• Luis Fernando Pacheco*

RBG: la guardiana liberal de la Corte. 1933-2020


Ruth Bader Ginsburg en octubre de 2019. Fuente: NY Times.


“Nuestra nación ha perdido a un jurista de talla histórica. En la Corte Suprema hemos perdido a un querido colega. Hoy lloramos, pero con la confianza de que las generaciones futuras recordarán a Ruth Bader Ginsburg como la conocimos, una defensora incansable y resuelta de la justicia”, así declara el segundo párrafo del comunicado oficial, publicado al final de la noche del viernes 18 de septiembre de 2020 en la página de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos de Norteamérica[1].


En el primer párrafo, señala con un tono solemne pero familiar que la Jueza de la Suprema Corte, Ruth Bader Ginsburg falleció en Washington a los 87 años a causa de un cáncer de páncreas que a lo largo del 2020, el año de la pandemia, la había llevado a centros médicos en múltiples ocasiones.


Notorious R.B.G. como la popularizaron el merchandising y la opinión pública (en un curioso paralelo con el rapero Notorious B.I.G.), terminó siendo un ícono del progresismo jurídico de los Estados Unidos de Norteamérica y al morir a los 87 años se puede asegurar que rompió moldes: no solamente logró ser pionera en diversos aspectos de su vida, sino que convirtió a un estereotipo aburrido (una anciana abogada de 87 años) en un ícono verdadero del feminismo, el progreso y la lucha por los deberes civiles, cuya imagen se grababa en prendas de vestir, pequeños muñecos de decoración, pines y toda una industria en torno a su figura. Ginsburg, logró pasar a la eternidad como un símbolo de libertad, en tiempos donde el autoritarismo se imponía… incluso en su tierra.


El ícono de las libertades


R.B.G. había cumplido en marzo 87 años y el mes pasado 27 sentada en el máximo tribunal de los Estados Unidos de Norteamérica. Hija de inmigrantes judíos, había nacido en Nueva York en 1933. Bachiller Arts de Cornell University, egresada de Derecho en la reconocida Universidad de Harvard y con estudios postgraduales en Columbia, su desempeño académico fue notorio en épocas donde el acceso de las mujeres al mundo del Derecho era aún limitado.


Brillante desde su niñez, combinó un desempeño judicial (como asistente del Juez del Distrito para el sur de Nueva York, Edmund L. Palmieri) con una trayectoria académica como investigadora asociada y luego directora del Proyecto especial de Procedimientos Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia.


Académica destacada en medio del boom social de la década de los 60’s, se desempeñaba como profesora en las universidades de Rutgers y Columbia de 1972 a 1980. Para la década de los setentas, Ruth ya destacaba en lo que sería una de sus más fieras batallas: la defensa de los derechos plenos de la mujer; participó en la fase inicial del proyecto de Derechos de la Mujer de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles y se desempeñó como Asesora General primero, y miembro de la Junta Directiva después, hasta 1980.


Fue nombrada Jueza de la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito del Distrito de Columbia en 1980 y trece años después, en 1993, el presidente demócrata Bill Clinton postuló su nombre para reemplazar al juez Byron White que se había retirado voluntariamente. Cuando el 10 de agosto de ese año llegó al máximo tribunal del país norteamericano, Ruth se convirtió en la segunda mujer en haber llegado a la corporación tras Sandra Day O’Connor, postulada por Ronald Reagan en 1981 y con quien Ginsburg compartió hasta su retiro en 2006.


En esos 27 años, la figura delgada y de rictus severo se convirtió para muchos en el símbolo más destacado en la defensa de los derechos individuales y del progresismo en una Corte que históricamente ha tenido representantes de ambas tendencias jurídico-políticas. Así, RBG votó favorablemente en temas como el aborto, la incorporación de normas internacionales en sus fallos (lo que los abogados solemos denominar una visión monista de prevalencia, o por lo menos coexistencia del derecho interno y el derecho internacional, una visión de escaso impacto en la primera potencia), la protección de los derechos de la población LGBTI y en contra de la pena de muerte.


Sus fallos aguerridos, su defensa a ultranza de posiciones radicales, su asistencia a eventos donde era recibida como una estrella de rock y no como una benemérita jueza, acompañaron la huella de un nombre que iba adquiriendo mayor notoriedad en el último lustro. No solo exponía sus doctrinas jurídicas, sino que hablaba de sus rutinas, sus hábitos y ganaba seguidores con un carisma inusitado.


Se aseguró que pensaba retirarse si Hillary Clinton hubiese ganado la presidencia en 2016; ante el triunfo de Donald Trump decidió permanecer en su cargo, pese a los múltiples quebrantos de salud, la reiterada aparición de un cáncer y su viudez en 2010.


Sin embargo, 2020 fue un año difícil, con múltiples comunicados desmintiendo su muerte o dando luces sobre sus quebrantos de salud que incluyeron ingresos a la clínica y una lucha inusitada que le llevó a decir en julio pasado que las quimioterapias tenían un avance positivo. Lamentablemente, esta semana la enfermedad venció a la jueza y pasó a la eternidad.


Una oportunidad para Trump


La vacante que produce la muerte de Ginsburg se convierte en una oportunidad para la presidencia de Trump en la recta final antes de las elecciones, puesto que con la postulación de su reemplazo serán tres de los nueve miembros los que habrán sido presentados por el mandatario que aspira a reelegirse en noviembre próximo. De tener éxito (y probablemente lo tendrá según los anuncios del presidente del Senado, quien debe ratificar el nombre y donde existen mayorías republicanas), la balanza se inclinaría a favor de una tendencia conservadora que ya era mayoritaria y donde existía un precario voto finish en los casos más polémicos.


Según ha explicado Nina Totemberg, corresponsal de Asuntos Legales de la Radio Pública Nacional, Ginsburg había solicitado por escrito que en caso de muerte la vacante fuera decidida por el nuevo mandatario. Algo, por demás lógico, si se tiene en cuenta que el Senado aplicó la misma fórmula hace cuatro años tras la muerte del juez conservador Antonin Scalia y solo trató el tema tras la asunción de Trump.


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La muerte de Notorious RBG en medio de un año que sin duda se califica de gris, es un epílogo adecuado para una guerrera, una que simbolizó la lucha por los derechos individuales desde su juventud. Lamentablemente, Ruth se va cuando más necesaria era para nuestro mundo, en medio de las nubes de los autoritarismos, los radicalismos y las fake news amenazando las libertades obtenidas en los últimos siglos.



[1] https://www.supremecourt.gov/publicinfo/press/pressreleases/pr_09-18-20


* Luis Fernando Pacheco Gutiérrez es colombiano de nacimiento. Académico por vocación. Abogado, Especialista en Desarrollo Personal y Familiar, Egresado del Curso Superior de Defensa Nacional de la Escuela de Defensa Nacional y maestrando en Relaciones Internacionales. Ha sido docente, investigador y directivo de instituciones educativas y universidades de Colombia y Argentina. Actualmente se desempeña como Analista de Contexto de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad en Colombia.


Miembro del equipo fundador del Portal Independiente La Gaitana.


LA GUACHAFITA
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