• Ingrid Lozano Suárez*

Ficcionalidades femeninas: reinos de posibilidad



En estos días muchas mujeres alzan su voz en pro de la defensa de sus derechos, sin embargo, esta lucha constante representa no sólo la equidad de género, sino la construcción de una sociedad más educada emocionalmente, donde hombres y mujeres construyan mejores condiciones de vida, donde exista una agenda política incluyente del género.


Las mujeres no vamos a dar un paso atrás y no vamos a retroceder en derechos que tanto nos ha costado conseguir. Movilizaciones y marchas como #metoo han demostrado a toda una generación la valentía para no quedarnos silenciadas. Tendencias mediáticas han permitido unir a las mujeres desde todos los países y regiones para gritar “¡nos queremos vivas!”, frases como “y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni como vestía”, permiten apropiarnos del lenguaje como una herramienta política en la sociedad mujeres unidas por la libertad, la justicia y la igualdad. El lenguaje como denuncia social de los feminicidios, porque “A cada minuto de cada semana, nos roban amigas, nos matan hermanas, deshozan sus cuerpos, las desaparecen”.


Es por esto que en la agenda política de Neiva no solo hay que hablar de la equidad de género, sino de educar en ello; que brinden las garantías de la protección de nuestros derechos, donde se reconstruya la memoria de todas las voces de mujeres, lideresas sociales, víctimas de conflicto armado, madres, hijas, amigas.


Y, la literatura no es ajena a la reconstrucción social, política, emocional desde una perspectiva de género. Por eso deseo compartir ciertas lecturas de diferentes escritoras con la misma necesidad de comunicar su voz frente a hechos atroces de la violencia; y como lector o lectora ingresarán en una conversación silenciosa con la narradora, mientras el mundo sigue existiendo ahí afuera; muchas de ellas sin saberlo estuvieron acompañándome en mi miniuniverso, en mi propio faro antes de este confinamiento, en tiempos remotos en donde la soledad era más fácil, y quizás estas lecturas sirva de faro a otros lectores para estos tiempos de pandemia.


1. La Multitud errante

Laura Restrepo.

Colombia.

Editorial Debolsillo.

2019


La voz de una mujer “Ojos de agua” inicia la narración de esta novela sobre el desplazamiento en Colombia: “¿Cómo puedo yo decirle que nunca la va encontrar, si ha gastado la vida buscándola? Y otras dudas “vino para salvarme o para perderme” así vamos sumando la imagen de la tragedia de los dos personajes y sobre todo del personaje femenino vinculada a la defensa de los Derechos Humanos, quien conoce a “Siete por tres” en el albergue donde él le contará su historia; pero qué nos depara estas dos preguntas, primero la narración del desplazamiento, la guerra transfigurada en poesía “la guerra a todos envuelve, un aire sucio que se cuela en toda la nariz, y aunque no lo quiera, el que huye de ellas se convierte a su vez en difusor” (p. 35).


A “Siete por tres” se le va vida buscando Matilde Luna, tratando de reparar el abandono, pero en esa búsqueda también huye de sí mismo; porque no tiene a donde ir, por tanto, el desplazamiento para él se relaciona con el estancamiento del tiempo, “el pasado del tiempo no mitiga el ardor de sus recuerdos”, por eso se asemeja con el emigrante interior, quien vive como exiliado entre su propia gente o país, y en consecuencia de esas crisis individual o personal, el sujeto que vive exiliado consigo mismo, “A Siente por Tres lo dejaron vivo pero condenado a morir, librado a la improbabilidad de niño solitario por segunda vez huérfano y tirado al abandono (...) Cuando ella regrese el niño despertará; ya adulto, y echaran a andar hombro a hombro. (p. 47).


Lo segundo, el relato de “Ojos de agua” se va mezclando con el de “Siete por Tres”, se une a esa multitud errante, no basta la soledad, el silencio, el abandono, el desplazado, sino la necesidad del otro, de la comunicación, de ser visible en el otro o del camino errante en el amor: “Adivino su silueta a través del telón del centro y sé que Siete por Tres se sienta en su catre y que se demora, botón por botón, al quitarse la camisa. Intuyo su mata de pelo y la siento respirar en la sombra, como un animal en reposo. Hasta mí llega, muy vivo, el olor de su cuerpo, y lo veo descolgar la tela de trama difusa y figuras borrosas que nos separaban” (p.138).


Así la voz de la escritora Laura Restrepo encierra de manera poética el relato del abandono no solo del estado sino del individual; y del dolor, donde ya nadie puede escapar; y de la imposibilidad de formar cualquier vínculo sentimental, sin estar a la merced del exilio.


2. Los ahogados

María Teresa Andruetto

Argentina.

Frontera ilustrada.

Ilustraciones de Daniel Rabanal.

2017.


La escritora María Teresa Andruetto es una de las mejores autoras contemporáneas, he tenido el placer de leer sus ensayos literarios como La lectura otra revolución o novelas cortas como Veladuras, pero su novela acompañada por ilustraciones Los ahogados (2017) nos enfrenta al desarraigo de una joven pareja, el desplazamiento y desaparición forzada, remembrando la memoria de todos los ahogados de Argentina durante la dictadura.


La narración se va desarrollando en esos dos planos del recuerdo de la juventud y la huida de la joven pareja con su niño, dos planos que se ve en las ilustraciones de Daniel Rabanal como dos caras de la narración, dos paletas de colores, una de color rojo –vida- y otra gris -angustia-, una mezcla de símbolos que van atrapando al lector, un río, un camino, un viaje, para cuando inicia la narración ya existe un hilo del relato que van tejiendo la memoria del pasado argentino a través de la pareja.


Con una sutileza contrastan el pasado, la juventud con la casa de refugio, ese que encuentran nuevamente en el presente mientras caminan “desde lo profundo de la noche” con la poética narrativa que tan solo suscita algunas pistas de la dictadura, “y él supo que los alargaban como señuelo, que los vigilaban, y entonces ya no se quedaron quietos” (p. 38), cuando el hombre sale a buscar cosas para la despensa, la mujer de la tienda trata de advertirle, luego ceba un mate y le cuenta su mujer: “También hablaron de los ahogados/ yo creía que era nomás el que vimos en la playa”, a través de la imagen surrealista del sueño la mujer entiende o trata de decirle al hombre que “ellos no son ahogados”, luego en una paleta oscura la ilustración los símbolos cierran la narración: cuerpos, avión, río y unos zapatos en la orilla del río.


3. Los testamentos

Margaret Atwood.

Canadá.

Narrativa Salamandra.

2019


Los testamentos (2019) es la segunda parte de Los cuentos de la criada (1985); esta novela retrata la esclavitud de las mujeres, son mujeres que son utilizadas para tener hijos, de aquellas parejas de militares cuyas mujeres son estériles, y esta “mujer criada” da a luz, para sus amos, y así conservar la “familia” de otros, la autora Margaret Atwood pone en contraste la educación, la igualdad y la misoginia, bases para conservar el sistema del poder de la sociedad.


Mientras tanto, en Los Testamentos un solo hilo de las voces de tres mujeres, se unen con las tres historias diferentes para completar la narrativa del libro, y con la voz de la autora de manera directa y poética, quien envuelve al lector en ese espacio imaginario con el autor: “Paciencia, les advierto en silencio: esto acaba de empezar” (p.13), y en cada capítulo los personajes dialogan con el lector: “Me habéis pedido os hable de cómo fue para mí crecer en Gilead. Aseguráis que mi testimonio será de ayuda, y yo deseo ayudar” (p. 17).


Tres historias de mujeres diferentes, la primera la hija de un comandante, la segunda una chica desde el otro lado de la frontera de Canadá que se enfrenta a la situación de Gilead “Había hecho una de las pancartas que llevaríamos”, y la ultima una mujer que se mueve en la sombra del poder. Todas las historias se unen en el mismo punto del relato como una telaraña que confluye; hechos que parecen ser de una ciudad distópica, por la crueldad de los mismos, pero sucedieron algún momento en la vida real, como dice Paul Velary: “La era del orden es el imperio de la ficción. Ningún poder es capaz de sostenerse con la sola opresión de los cuerpos con los cuerpos. Se necesitan fuerzas ficticias”. Fuerzas que se desarrollan en los personajes que parecen ser sacados de otros mundos, pero son los mismos del siglo XX, quienes enfrentan un mundo cambiante, que exigen una redefinición femenina ante estados caracterizados por ser ordenes opresoras, supresión del deseo femenino y basados en la discriminación del género.


Por esto, cada personaje es una voz sobre es una reivindicación al género: “Se supone que toda mujer tiene los mismos motivos, o, si no, es un monstruo” George Eliot. La narración está conformada por un diario y dos testimonios, pero que reúne el mismo propósito la búsqueda de la libertad en un estado machista: "la libertad es una gran carga, un peso apabullante y extraño para el espíritu (…) No es un don: hay que elegirla, y la elección puede ser difícil". Ursula K. Le Guin.


4. La Guerra no tiene rostro de mujer

Svetlana Alexiévich

Debate.

Stanislav, Ucrania soviética

2018


La lectura del texto La guerra no tiene rostro de mujer (2018), llegó a mí por ciertas búsquedas personales a respuestas sobre el periodismo narrativo, de esas búsquedas donde el libro te encuentra.


Svetlana Alexiévich es una de las pocas periodistas que ha centrado sus estudios en el papel de la mujer en ejércitos profesionales, entendiendo que su participación desde épocas anteriores no ha sido mencionada como sucede en la época moderna. Por estos sus relatos son testimonios de millares de desconocidas mediante un trabajo exhaustivo, histórico, poético, narrativo y polifónico, examinando el pasado como cita en su prólogo: “En Rusia, Alemania y Francia también hubo muchas mujeres sirviendo en hospitales militares y trenes sanitarios (…) pero fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando el mundo presencio el auténtico fenómeno femenino”.


Por eso, este libro es el testimonio de la guerra en voces de mujeres, una mirada distinta a las narraciones clásicas de la guerra, de la intervención del estado, de la muerte. La autora emplea en algunos capítulos epígrafes como: “Los millones caídos en balde abrieron una senda en el vacío”. Osip Mandelshtam, para anticipar su relato y la historia de la profundidad humana; también las voces de los personaje en el inicio de cada capítulo se convierten en el espejo de la naturaleza humana cuando la ciencia, la técnica y el estado queda en las manos equivocadas y cada quien se debe enfrentar a la muerte, las emociones, la sobrevivencia y el miedo, sin embargo, queda la palabra, aquella que permite la reconstrucción de la memoria, aquella mujer que “¡quiere hablar… ¡hablar!” porque siente que por fin alguien escuchará su testimonio y su pasado no desaparecerá, o como dice uno de los personajes: “De cómo estas mujeres se desesperan buscando las palabras adecuadas, deseando reconstruir lo desaparecido” (p. 169).


Estas mujeres enfermeras, aviadoras, francotiradoras, que estuvieron en la primera línea del bando soviético de la guerra, nos confrontan con aquellas que en este momento también enfrenta la otra batalla de la pandemia, mujeres, madres, hijas, hermanas, profesionales de la salud y líderes sociales, que se encuentran enfrentando la muerte, sus recuerdos, sus miradas, su manera de recordar y relatar son distintas; son capaces de ver que está guerra tiene colores, olores, que tiene un universo existencial entre nosotros, y quizás cuando el olor de cloro que está en nuestras bolsas de mercado se pierda, quede la historia de todas aquellas mujeres que sintieron miedo, pero no se silenciaron frente a lo que ocurre a nuestro alrededor.


En definitiva, es un libro para aquellas personas que desean conocer la guerra en la voz de las mujeres desde una narrativa realista y emotiva, ya que “todo lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la voz masculina” (p. 13)


Estas novelas desde la ficcionalidad nos permiten comprender que existe una relación entre escritoras que tienen las mismas reflexiones, aunque sean distintas en nacionalidad, épocas, culturas, idiomas, tienen el mismo ánimo de levantar la verdad, de ir en búsqueda de la memoria por caminos de la vida porque ahí encontrarán las verdaderas historias, las que fueron silenciadas por tantos años.


Nota: Espero, cuando esto termine, poder encontrar el libro de Mabel Moreno, “El tiempo de las amazonas” (2020), y seguir escribiendo un poco sobre Silvia Lorenzo, poeta del Huila.


* Maestra en Literatura, Universidad Tecnológica de Pereira - Universidad del Tolima. Licenciada en Lengua Castellana, Universidad Surcolombiana.


LA GUACHAFITA