑑𝑒𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑟𝑎𝑧𝑜. đ‘†đ‘Žđ‘™đ‘–Ìđ‘Žđ‘šđ‘œđ‘  𝑜 đ‘ đ‘Žđ‘™đ‘–Ìđ‘Žđ‘šđ‘œđ‘  𝑑𝑒𝑙 𝑡𝑒𝑟𝑟𝑖𝑡𝑜𝑟𝑖𝑜”, me dijo Elvia, la mamĂĄ de HĂ©ctor FabiĂĄn, que es la radiografĂ­a de ese desplazamiento forzoso que sufrieron miles de campesinos que moraban en tierras con antiquĂ­simas labranzas de cacao, enormes ĂĄrboles de aguacate y al lado de reses que les surtĂ­an la leche y la carne. Es de suponer que si no importaban los humanos, mucho menos importarĂ­an las cerĂĄmicas, piedras y demĂĄs piezas arqueolĂłgicas.


De nada sirvieron las protestas y advertencias sobra la riqueza cultural. En la pĂĄgina de Emgesa por internet figura una cronologĂ­a del Quimbo en las que hay solo tres referencias sobre las tumbas, sin detalles:


1. En noviembre de 2011 “𝑓𝑱𝑒 𝑖𝑑𝑒𝑛𝑡𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑑𝑜 𝑱𝑛 ℎ𝑎𝑙𝑙𝑎𝑧𝑔𝑜 đ‘Žđ‘Ÿđ‘žđ‘ąđ‘’đ‘œđ‘™đ‘œÌđ‘”đ‘–đ‘đ‘œ 𝑓𝑜𝑟𝑡𝑱𝑖𝑡𝑜 𝑠𝑜𝑏𝑟𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑔𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎 𝑑𝑒𝑙 đ‘…đ‘–Ìđ‘œ 𝑀𝑎𝑔𝑑𝑎𝑙𝑒𝑛𝑎, 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑠𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑱𝑩𝑒 𝑙𝑎 đ¶đ‘’đ‘›đ‘Ąđ‘Ÿđ‘Žđ‘™ đ»đ‘–đ‘‘đ‘Ÿđ‘œđ‘’đ‘™đ‘’Ìđ‘đ‘Ąđ‘Ÿđ‘–đ‘đ‘Ž 𝐾𝑙 𝑄𝑱𝑖𝑚𝑏𝑜. 𝐾𝑛𝑒𝑙 - 𝐾𝑚𝑔𝑒𝑠𝑎 đ‘Ÿđ‘’đ‘đ‘œđ‘Ÿđ‘Ąđ‘œÌ 𝑑𝑖𝑐ℎ𝑜 ℎ𝑎𝑙𝑙𝑎𝑧𝑔𝑜 𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑙 đŒđ‘›đ‘ đ‘Ąđ‘–đ‘Ąđ‘ąđ‘Ąđ‘œ đ¶đ‘œđ‘™đ‘œđ‘šđ‘đ‘–đ‘Žđ‘›đ‘œ 𝑑𝑒 đŽđ‘›đ‘Ąđ‘Ÿđ‘œđ‘đ‘œđ‘™đ‘œđ‘”đ‘–Ìđ‘Ž 𝑒 đ»đ‘–đ‘ đ‘Ąđ‘œđ‘Ÿđ‘–đ‘Ž, đŒđ¶đŽđ‘đ», 𝑑𝑒 𝑎𝑐𝑱𝑒𝑟𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑏𝑙𝑒𝑐𝑖𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝐿𝑒𝑩. 𝑈𝑛𝑎 𝑣𝑒𝑧 𝑑𝑒𝑡𝑒𝑐𝑡𝑎𝑑𝑎 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑣𝑎𝑠𝑖𝑗𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 đ‘ŽÌđ‘Ÿđ‘’đ‘Ž 𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑑𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑧𝑜𝑛𝑎 𝑑𝑒 đ‘‘đ‘’đ‘đ‘œÌđ‘ đ‘–đ‘Ąđ‘œ 𝑁𝑜. 3, 𝑠𝑒 đ‘œđ‘Ÿđ‘‘đ‘’đ‘›đ‘œÌ 𝑙𝑎 đ‘ đ‘ąđ‘ đ‘đ‘’đ‘›đ‘ đ‘–đ‘œÌđ‘› 𝑖𝑛𝑚𝑒𝑑𝑖𝑎𝑡𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑙𝑎𝑏𝑜𝑟𝑒𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑱𝑐𝑡𝑖𝑣𝑎𝑠. đŽđ‘ đ‘–Ì 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜 𝑠𝑒 đ‘đ‘Ÿđ‘œđ‘đ‘’đ‘‘đ‘–đ‘œÌ 𝑎 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑟𝑐𝑎𝑟 𝑱𝑛 đ‘ŽÌđ‘Ÿđ‘’đ‘Ž 𝑑𝑒 100 𝑚𝑒𝑡𝑟𝑜𝑠 𝑐𝑱𝑎𝑑𝑟𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑎 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑑𝑜𝑛𝑑𝑎, 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑓𝑖𝑛 𝑑𝑒 𝑒𝑣𝑖𝑡𝑎𝑟 𝑚𝑜𝑣𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑠𝑱𝑒𝑙𝑜".


Es fácil imaginar la demarcación de un terreno de 100 metros cuadrados en una superficie de 8.500 hectáreas para un “hallazgo fortuito” que no explican cuál fue.


2. En enero 2013 (14 meses después), dicen que tras identificar el hallazgo suspendieron las actividades que se ejecutaban, se demarcó y aisló la zona y se estableció un programa de arqueología preventiva y un plan de manejo arqueológico con el fin de proteger el patrimonio cultural. Sigue sin explicar cuål fue el hallazgo fortuito.


3. En agosto del mismo año reportan que “𝐾𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑙𝑖𝑏𝑟𝑜 𝑠𝑒 𝑑𝑜𝑐𝑱𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑣𝑎𝑙𝑖𝑜𝑠𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑑𝑒 𝑐𝑎𝑚𝑝𝑜 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑖𝑧𝑎𝑑𝑜 𝑝𝑜𝑟 đ‘Žđ‘Ÿđ‘žđ‘ąđ‘’đ‘œÌđ‘™đ‘œđ‘”đ‘œđ‘  đ‘’đ‘„đ‘đ‘’đ‘Ÿđ‘Ąđ‘œđ‘  𝑒𝑛 𝑒𝑙 đ‘ŽÌđ‘Ÿđ‘’đ‘Ž 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑓𝑙𝑱𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 đ¶đ‘’đ‘›đ‘Ąđ‘Ÿđ‘Žđ‘™ đ»đ‘–đ‘‘đ‘Ÿđ‘œđ‘’đ‘™đ‘’Ìđ‘đ‘Ąđ‘Ÿđ‘–đ‘đ‘Ž 𝐾𝑙 𝑄𝑱𝑖𝑚𝑏𝑜 𝑑𝑱𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑙 𝑃𝑟𝑜𝑔𝑟𝑎𝑚𝑎 𝑑𝑒 đŽđ‘Ÿđ‘žđ‘ąđ‘’đ‘œđ‘™đ‘œđ‘”đ‘–Ìđ‘Ž 𝑃𝑟𝑒𝑣𝑒𝑛𝑡𝑖𝑣𝑎. 𝐾𝑙 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑟𝑟𝑜𝑙𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑎𝑚𝑎, 𝑞𝑱𝑒 𝑐𝑱𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑎𝑝𝑜𝑩𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑈𝑛𝑖𝑣𝑒𝑟𝑠𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑁𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙, 𝑒𝑠 𝑱𝑛 𝑎𝑝𝑜𝑟𝑡𝑒 đ‘đ‘–đ‘’đ‘›đ‘Ąđ‘–Ìđ‘“đ‘–đ‘đ‘œ 𝑞𝑱𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑖𝑏𝑱𝑩𝑒 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑡𝑟𝑖𝑚𝑜𝑛𝑖𝑜 𝑐𝑱𝑙𝑡𝑱𝑟𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑒𝑝𝑎𝑟𝑡𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 đ»đ‘ąđ‘–đ‘™đ‘Žâ€.


Curiosamente, la cronología de Emgesa tampoco da el título del valioso libro, de la misma manera como afirma, meses después, que para demostrar su compromiso arqueológico, publicó un libro sobre San Agustín, que tampoco tiene título.


SegĂșn lo que hemos indagado, la empresa tiene varias piezas sobre las cuales nadie conoce la cantidad y la clase de las mismas. Y ha prometido la creaciĂłn de un museo regional en alianza con la Universidad Surcolombiana, pero hasta ahora, una dĂ©cada despuĂ©s, no ha pasado de ser una promesa mĂĄs.


𝐄𝐧 đœđšđ§đœđ„đźđŹđąđšÌđ§: 𝐩𝐼đČ đ©đšđœđš


De todo lo aquĂ­ narrado tenemos que decir que poco queda. De los estudios del profesor BĂŒrgl queda el documento oficial en la copia al carbĂłn que tiene el autor de estas lĂ­neas. Pero de los objetos recolectados tanto por Falla como por la comisiĂłn oficial nadie da noticia del lugar donde se encuentran, si es que aĂșn existen.


De todos los objetos recolectados por campesinos huilenses en los alrededores de Guacanas, Balseadero y La Escalereta quedan unos restos Ăłseos escondidos en cajas de cartĂłn en algĂșn lugar de GarzĂłn.


Las piezas dadas en tenencia a HĂ©ctor FabiĂĄn Naranjo estĂĄn cuidadosamente embaladas pero nadie puede destaparlas ni para una fotografĂ­a sino con permiso de quien nada, absolutamente nada ha hecho por proteger el patrimonio: el Icanh.


De lo recolectado por los españoles de Emgesa, nada se sabe. Ni de la cantidad, calidad, caracterĂ­sticas, antigĂŒedad, investigaciones, lugar de tenencia y al parecer ni fotografĂ­as.


Del eventual museo y laboratorio con la Universidad Surcolombiana nada se volviĂł a saber.


De los sitios donde se encontraron todos estos vestigios nada quedĂł: toda la zona se anegĂł para construir la represa. ÂĄNo quedĂł ni el territorio!


Si nos atenemos a los estudios hechos que indican que algunos de los objetos sometidos al radiocarbono datan del año mil antes de Cristo, podríamos decir que hace mås de tres mil años ya moraban personas por estos territorios. En otras palabras, que en el Alto Magdalena o Yuma se confeccionaban elementos desden antes de Adån.


Y esto nos lleva a pensar en la pregunta que titula este artĂ­culo: Âżđ—Čđ˜…đ—¶đ˜€đ˜đ—¶đ—ŒÌ đ—Čđ—č đ—”đ—Œđ—ș𝗯𝗿đ—Č đ—șđ—źÌđ˜€ đ—źđ—»đ˜đ—¶đ—Žđ˜‚đ—Œ đ—±đ—Čđ—č đ—șđ˜‚đ—»đ—±đ—Œ đ—Čđ—» đ—Č𝘀𝘁đ—Č 𝘁đ—Čđ—żđ—żđ—¶đ˜đ—Œđ—żđ—¶đ—Œ đ—Ÿđ˜‚đ—Č đ—”đ—Œđ˜† đ—Čđ—» đ—±đ—¶Ìđ—ź 𝘀đ—Č đ—čđ—č𝗼đ—ș𝗼 đ—›đ˜‚đ—¶đ—č𝗼?


Tal vez la respuesta nunca la obtendremos y el “progreso” que anegó esos lares impida por los siglos de los siglos algunas aproximaciones a la verdad.


đ‘·đ’đ’”đ’• 𝒅𝒂𝒕𝒂 𝒄𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒂: el mismo dĂ­a que Juan de Dios Falla denunciaba sus hallazgos arqueolĂłgicos, el 17 de julio de 1956, nacĂ­a en GarzĂłn una niña a quien llamaron Mayelly. Ella, hace 40 años aceptĂł convertirse en mi esposa. Y no estamos anegados ni fosilizados.


*đ‘đšđđ«đąđ đš đ’đąđ„đŻđš đ•đšđ«đ đšđŹ, periodista. Reserva Natural de la Sociedad Civil đ‘Ș𝒉𝒂𝑮𝒂đ‘Șđ’‰đ’ŠÌđ’‚. ChoachĂ­, Cundinamarca, julio de 2021.

LA GUACHAFITA