• Kevin Hartmann*

Linchamiento moral e indignación: la desobediencia en épocas de cuarentena


Foto: Cortesía Publimetro


La orden de confinamiento como medida preventiva frente a la expansión del COVID-19 cumple 16 días en Colombia. Como es natural, se ha desatado una enorme cantidad de reflexiones en torno a su eficacia frente al virus[1], a su impacto económico a nivel individual y agregado[2], a las consecuencias sobre la salud mental de un cambio súbito en el estilo de vida[3] y un largo etcétera. Pero me voy a referir sobre otro tema: la desobediencia o el desacato de la cuarentena. ¿Por qué algunas personas toman la decisión de incumplir con la orden de confinamiento?


En primer lugar, quiero advertir sobre la ferocidad de los señalamientos que han surgido respecto a quienes incumplen la orden de confinamiento. Me temo que este tipo de juicios morales peregrinos –reproducidos también en las redes sociales– no sirven para explicar el fenómeno y más bien anulan la posibilidad de su comprensión. En notas como esta[4] leemos una serie de reproches sobre el comportamiento de quienes están desobedeciendo. El autor de la nota, inclusive sugiere que la policía no ha sido suficientemente eficaces controlando a los incumplidores y registra, en boca de algunos ciudadanos, el reclamo de más autoridad.


A modo de reflexión sobre el incumplimiento quiero citar el trabajo Mauricio García Villegas[5] que analiza la cultura del incumplimiento de normas en Colombia y en América Latina. En su obra, García presenta varias explicaciones sobre ese fenómeno, insistiendo siempre en que se deben mirar sobre todo los contextos de la desobediencia. De esas explicaciones, escogí tres que se representan en figuras ilustrativas de incumplidores de reglas con el fin de evidenciar la complejidad del fenómeno.


La primera de ellas se refiere a un razonamiento ya clásico: desobedecemos por conveniencia. Es decir, la desobediencia se explica por una decisión racional de los agentes que, como resultado de un cálculo de costo-beneficio, les conviene más incumplir. En nuestro contexto, la figura más representativa de este ejemplo es alguien a quien todos conocemos: ‘el vivo’. Sin embargo, el vivo –que todo el tiempo está pensando en lógicas transaccionales– cuenta con atributos morales ambiguos: según la circunstancia, nos parece que su comportamiento es despreciable o admirable.


La segunda explicación se refiere a un problema sobre el que ha reflexionado la teoría política, relacionado con la desobediencia frente a una autoridad injusta. Es decir, el criterio según el cual una regla solo es válida en tanto sea justa y de no serlo, su incumplimiento termina siendo un efecto remedial frente a esa injusticia. Es la típica figura del rebelde que se subleva contra un régimen tiránico e injusto. La tercera explicación se refiere al incumplidor contextual. Es decir, es el contexto excepcional, lo que explica que un individuo incumpla una regla. En este escenario, existen circunstancias especiales –la imposibilidad material, por ejemplo– que conllevan a que una persona incumpla una regla.


Esta breve y en todo caso incompleta ilustración sobre la cultura de incumplimiento de normas, nos permite estar de acuerdo en que la pregunta sobre el incumplimiento no puede responderse de modo inmediato y homogéneo; y menos aún, derivar de allí un juicio moral inapelable. El vivo, el rebelde o el incumplidor contextual evidencian que existe más de una razón por las cuales las personas incumplen una regla como la del confinamiento y que eso va más allá de la ‘irresponsabilidad’, la ‘insensatez o la ‘insensibilidad’. Por supuesto que no todas las razones para incumplir son legítimas, pero no podemos ignorar que también existen: el ejercicio contextual cobra una relevancia enorme para determinar esa legitimidad. Por tanto, entender por qué algunas personas incumplen la orden de confinamiento se distancia de las respuestas fáciles que señalan con el dedo.


Juzgar de forma generalizada, a través del prisma la indignación natural que nos produce ver a otros incumplir una orden como el confinamiento, es peligroso en términos sociales. Esa actitud está apuntando implícitamente a imponer una tendencia homogeneizadora del comportamiento que se pretende pura y que castigue cualquier desvío, ignorándose las sutilezas, entornos y posibles condiciones especiales del incumplimiento. La consecuencia trágica de tomar ese camino es la profundización del déficit democrático. Como lo explica Umberto Eco, tal proceder en épocas de crisis, nos puede ser llevar rápidamente a reclamar y aceptar medidas y sanciones cada vez más autoritarias frente al impuro, al irresponsable, al insensible: es decir, frente a todo aquel que se aparte, por los motivos que sea, de nuestra regla[6]. De esta manera, lo socialmente deseable en este momento no es el linchamiento moral, sino la comprensión colectiva de nuestra realidad social. Eso es lo que nos ayudará a acertar en la adopción de medidas que nos permitan superar esta crisis sanitaria.

Bibliografía


[1] Chikina, M y Pedgen, W. A call to honesty in pandemic modeling: https://medium.com/@wpegden/a-call-to-honesty-in-pandemic-modeling-5c156686a64b


[2] Marble y EAFIT, Gran Conversatorio - Análisis Económico y Empresarial: https://www.youtube.com/watch?v=eSg5IkGxHJo&t=3457s


[3] Fergusson, A. Consecuencias psicológicas del cambio súbito en el estilo de vida: https://urosario.zoom.us/rec/play/v8clfu2vrG03SIHD5ASDUfIoW9XrLq2s1SBK-6IMzBy1B3ADZwGjZLITN-d1hmEiXlOxhmIYgKDqW9oS?startTime=1585865310000&_x_zm_rtaid=UhbYEytdROOD8GxRUNq8LQ.1585991368899.bbe6f6acc44d6d47b4d9f8562ccad769&_x_zm_rhtaid=446


[4] https://www.eltiempo.com/bogota/dia-13-de-aislamiento-la-desobediencia-sigue-siendo-la-cara-de-la-cuarentena-en-bogota-479454


[5] Mauricio García Villegas. Dejusticia: https://www.dejusticia.org/responsible/mauricio-garcia-villegas/


[6] Umberto Eco. Contra el fascismo. 2018. Ed. Lumen.


* Estudiante del doctorado en ciencias jurídicas de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.


LA GUACHAFITA