• Juano Zuluaga*

Clases virtuales en la USCO: entre la pandemia del clientelismo y el coronavirus


El contexto que atraviesa Colombia y el mundo está marcado por una profunda crisis, crisis que va más allá de la proliferación global del coronavirus e incluso trasciende de una crisis financiera o económica a -en términos de Renan Vega Cantor- una crisis civilizatoria, teniendo en cuenta que el capitalismo tiene unas contradicciones estructurales, y en la actualidad nos encontramos con altos niveles de acumulación de capital y consumo, generado así que coexistan cuatro crisis de manera simultánea: ecológica, climática, energética y alimentaria. En este contexto se sitúa también la crisis de las universidades, las cuales han estado al servicio del neoliberalismo y del mercado, alejándose así de la reflexión crítica de la sociedad y la producción de conocimiento pertinente para las transformaciones sociales. Un ejemplo reciente de lo anterior, es la decisión unilateral del Consejo Académico de la Universidad Surcolombiana de continuar con las clases de manera virtual pese a las condiciones económicas, sociales, familiares y psicoafectivas que nos atraviesa a los estudiantes en estos momentos; haciéndole la cuarentena a la comunidad académica en el sentido de cerrarle las puertas a la democracia universitaria y a la participación de los estamentos. ¿Bajo qué criterios y con qué intereses se están tomando las decisiones académico-administrativas de la Universidad de cara a la situación generada por la pandemia? ¿A la hora de tomar decisiones, verdaderamente están pensando en la calidad y la pertinencia de la educación, o todo esto está guiado por intereses electorales y clientelares? Así como se acude a estrategias virtuales para continuar con las clases, ¿por qué no hicieron lo propio para diseñar una consulta virtual a los estamentos de carácter vinculante que determinara cuál era la mejor decisión?


En este sentido, existen dos posiciones al respecto: una, que considera que debemos continuar las clases obviando la situación actual; y la segunda, los que consideramos que las clases en el sentido del desarrollo del currículo deben cesar a raíz de que nos encontramos ante unas circunstancias concretas en las cuales no podemos continuar con nuestro proceso de formación con normalidad, debido a la existencia de condiciones socio-económicas de muchos estudiantes que se convierten en un obstáculo para el desarrollo de las clases a través de herramientas tecnológicas y la falta de preparación institucional al respecto. La decisión no es nada fácil, genera mucha controversia optar por una u otra propuesta; sin embargo, y desconociendo la trascendencia de la decisión para la comunidad académica y haciéndole apología a la democracia liberal (representativa), el Consejo Académico decidió por todos, a pupitrazo como se suele tomar las decisiones en esta sociedad, sin tener presente las propuestas del Consejo Superior Estudiantil reconocidos por la institución como el máximo órgano de representación de los estudiantes ni tampoco haciendo un ejercicio de consulta previa (vinculante) para tener insumos que le permitiera tomar una decisión responsable. Empero, no podemos ser ingenuos frente a esta decisión, pues, por un lado, obedece a las lógicas del mercado, al neoliberalismo y a las dinámicas impuesta por el enfoque de educación por competencias; y por otro, está atravesada por intereses clientelares y burocráticos frente a la elección del rector.


Pese a lo anterior, no podemos ver el debate solamente desde arriba, desde los que gobiernan la Universidad o quienes son intermediarios de otros que gobiernan nuestra casa de estudios (actores internos y externos). De este modo, hay que tratar de dar cuenta de cómo lo estamos viviendo los estudiantes y profesores, quienes en última compartimos espacios en un aula de clases y ahora nos vemos obligados a hacerlo en una sala virtual que desconoce las condiciones diferenciadas de cada uno. Frente a esto, si bien hay muchos compañeros que solamente van a la Universidad a sacarse un cinco en la materia, se desentienden de las problemáticas sociales y solo les interesa sus proyecciones personales de graduarse para colgar su título universitario en la sala para que su familia se sienta orgullasa de ellos, mientras ellos están produciendo para el mercado, no podemos confundir los fines con los medios: una cosa es graduarnos e incluso -en algunos casos- tener buenas calificaciones, y otra es vivir un proceso de formación adecuado en el que la reflexión crítica y la construcción de conocimiento colectivo y pertinente sea el pilar fundamental. Es decir, si bien hay una presión social, familiar, personal y del mercado por graduarnos, hay que saber caminar, disfrutar el proceso, aprender, intercambiar experiencias, sentires, saberes y también exigirnos académicamente, ser buenos en términos académicos y humanos independientemente de la nota y siempre con una conexión permanente, no con el internet, sino con las realidades sociales, con las comunidades, con el barrio, con la vereda. Con relación a lo anterior, Miller Dussán Calderón (22 de abril de 2020), docente de larga trayectoria de la Universidad Surcolombiana, plantea que:


“desde Celestine Freinet hasta Paulo Freire la pedagogía se fundamenta en actividades prácticas y organización cooperativa del trabajo para el aprendizaje. La construcción de conocimientos es una obra colectiva para comprender el mundo de lo real y avanzar en la superación de la alienación humana. Se considera al estudiante como un sujeto social que a través del lenguaje expresa y comunica simbólicamente su propia realidad”.


No obstante, como estamos atravesados por el individualismo del sistema, por el consumismo y por el enfoque pedagógico de la educación basado en competencias, confundimos los fines con los medios, se desvirtúa el verdadero propósito que es la construcción colectiva de conocimiento con una utilidad social, y con esto se profundiza lo que Karl Marx planteaba en términos de economía política como el proceso de transformación del trabajo concreto en trabajo abstracto propio del capitalismo. Así pues, las clases virtuales no solo excluyen a cientos de estudiantes, sino que además los que cuentan con los privilegios para acceder a ellas desarrollan una metodología muy abstracta, sin un intercambio real, deliberación y construcción colectiva. Al respecto, Miller Dussán Calderón (22 de abril de 2020) asegura que:


“Para la Asociación de Profesores Universitarios, el llamado pretende sustituir los procesos de enseñanza y aprendizaje presenciales, apelando a un sinnúmero de aplicaciones y herramientas tecnológicas tales como las plataformas educativas, sin analizar el contexto real y reduciendo lo pedagógico a lo instrumental, desconociendo que buena parte del profesorado, no cuenta con las suficientes competencias tecnológicas en el uso de estos recursos”.


Cabe aclarar que en cierta medida, sí se puede acudir a estrategias tecnológica para fortalecer la enseñanza, sin embargo, el problema radica en que no todos los estudiantes cuentan con las herramientas y las condiciones adecuadas; además, la Universidad, la plataforma virtual, los profesores y los estudiantes no estamos preparados para eso ni tampoco se puede suplantar totalmente los encuentros reales, en los que estudiantes y docentes de manera recíproca podamos participar de la construcción de conocimiento, podamos hallar puntos de encuentro y desencuentro, podamos discernir, ya que de lo contrario muchos preferiríamos ser autodidactas o solicitarle al docente que envié las diapositivas, ver vídeos en YouTube y leer los textos sugeridos desde la casa. Esto lo planteo pese a que ya no veo materias, defendiendo una formación integral y crítica y no una de carácter intrumental, porque la educación de las generaciones que vienen cada vez está más marcada por la desfinanciación, la falta de calidad y por las ventajas y desventajas de los avances tecnológicos, así que es un deber seguir exigiendo educación pública, de calidad y pertinente para la sociedad, ya que, como sostiene Pieñeros et.all. (24 de marzo de 2020) en la investigación


“Caracterización de las condiciones de los estudiantes de la Universidad Surcolombiana para acompañar virtualmente las actividades académicas durante la cuarentena por la pandemia del COVID-19” en estos momentos: “las soluciones no pueden estar sofocadas de optimismo tecnológico, como lo promueven algunos funcionarios, profesores y el Ministerio de Educación” (pp. 14-15).


Un gran porcentaje de estudiantes de la Universidad son de estratos 0, 1 y 2; muchos estudiantes tienen que caminar desde sus casas para llegar al claustro educativo, algunos tienen que elegir entre sacar las fotocopias y materiales de las clases o comer. La Universidad no brinda las garantías suficientes de permanencia y uno como estudiante ha visto y ha vivido en carne propia los embates de las desigualdades sociales, lo cual ha afectado nuestro proceso educativo. De este modo, si muchos estudiantes tienen dificultades a la hora de estudiar de manera presencial, ¿cómo será ahora de manera virtual y en medio de una situación complicada en la que estamos pensando en nuestra salud física y mental y la de otros compañeros, amigos y familiares? Así pues, no se puede perder nuestra dimensión humana, sabiendo leer la situación y teniendo presente lo ya expuesto por Pieñeros et.all. (24 de marzo de 2020) en la investigación “Caracterización de las condiciones de los estudiantes de la Universidad Surcolombiana para acompañar virtualmente las actividades académicas durante la cuarentena por la pandemia del COVID-19”:


“en este momento debe convertirse en un soporte emocional y material de los estudiantes y profesores para enfrentar esta situación, puesto que más allá de los contenidos académicos, está la humanidad que se nutre de la activación de redes de aprendizaje, solidaridad, apoyo y escucha colectivos” (p. 14)


En la Universidad está primando el cumplimiento de un currículo e intereses político-electorales por encima de la calidad de la educación, trasgrediendo además el derecho a la igualdad porque, si bien varios estudiantes contamos en estos momentos con condiciones, con los privilegios para podernos conectarnos a internet, no todos gozan de las mismas garantías, por tanto, se les está excluyendo, se sigue adelantando el proceso educativo de manera individualista, mecánica y darwinista en el sentido de que se asume que el que pueda se conecta y avanzamos en el cumplimiento de los microdiseños curriculares de cada materia y el que no pueda queda a la intemperie. Con esto, se está ampliando las brechas de desigualdad, se fortalece la idea de la educación como privilegio, del juego impuesto por el enfoque de las competencias, del cumplimiento de planes de estudio pese a que no tengan una profunda reflexión y diálogo con las realidades sociales. Al respecto, es pertinente tener en cuenta lo planteado por Olmedo Beluche (24 de febrero de 2013), quien es un sociólogo panameño, profesor de la Universidad de Panamá y militante del Partido Alternativa Popular, quien asevera que:


“En mundo marcado por la crisis económica y social, la injusticia, la desigualdad, la discriminación, la corrupción generalizada, no es muy conveniente para las clases dominantes que los estudiantes reflexionen sobre la realidad, es mejor atiborrarlos de la falsa idea de que si hablan inglés y saben manejar una computadora se habrán salvado del desempleo y la miseria”


El fin de la educación es la construcción de conocimiento, un conocimiento que permita interpretar y transformar las realidades sociales. Nada de eso se está buscando con la decisión de mantener las clases virtuales, ya que el conocimiento pasa a un segundo plano. Es más: ni siquiera se está reflexionando sobre la actual situación, sobre el papel de la academia y de cómo desde cada una de las materias y desde la Universidad se trata de comprender e intervenir en el contexto, salvo algunos profesores y estudiantes que han sido coherentes, pero con una ausencia notable a nivel institucional. En esta vía, también se debe aprovechar la situación para actualizar los currículos, para reflexionar y también para implementar una especie de prueba piloto en la que la Universidad avance hacia la consolidación de estrategias alternativas en las que se emplee las tecnologías de Información y Comunicación (TICs), desde luego, sin perder el carácter presencial que tiene la misma, sino en la idea de fortalecer procesos educativos complementarios para que los estudiantes podamos profundizar en determinados temas. Aclarando además que se debe partir de reconocer las situaciones diferencias y la creación y fortalecimiento de programas desde bienestar universitario y demás dependencias competentes y con inversión de recursos del Estado para que todos y todas podamos contar con condiciones adecuadas en nuestros procesos educativo. En este sentido, Pieñeros et.all. (24 de marzo de 2020) en la investigación “Caracterización de las condiciones de los estudiantes de la Universidad Surcolombiana para acompañar virtualmente las actividades académicas durante la cuarentena por la pandemia del COVID-19”, planteó que:


“Un gran número ha querido mantener la normalidad académica intentando virtualizar sus cursos al tiempo que empieza a aprender sobre este tipo de metodología, la cual no se aprende en un día, pero puede ser usada en sus justas proporciones para mantener una mediación académica que contemple la postergación de la evaluación para el momento presencial, posterior a la cuarentena, o a formas de evaluación flexibles que se adecuen al momento excepcional” (pp. 13-14)


Sin embargo, en la forma en que se está implementando la decisión y los intereses que rodean la misma, están generando que la Universidad se aleje cada vez más de sus fines misionales. Con esto, se está reproduciendo el sistema dominante en el sentido de que la educación por competencias es impuesta por organismos financieros como el Banco Mundial y en últimas es pensar en sacar egresados (mano de obra) para el mercado, alejándose de la importancia de sacar profesionales íntegros, humanos y críticos que le aporten a la sociedad.


Cabe aclarar que no se pueden suspender los contratos de los docentes, ya que estos son seres humanos que tienen necesidades, sus familias dependen de su sueldo y se debe partir del propósito de humanizar el conocimiento. Además, no se les puede desconectar de la construcción de conocimiento, del importante apoyo y acompañamiento que puedan brindarnos a los estudiantes. Se puede aprovechar el tiempo para reflexionar sobre las realidades sociales, sobre la pandemia, adaptar los currículos, mejorar y discutir sobre las metodologías y contenidos de estos, entre otras cosas que permitan continuar con las redes como comunidad académica. Lo anterior, también lo plantean Pieñeros et.all. (24 de marzo de 2020) en la investigación “Caracterización de las condiciones de los estudiantes de la Universidad Surcolombiana para acompañar virtualmente las actividades académicas durante la cuarentena por la pandemia del COVID-19” al sostener que:


“mantener ese vínculo Universidad-Estudiantes a través de actividades virtuales que no sean agotadoras, demasiado exigentes en tiempo académico y que tengan en cuenta las condiciones técnicas de los/as estudiantes, puede ser favorables para contener los impactos emocionales por el cambio de rutina y el estrés generado por suspender o cancelar semestre. Al mismo tiempo, las medidas para fortalecer este vínculo durante la contingencia deberán incluir acompañamiento psicológico, económico y alimenticio” (p. 13).


Esta perspectiva, nos permite ser solidarios con el otro, pensando además en que muchas personas están preocupadas por el hecho de que las clases siguen avanzando mientras ellos están en sus fincas o veredas sin internet ni computador; incluso es válido, y me parece lo más coherente: por solidaridad muchos estudiantes que sí tienen las herramientas no accedan a sus clases virtuales, ya que la rebeldía se configura pensando en la otredad, en el interés general y en proyectos colectivos, sumado al hecho de que esta postura es exigir calidad y pertinencia de la educación que nos ofrecen.


Es por eso que, planteo alternativas para que se suspendan las clases en términos del desarrollo de los contenidos del microdiseño de cada materia, pero, promoviendo otras dinámicas que garanticen y fortalezcan las redes de construcción de pensamiento, acompañamiento y solidaridad como comunidad, a la vez que se va reflexionando sobre la situación actual, sobre problemáticas específicas que vive la Universidad, la región, el país y el mundo, se discutan y se actualicen los currículos de cada una de las materias, con sus respectivos contenidos y metodologías. Esto, por un lado, permite que se aproveche este tiempo, que se les garanticen las horas cátedras a los docentes ya que nuestro proceso de formación va más allá del cumplimiento de un currículo y con eso aportaría a la lectura del contexto local, regional, nacional y mundial; y por otro, impide que los estudiantes que no tienen acceso a internet sean privados de su derecho a recibir clases en igualdad de condiciones.


La pandemia del clientelismo y su incidencia en las clases virtuales en la USCO


Además de las lógicas del mercado y los lineamientos neoliberales de la educación por competencias, la decisión está motivada por un cúmulo de intereses políticos y relaciones de poder, contextualizando que la decisión y la situación se da en un momento concreto en el que nuestra casa de estudios ha sido contagiada por la pandemia del clientelismo y en estos momentos la elección de rector un escenario propicio para afianzar su poder burocrático, electoral y clientelar, como lo evidencié en los dos artículos publicados en este medio, titulados: “Elección de rector en la USCO: entre clientelismo y casas políticas”.


Desde este plano, hoy la USCO está inmersa en un panorama electoral para designar rector, máxima autoridad universitaria de acuerdo a la ley 30 de 1994. Las cartas ya están jugadas, el Consejo Superior Universitario eligió una terna que está conformada por Alberto Tamayo, Nelson Gutiérrez y Nidia Guzmán, siendo esta última, la candidata de la administración y quien mayor representa los intereses clientelares de las elites políticas. Ella, es la candidata que mayor polémica genera, no solo por los apoyos que tiene y las redes clientelares que encarna, sino porque además en las pasadas elecciones en la que resultó electa – por obvias razones ya que se enfrentó a dos candidatos débiles electoralmente hablando: Miryam Lozano y Luis Alfonso Albarracín-, estuvo claramente viciado por conflicto de intereses y maniobras politiqueras, lo cual generó que Nidia fuera suspendida provisionalmente, en un primer momento, y en un segundo momento, la sección quinta del Consejo de Estado en octubre de 2019 declaró nula la elección de rectoría para el periodo (2018-2022).


No obstante lo anterior, y entendiendo que la señora Nidia Guzmán cuenta con padrinos políticos muy poderosos (como lo es la casa política de los Villaba) y a sabiendas que el Consejo Superior Universitario ha estado al servicio del clientelismo y no del sentido académico e investigativo de la Universidad, volvió a quedar incluida en la terna a pesar de que el mismo Consejo de Estado reconoció un claro conflicto de intereses, y no solo supo jugar sus cartas para que quedara en la terna sino que además nuevamente supo acomodar las reglas de juego para excluir a ciertos aspirantes que contaban con mayor potencial académico y electoral, acalorando que -a mi juicio- ninguno representaba un proyecto de Universidad pertinente, sino con el ánimo de poner de relieve que en el caso hipotético en el que fueran seleccionados en ese filtro antidemocrático otros aspirantes con larga trayectoria académica, a Nidia Guzmán le hubiera tocado más difícil la contienda, debido a su bajo nivel discursivo, su ilegitimidad, el incumplimiento de acuerdos político-burocráticos previos y los escándalos que han enlodado su nombre. Empero, en el desarrollo de la actual campaña, la consolidación de equipos de trabajo y el afianzamiento de apoyos de cada uno de los aspirantes que sobrevivieron a la terna, el panorama electoral, a diferencia del 2018, no es del todo favorable para la candidata del continuismo encarnado por la doctora Nidia. Esto, debido a que, si bien la burocracia, los contratos y las prácticas clientelares cumplen su papel en el sentido de ratificar apoyos, asimismo hay que tener en cuenta lo siguiente:


  • Si bien es difícil que el voto en blanco logre sacar más del 50% del total de la votación para que se repitan las elecciones, si ha venido posicionándose como una apuesta política interesante que logra poner en entredicho la actual contienda y los problemas estructurales de la Universidad, entendiendo que el problema no son los tres candidatos sino el mecanismo de elección y las estructuras políticas y clientelares que se han tomado nuestra casa de estudios y poniendo el debate sobre la necesidad de modificar democráticamente los estatutos que rigen a nuestra casa de estudio; por ejemplo, eliminando la terna a sabiendas de que esta permite un juego burocrático en el que no necesariamente quedan seleccionadas las mejores hojas de vida, los mejores perfiles y las apuestas programáticas más pertinentes. Por consiguiente, el voto en blanco ha venido conquistando apoyos significativos canalizando así un cierto descontento de la comunidad académica (principalmente en docentes y estudiantes de la sede de Neiva), quienes creemos que la Universidad debe tomar otro rumbo.


  • Por su parte, la campaña de Nelson Gutiérrez ha venido creciendo, principalmente en estudiantes y docentes de la Sede de Neiva y en ciertos estudiantes de las sedes. Prueba de lo anterior, ha sido el apoyo de varios profesores de planta de la Facultad de Economía y Administración, la Facultad de Salud, la Facultad de Ciencias Jurídicas y Política, entre otras. Ha recibido apoyos claves como: uno, el exrector, Pedro León Reyes Gaspar, entendiendo que en las contiendas electorales de rectoría, la Facultad de Salud ha sido estratégica dado que de las siete facultades del claustro educativo es la que tiene más docentes de planta, además de la incidencia de Reyes en esta facultad, quien también fue decano de la misma; dos, Hipólito Camacho, quien fue rector encargado y excandidato a la rectoría en el 2014, obteniendo la segunda votación después de reyes; tres, los exdecanos Fabio Salazar (Sociales y Humanas), Carlos Aguirre (Facultad de Economía y Administración), Mauricio Duarte (Facultad de Ingeniería), Mario César Tejada (Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas); cuatro, docentes de trayectoria en la Universidad como Hernando Gil, Luis Fernando Bonilla, Betuel Bonilla Rojas, Miriam Lozano, Carlos Martínez, Alfredo Vargas; quinto, el excandidato a la rectoría, Gustavo Briñez, quien es un gran académico de la región, sin que esto implique que legitimo o considero apropiada la propuesta programática del doctor Nelson, sino en el sentido de dar cuenta de cómo este candidato ha venido recibiendo apoyos significativos y tiene grandes posibilidades de ganar teniendo presente que los docentes (principalmente los de planta) son los más determinantes en las elecciones de rectoría.


Ahora bien, esto no implica que se subestime la capacidad electoral de Nidia Guzmán, ya que el clientelismo y el pago de favores políticos cumple su papel y esto le permite concretar apoyos significativos, como lo es el exrector Jorge Antonio Polania, quien también fue aspirante a la rectoría para este periodo, Alfonso Manrique, Fredy Escobar Macualo, Luis Alberto Cerquera (exrector); además, por un lado, pese a que el voto de egresados tan solo representa el 10% del total de la votación (ponderado), tiene el apoyo de Julián Salas que ha ganado las dos últimas elecciones de la representación a egresados ante el Consejo Superior Universitario con una amplia diferencia; y por otro, su candidatura es respaldada por varios estudiantes de la Facultad de Educación y de contratistas; estos últimos siempre han sido la base con la que la administración consolida sus equipos de campaña y su base electoral.

No obstante, este no es el mismo contexto que se vivía cuando ella ganó en el 2018, en el que la doctora Nidia Guzmán se enfrentó a Miryam Lozano y Luis Alfonso Albarracín, ambos candidatos no tenían ni la más mínima posibilidad de ganar, además que los dos eran de la misma facultad, lo cual conllevaba a que se dividieran la votación. Además, los escándalos que han enlodado a Nidia son cada vez más fuertes y esto le resta apoyo de ciertos actores claves de los estudiantes y profesores. Por consiguiente, los profesores catedráticos son un fortín electoral importante debido a que estos pueden ser más maleables a sus intereses debido a que su permanencia depende, de cierto modo, de la voluntad y la afinidad con los Jefes de Programa y Decanos y se presta para amarar su apoyo. Esto teniendo presente que Nidia, cuenta con ciertos apoyos significativos de personas que ostentan cargos importantes en la Universidad; basta con resaltar que, Leonel Sanoni Charry Villalba, Decano Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, en su calidad de representante de los decanos ante el Consejo Superior Universitario votó por Nidia Guzmán para que fuera incluida en la terna.


Así las cosas, es posible que, de ser suspendido el calendario académico, y debido a la crisis financiera, a los docentes catedráticos no se les paguen las horas que dejarán de orientar en el caso hipotético de la suspensión del semestre -como ha pasado en otros momentos-, ya que a ellos se les paga por hora cátedra. Lo anterior supone un debilitamiento de su capacidad electoral porque estos, ante los argumentos expuestos, son vistos por la administración como “el salvavidas” de las elecciones a raíz de la fuerza que han ido perdiendo en estudiantes, y principalmente, en el profesorado. Precisamente, esa es la razón de fondo que conlleva a que hoy la Universidad continúe en clases virtuales, a sabiendas de que la situación de la pandemia está cada vez más complicada. Como se mencionó arriba, los docentes son los actores que más inciden tienen en las elecciones de rectoría, por el siguiente argumento: pese a que el estatuto general estipula un ponderado total del 45% para estudiantes, 45% para docentes y 10% para egresados, el asunto es que los docentes tienen mayor potencial electoral (de allí la importancia de los votos de los docentes catedráticos para Nidia Guzmán), en tanto los docentes tienen mayores tasas de participación, a diferencia de los estudiantes que tenemos unas tasas muy bajas de participación electoral; sumado al hecho de que varios docentes inciden en determinados estudiantes, por ejemplo los que son monitores y los integrantes de Semilleros de Investigación.


Del mismo modo, y en esto quiero ser enfático, independientemente de cuál haya sido o siga siendo la postura del Consejo Académico frente a la suspensión o no del calendario, estos no pueden seguir pensando que son ilustrados y que conocen las realidades de la comunidad académica, no pueden seguir siendo autoritarios tomando decisiones por toda la Universidad. La decisión no se tomó desde abajo, aterrizando las discusiones en cada una de las facultades y programas académicos; por cierto: así como se piensan la utilización de herramientas tecnológicas para brindar una educación virtual, a propósito impertinente, poco reflexiva, debieron por lo menos tomarse la molestia de diseñar una encuesta virtual (de carácter vinculante) en la que la comunidad hubiese decidido qué es lo más apropiado en estos momentos; pero no, prefirieron tomar la decisión a puerta cerrada, porque como estamos en cuarentena y hay que encerrarle las puertas incluso a la participación y a la democracia. La decisión debió tomarse de manera responsable. En estos días se tomará otra decisión importante, que, a lo mejor, como estamos en tiempo de cuarentena se tomará a puerta cerrada para que no entren más virus; se trata de la elección del nuevo rector encargado, ya que el profesor de la Facultad de Educación, Pablo Emilio Bahamón Cerquera cumple seis meses en su cargo como Rector encargado el próximo 24 de abril, y el Estatuto General establece que el periodo de encargo es máximo seis meses. ¿Quién será el próximo rector encargado? ¿Bajo qué criterios se elegirá? ¿Qué papel jugará en las próximas elecciones a rectoría? ¿Garantizará transparencia en el proceso o será funcional a los intereses de X o Y candidato? ¿Cuál será el grado de participación e incidencia de la comunidad académica en su designación?


La Universidad Surcolombiana es funcional al sistema, no se piensa en la otredad, no dialoga con la sociedad; una Universidad que sigue secuestrada por los intereses clientelares y mezquinos de ciertos intereses. Una USCO que perdió su norte académico y hoy, debido a una decisión unilateral del Consejo Académico, está recibiendo clases virtuales, deshumanizando el sentido de la ciencia y la producción del conocimiento. Mientras cientos de estudiantes se encuentran preocupados por sus familias, amigos y compañeros, por su salud (tanto física como mental), por su subsistencia, la Universidad prefiere darle cumplimiento a un currículo, a unas metas e indicadores, perdiendo de vista que los estudiantes somos seres humanos que sentipensamos, que padecemos las desigualdades socio-económicas de este sistema degradante y deshumanizante; además, que pagamos matriculas muy elevadas en comparación con otras universidades públicas y nos merecemos una educación digna, de calidad, pertinente, humana y con un sentido investigativo y dialogante con el entorno, y no encerrados en una computadora absorbidos por la ola de globalización, alejados de la sociedad, del encuentro, la deliberación, el intercambio de experiencias y saberes con nuestros compañeros y docentes.


En estos momentos la Universidad debe ser el faro de la sociedad. Para esto, debemos recuperar el sentido crítico y democrático que debe caracterizar a una universidad pública, debemos profundizar los niveles de participación y luchar por la autonomía universitaria. Asimismo, la administración debe entrar en una fase de austeridad económica para que la prioridad no sea la burocracia y el pago de favores políticos, sino que sea la comunidad universitaria, las políticas de permanencia y el fortalecimiento de la investigación y la ciencia para responder a flagelos como este. Por último, se debe reflexionar sobre el momento concreto, planteando alternativas, dándole preponderancia a la salud física y mental de la comunidad universitaria y teniendo presente nuestro norte académico: la construcción de conocimiento para la emancipación humana.


Bibliografía

Beluche, O. (24 de febrero de 2013). La educación por competencias y el neoliberalismo. Recuperado de http://www.sinpermiso.info/textos/la-educacin-por-competencias-y-el-neoliberalismo

Dussán, M. (22 de abril de 2020). Virtualización de la educación superior. Recuperado de http://millerdussan.blogia.com/2020/032201-virtualizacion-de-la-educacion-superior.php

Pieñeros, Castaño, Devia, Pantevis, Jaramillo, Perdomo, Ibarra, Losada. (2020). Caracterización de las condiciones de los estudiantes de la Universidad Surcolombiana para acompañar virtualmente las actividades académicas durante la cuarentena por la pandemia del COVID-19. Neiva, Huila: Universidad Surcolombiana.


* Estudiante de Ciencia Política -Universidad Surcolombiana. Director del Centro de Investigación e Inter-acción Social del Sur Colombiano (CEIINSO). Integrante de la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios (ACEU)


LA GUACHAFITA