• Carlos Tobar

El colapso petrolero


Foto: Cortesía de Diario Ecología


Quién hubiese imaginado, tan solo la semana pasada, que las empresas petroleras norteamericanas no solo no estén cobrando un peso por el barril de petróleo extraído de la tierra, sino que estuviesen pagando hasta 37 dólares (¡!) a quien les reciba ese barril. Pues, esa es la situación hoy que estoy escribiendo este artículo. La referencia WTI (West Texas Intermediate) crudo liviano con una API de 36,9°, petróleo de calidad extraordinaria, tiene esa situación de mercado. Aunque el Brent, el petróleo del mar del norte de Europa que se toma como referencia para determinar los precios del petróleo colombiano, no tiene una situación de precios tan dramática –a esta hora se cotiza a 26 dólares el barril, puede llegar también a una debacle parecida.


¿Por qué se ha llegado a una situación así? Varias son las razones. En el fondo, como toda crisis del capitalismo, es una crisis por exceso. Es una crisis de sobreoferta de un bien que no encuentra mercado. Que en el capitalismo es la constante, porque responde a la contradicción entre la producción social y la apropiación o distribución privada de la riqueza creada.


Desde antes a que se decretara la pandemia del Covid-19, que paralizó progresivamente las economías de todo el mundo, ya la sobreoferta de petróleo era evidente. No de ahora, desde hace décadas la cartelización de los productores de este energético que mueve la economía, había logrado, no sin sobresaltos y afugias, mantener un precio relativamente alto frente a la oferta disponible en el mercado. En los últimos años, solo el crecimiento extraordinario de China con su gran demanda de commodities, empezando por el petróleo, había mantenido la dinámica de los precios petroleros.


Pero, llegamos a la situación excepcional de la crisis creada por la virosis. La parálisis de las economías ha reducido el consumo de petróleo en un 30% o más, es decir, de los 100 o 110 millones de barriles día que consume el mercado mundial, se ha bajado a 70-80 millones de barriles día. Un roto que hace mella en cualquier negocio por poderoso que sea. En un mercado donde los productores son una variopinta gama que va desde los productores privados de grandes capitales norteamericanos, hasta una empresa estatal propiedad de un rey como Aramco, la gran empresa saudí, pasando por miles de medianas y pequeñas empresas privadas o mixtas de productores de casi todas las regiones del planeta, en un mercado así, la disciplina no es propiamente la norma. Lo acabamos de ver cuando a causa de esta situación los árabes saudíes propusieron una reducción de la producción y los rusos se opusieron, desatándose una guerra de precios que llevó a la violenta baja en los precios de las semanas anteriores.

Con participación del gobierno de los Estados Unidos, con Trump a la cabeza renegando del libre mercado, el cartel de productores conocido como OPEP, logró un acuerdo de reducción de la producción de casi 10 millones de barriles. Pero, ya era tarde. Porque a la gran sobreoferta productiva se le sumó el hecho de que la capacidad de almacenamiento de petróleo está siendo copada. No hay donde guardar petróleo.


Esa es la situación que estalla hoy en el mercado norteamericano que, no puede parar la producción de sus pozos petroleros de la noche a la mañana, porque las pérdidas pueden ser mucho mayores. Escandalosamente mayores.


La situación del Brent, en el mejor de los casos, es cuestión de semanas, porque tampoco habrá donde guardar el petróleo que se extraiga.


La crisis que se está abriendo, a causa de la irracionalidad consustancial al régimen de producción capitalista que tiene como un primer ejemplo a la industria petrolera, puede ser de proporciones cataclísmicas. Y, Colombia…


LA GUACHAFITA