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El asesinato de Javier Ordóñez como síntoma del abuso policial

Javier Ordóñez, un hombre de 46 años, fue asesinado por dos Policías de la Metropolitana de Bogotá en la madrugada del miércoles 9 de septiembre.


Imagen de referencia. Cortesía: Noticias Caracol.


En un video ampliamente difundido en redes sociales y grabado por Juan David Uribe, uno de los amigos de Javier, se observa a dos uniformados sometiéndolo contra el piso y descargando en su cuerpo pistolas eléctricas en múltiples ocasiones. Pese a las súplicas del propio Javier a los uniformados para que no lo siguieran sometiendo, y ante los reclamos ignorados de los observadores de esta dramática escena, los Policías hicieron caso omiso y continuaron lo que a todas luces fue un procedimiento excesivo, desproporcionado e ilegal.


En diálogo con Blu Radio esta mañana, Juan David reconoció que aunque se encontraban en estado de alicoramiento y habían salido a comprar más alcohol, nunca agredieron a la Policía. En cambio, fueron abordados por una patrulla de la Policía, quienes les pidieron documentos de identificación y le luego uno de los oficiales les dijo a Javier "de esta no se salva", a lo que Javier les respondió "pues les pago lo que valga". Posteriormente empezó el forcejeo, Juan David intentó intervenir pero los Policías evitaron. El resto del procedimiento fue grabado por él mismo y luego conocido ante la opinión pública.


La Alcaldesa de Bogotá, Claudia López, calificó el hecho como "un abuso policial inaceptable", brindó apoyo sicológico y jurídico a la familia de Javier y volvió a plantear un debate que encuentra resonancia en las democracias del mundo: la reforma de las fuerzas policiales debido al abuso de poder. Si anteriormente estos abusos eran objeto de controversia por reducirse a testimonios orales en los que la asimetría de poder entre los ciudadanos y los policías terminaba imponiéndose a favor de los últimos, con la llegada de las redes sociales se ha podido demostrar en no pocas ocasiones los brutales procedimientos en los que los uniformados provocan la muerte de civiles desarmados e indefensos. No se trata de criminales que ponen en peligro el orden público sino de individuos con ninguna capacidad de causar daño ante la sociedad. De allí la gravedad de tales procedimientos.


El asesinato de Javier Ordóñez se suma al de casos célebres de abuso policial a nivel mundial como el de George Floyd en Estados Unidos, asesinado por un policía quien lo asfixió durante casi 10 minutos con su rodilla pese a encontrarse completamente indefenso y casi inconsciente. A este abuso se le debe incluir la violencia racial que sufren afroamericanos y latinos en Estados Unidos, un tema de vieja data en ese país y que cada vez despierta mayor rechazo en el país del norte. Que el homicidio de Javier Ordóñez no tenga tintes raciales, no quiere decir que en Colombia esta problemática sea desconocida. De hecho, Anderson Arboleda, de 24 años, fue agredido a golpes por un policía que lo reprendió violentamente, presuntamente por haber incumplido el aislamiento obligatorio el 19 de mayo en Puerto Tejada - Cauca. Los impactos le provocaron muerte cerebral tres días después.


Otros casos igualmente conocidos fueron los de Dylan Cruz ocurrido en el marco del Paro Nacional de noviembre de 2019 y el del menor de edad Diego Felipe Becerra en agosto de 2011, a quien además lo intentaron hacer pasar como responsable de su muerte al manipular la escena del crimen con un arma que supuestamente tenía en ese poder, lo cual fue completamente falso, y como si fuera poco, . Aunque no en todos hay videos que demuestren el abuso policial, las investigaciones de las autoridades han concluido la responsabilidad de oficiales de la Policía y el Escuadrón Móvil Anti Disturbios en sus muertes.


Todo lo anterior demuestra que no solo es sensato, sino imperativo discutir las implicaciones sociales y legales del abuso policial en la sociedad pero sobre todo, lo necesario que resulta reformar la Policía como fuerza represiva y disuasoria del Estado. Primero, porque es evidente la falta de preparación de los policías para contener/neutralizar personas. Segundo, debido a la equivocada motivación que los lleva a agredir a individuos que no representan un peligro. Tercero, por el uso de armas eléctricas que aunque son calificadas por la Policía como no letales, terminan provocando la muerte de personas. No es la primera vez que esto ocurre. Cuarto, por el tipo de justicia que debe asumir estos casos, si la ordinaria o la militar, lo cual no está exento de críticas.


Para terminar, cabe la pena mencionar dos puntos que se relacionan con el abuso policial, el primero de orden político y el segundo de orden militar. De un lado, es conocida la justificación de armas eléctricas en los operativos policiales por parte de un sector político en el país. A título ilustrativo, Francisco Santos, hoy embajador de Colombia ante Estados Unidos, dijo en un video en noviembre de 2011 que para terminar con las manifestaciones sociales "hace falta innovar....hay que utilizar armas de represión no letales como las que producen descargas eléctricas". Santos amenazó a los estudiantes expresando que si protestaban iban a "enfrentarse durísimo con el brazo represivo legal del Estado". ¿Pensará lo mismo sobre la letalidad el embajador Santos, tras la muerte de Javier Ordóñez?



De otro lado, es preciso recordar la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran los campesinos cocaleros en El Catatumbo, Nariño, Cauca y Putumayo, por citar algunos ejemplos, quienes son violentados por las Fuerzas Militares en los operativos de erradicación forzada de cultivos ilícitos. En no pocos casos, los campesinos han resultado muertos a raíz de esos procedimientos. Naturalmente, este tipo de violencia es mucho menos visible que la que ocurre en las ciudades colombianas, lejos de los focos de celulares y cámaras de seguridad. Y ciertamente responde a una criminalización histórica del Estado contra los productores cocaleros, el eslabón más débil de la cadena del narcotráfico como bien lo explica la investigadora caqueteña Estefanía Ciro en su más reciente libro "Levantados de la selva".

* Director y fundador de La Gaitana Portal. Politólogo, maestro en Sociología Política.


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