• Andrés Mejía

Del spleen y las falsas esperanzas: vislumbres desde la cuarentena


Foto: Claudio Furlan. Europa Press.


Si hay un término que pueda ser útil para explicar y describir lo que estamos sintiendo muchas personas durante la cuarentena del coronavirus, es el spleen, o esplín, según la ortografía que la RAE ha aprobado para su traducción al castellano. Pero hay palabras que es imposible traducir sin pérdida, y este es el caso del esplín, término proveniente del inglés que la RAE define como “melancolía, tedio de la vida". Bien puede ser que algunos estemos hartos de estar encerrados, y que el tedio comience a dominarnos. Sin embargo, no es al tedio de la vida en el confinamiento de la cuarentena que se refiere la palabra esplín.


El esplín es más profundo y tiene la característica fundamental —aún no descubierta por la RAE— de aportarnos claridad. Es por esa claridad que, como cavernícolas que tiemblan en sus cuevas ante una poderosa tempestad, hoy desde nuestro encierro entendemos “lo que es realmente importante”, vemos todo “lo que estaba mal” y “lo que mejoraremos cuando, juntos, salgamos de esta”.


En la Teoría de los Sentimientos Morales, Adam Smith se refiere al esplín como aquel sentimiento que se produce, “en la languidez de la enfermedad o en la fatiga de la vejez [cuando] desaparecen los placeres de lo vano y las vacuas distinciones de grandeza. (…) La grandeza muestra su miserable aspecto a aquel que, reducido por esplín o enfermedad a observar atentamente su propia situación y tiene que considerar qué es lo que realmente le hace falta para alcanzar la felicidad”[1].


Pienso que la pandemia ha generado una especie de esplín global. En medio de la angustia, vemos con “claridad esplenética”, para usar el término de Smith, cuán equivocados estábamos cuando aceptamos la intervención de privados, motivados por su afán de riqueza, en la provisión de derechos fundamentales como la salud o la educación. Nuestro esplín global nos deja ver claramente por qué el derecho al trabajo implica ciertas garantías que no pueden negarse, aunque la tercerización favorezca los estados financieros de las empresas. Que la salud del planeta y de la población no es algo externalizable por parte de empresas contaminadoras o por fabricantes inescrupulosos de alimentos ultraprocesados. El memorial de agravios es largo.


Sin embargo, terminaré dando un parte de tranquilidad a nuestros amigos neoliberales. La claridad del esplín es efímera. Una vez pasa la condición que lo genera, la gente vuelve a sus antiguos afanes y las cosas vuelven a adoptar el valor que se merecen. Volveremos a preocuparnos por lo que realmente importan: los calzoncillos de Ronaldo, que la saga sentimental de Selena Gómez o el último escándalo del reality de moda.


Referencias


1. Adam Smith. Theory of Moral Sentiments (1759). Part IV, Chapter 1. La traducción es propia.


LA GUACHAFITA