• Juan Andrés Chávez P*

La suerte está echada


Imagen recuperada en: https://ladobe.com.mx/2018/04/polarizacion-o-pluralizacion-riesgo-y-posibilidad-en-tiempos-electorales/


La realidad colombiana es un conjunto de hechos azarosos caracterizados por violencia, corrupción, oligarquía e hipocresía, traducidos en sentimientos ciudadanos de frustración, rabia y desesperanza. La sociedad está cansada, fatigada de ser ignorada y maltratada a lo largo de los años por el Estado, lo cual, aunado a la profunda inequidad social, ha causado tanta beligerancia.


Ello ha sido aprovechado por el caudillismo desde posiciones ideológicas extremistas (Uribismo – Petrismo) que reflejan profesar la “autoridad” incuestionable (desmedida) de sus postulados, librando así una rivalidad a ultranza que ha generado niveles de toxicidad inimaginables que en nada benefician al país. Ese autoritarismo es una amenaza inminente a la democracia misma. Es el reflejo de tendencias fascistas de derecha como de izquierda que a lo largo de la historia han demostrado ser el ocaso de los países cuyo poder han alcanzado y logrado atornillarse en él.


Los constantes y reiterados episodios de violencia y convulsión presenciados últimamente no son creación espontánea por rebeldes sin causa, tampoco son planes premeditados de guerrilleros ni de golpistas. Su explicación es el profundo descontento ciudadano por la paquidérmica, ciega, sorda y tirana forma de operar del Estado cada vez más irrespetuoso de las libertades individuales, que se agrava por la preocupante crisis que atraviesa la institucionalidad reflejada en la acumulación desbordada de poder en el actual Ejecutivo (advertida por la ONG Transparencia Internacional por Colombia).


Las manifestaciones han sido desfiguradas por actos de vandalismo que, aunque puedan tener detrás a grupos ilegales con oscuras finalidades, estos son solamente una de sus causas, pues sectores legítimos de la protesta ajenos a la ilegalidad terminan contagiados del sensacionalismo mediático y de la pasión frenéticas viendo en esta forma de violencia un camino inmediato para desahogar sus incontenibles indignación y desazón frente a la desalentadora realidad nacional.


Reprimirlas con mayor violencia, agresividad y excesos en el uso de la fuerza del Estado es inútil, pues nada soluciona y agrava la tensión en las calles. Deben ser escuchadas y comprendidas sus razones legítimas entendiendo la complejidad multifactorial que involucran, pues solamente el diálogo franco, sincero, racional y humano es capaz de generar soluciones complejas, pero eficaces y eficientes que permitan avanzar en la superación de la lamentable realidad política, social y económica que hoy padece el país.


Es necesario que en el escenario político surja un auténtico líder de pensamiento vanguardista, con carácter, pero de espíritu sereno y mesurado, ajeno a corrientes políticas tradicionales y a movimientos caudillistas, es decir, de centro e independiente, alejado de los revanchismos y mezquindades de las facciones de derecha e izquierda radicales, cuya propuesta política se fundamente: en la empatía, sensibilidad y entendimiento de las necesidades insatisfechas del pueblo y su sufrimiento; en propuestas alternativas y razonables, y de esta manera, en la superación de la polarización que está envenenando a la nación.


Entonces, las discusiones se ubicarán en la solución de las verdaderas problemáticas. En la agenda política estarán temas como: la reducción al máximo del hambre (en 2019 -antes de la pandemia- 2.4 millones de personas la padecían, según la FAO) y de los escandalosos índices de pobreza (antes de epidemia 26.9% de la población: 12.981.534 personas) y de desempleo (4.6 millones de personas en julio 2020), la estructuración de una propuesta estatal educativa de excelencia para todos los sectores de la sociedad, combatiendo así la delincuencia con generación de oportunidades productivas; la creación de una política de comercio internacional competitiva, la construcción de una economía sólida y robusta cuyo derrotero sea la creación de riqueza que no de solamente renta, la inversión suficiente en la salud para lograr un sistema digno y de calidad.


Además, será posible afrontar las necesarias reformas: del actual sistema tributario inequitativo por uno progresista, a la política que permita combatir con contundencia el flagelo de la corrupción, del sistema de pensiones injusto y desfinanciado.


O también alcanzar la consolidación de una paz duradera y sostenible que permita la materialización de la verdad, justicia, reparación y no repetición de los desafortunados hechos dejados por el conflicto armado interno. De lo contrario, Colombia estará destinada a seguir viviendo el calvario de la política de los extremos y de los de siempre, por lo menos dentro de los próximos 5 años, a menos que en las elecciones presidenciales del 2022 se ejerza el derecho al voto consciente, libre de pasiones y responsable eligiendo a un verdadero y genuino líder mas que a un presidente.


Ojalá en el transcurso del siguiente año y medio como consecuencia del profundo desgaste de las instituciones como la democracia, la institucionalidad no termine cediendo ante los incesantes ataques, las presiones y las pretensiones de unos pocos por convertir al país en un régimen dictatorial poniendo fin a la República colombiana.


Como dijo Julio César cuando atravesaba el Rubicón: “La suerte está echada”.


* Abogado de la Universidad Externado de Colombia. Especialista en Derecho Contractual de la Universidad del Rosario. Ciudadano ilusionado con poder contribuir al desarrollo transparente, eficiente y eficaz de la política, la justicia y las leyes.


LA GUACHAFITA