• Ingrid Lozano Suárez*

Dos voces argentinas

“Me tomó mucho

tiempo desarrollar

una voz,

y ahora que la

tengo

no guardaré

silencio”.

Madaline Albright




Históricamente mujeres de todas las clases sociales, etnias, han conservado la memoria literaria, una rica cantidad de experiencias diferenciadas y de las múltiples identidades feministas, visibilizada en diversos textos literarios, que han expuestos la naturalidad de sus procesos, mujeres indígenas, negras o lesbianas, protagonistas de las historias que vamos a detallar a continuación en tiempos de pandemia.


1. El viaje inútil.

Camila Sosa Villada

Ediciones Documenta

2018


El viaje inútil es la historia de un chico quien desde pequeño vive en el mundo del abandono y la soledad, pero se refugia en la escritura y la literatura, porque la lectura se le mete en la cabeza, sin aviso, sin decirlo, anclado en un pueblo con su madre, quien vive una relación llena de altibajos emocionales y pesadumbre. Aquella madre le invade una infinita tristeza y termina contagiándole o heredándole a su hijo, y él asume esto con cierta complicidad y culpa por el otro.


Una historia narrada en primera persona, autobiográfica por Camila Sosa, a través de una novela corta, un lenguaje sencillo, directo y melancólico, relatando su experiencia frente a la escritura porque para un escritor no hay mayor regalo que aprender a leer y a escribir: “Escribir para enfrentar el enemigo” Porque el personaje al igual que la escritora cree que así es como salva su vida: “Me hago un mundo para mi sola… como si en la llegada de la lectura y la escritura me hubiera llegado el talento para mentir… para inventar, para exagerar y para ocultar. El poder de mentir y ser creíble” (pág. 18).


Una novela que incorpora la diversidad no solo de las mujeres sino en su estrecha relación con las características familiares, las injusticias socioeconómicas, arraigas en la estructura política y patrones sociales como si se naciera con el destino marcado o la tragedia impuesta de los estereotipos sociales. La autora Camila Sosa nos dice “Escribo para que una historia se sepa… la historia de mi travestimos, de mi familia, del alcoholismo de mi papá, las carencias de mi mamá…También para decir la lucha de mi familia en contra de las pobrezas, una pelea que nos devastó y nos enfermó de rencores y desamor e indiferencia, todos contra todos” (pág. 20).


La estructura de la novela estalla con una narración autobiográfica, un libro sobre la escritura y en segundo plano es un libro sobre el propio reconocimiento, mezclado con referentes literarios femeninos, como moldeando el estilo del personaje y la obra, sobre su cuerpo, y como símbolo del cuerpo de las mujeres, sobre la actitud de las mujeres y su propia singularidad: “que los mundos inventados por la escritura, la fantasía, la ciencia ficción, la mentira, solo es escribir sobre nosotros mismos” (pág. 90).


2. Enero Sara Gallardo

Editor digital

Titivillus

1958



Enero (1958), la primera novela de la escritora argentina Sara Gallardo, quien aborda la violación y el aborto de una adolescente, realmente un texto oscuro, con ráfagas de gran misterio, la narración mezclada por lo que sugiere al lector, y siempre dando pistas para armar el rompecabezas del abuso, del poder, entre el toque de la religión, la traición y la redención.


Gallardo “habla de lo que sabe desde dentro, las relaciones, entre patrones y peones”, lo que oculta entre esos discursos de poder, porque para pensar-se hay que reconocerse como sujeto de un discurso y de un cuerpo, esto es representado por el personaje principal Nefer, quien nos transmite el terror de su existencia, su cuerpo violado a los 16 años, lleva el alma a pedazos, su cuerpo deteriorado por las injusticias sociales, por nacer entre los peones determinada la otra violencia económica y la religiosa: “Antes, cuando era alegre-ahora sabe que lo fue- su mirada camina lejos, iba de monte, de un molino… ahora no, los ojos se han vuelto pesados como el alma”. Nefer tiene la sensación de los ojos de los otros, para mensurar el alma con la mirada de ese lugar inhóspito, quien nadie desea describir.


Para Gallardo se trata de mostrar la perpetuación de toda índole de violencia. Nefer envuelta “en el desamparo que la enfría, quiere decir a Alcira su temor, quejarse del abandono, preguntarse con ella por qué a ciertas personas les pasa estas cosas”; ya que la providencia, la religión y la misma sociedad ha instaurado ese concepto del sufrimiento como un don concedido a algunos, y con ciertos rasgos de Lorca, en un momento de la novela, vemos a la mujer vestida de novia, llevada por caminos del destierro con las manecillas del reloj y de la muerte.


El aborto es pura clandestinidad en la obra, la penalización es una amenaza para ella, su familia, la casa grande. Nefer que no se anima a hablar porque tiene miedo, miedo a la mujer, a la muerte, a su religión. El aborto como todo lo clandestino, es ilegal, la moral cristiana se impone y si Nefer no tiene ni a la ley ni a Dios, ni a nadie de su parte, qué le queda:

– ¿Yo…? Lo dije de rabia, pero no se puede hacer, la policía te lleva.

– ¿La policía? ¿Y a la señora Lola, cómo no la llevaron; y a la Paula…?

– Bueno. No se puede hacer. Andá.

– Pero vos dijiste…

– “Vos dijiste, vos dijiste”, y vos, ¿qué dijiste? ¿Te acordás lo que dijiste? ¿Sí o no? “Conmigo no se mete nadie”, eso dijiste, ¿no? Bueno, ahora arreglate. El que se anda divirtiendo, que la pague.

– No. No. Yo no me voy a arreglar sola, voy a ir a lo de la vieja Borges si vos no me ayudás, voy a ir a lo de la Paula, o si no, me voy a matar, para que estés contenta. Vos querés que me muera, ¿no? Eso. ¡Me voy a matar, y te van a llevar presa igual! Vas a ver… vas a ver…

– ¡No seas estúpida! ¡Callate!, ¿querés? ¿O te creés que somos idiotas? Ya vas a ver cómo se arregla todo… pero ¡callate! (pp. 66-67)


¿Cuál sería el arreglo? Casarse con el violador, naturalizar la violencia, entregar su cuerpo al verdugo, y sin toma de consciencia de su propio cuerpo, desconoce la diferencia de los deseos de su violador Nicolás y el deseo del amor de Juan. Por tanto, el abuso no solo se legitima entregando a la víctima sino se pierde cualquier libertad sobre su cuerpo. Y solo nos queda la autodeterminación sobre nuestro cuerpo.


* Investigadora y docente. Magister en Literatura (UTP). Licenciada en Humanidades y Lengua Castellana (USCO)


LA GUACHAFITA