• Mauricio Muñoz Escalante*

Diseño urbano antipandémico


Ciudad Bolívar, Bogotá (Fuente: Agencia de noticias Universidad Nacional, 2017).


Llegan unas fotos de los Campos Elíseos y de Times Square y de la Plaza de San Marcos sin las hordas de turistas y habitantes que las hacen tan apetecidas, y entonces pensamos que la cosa está grave. Un artículo que menciona a Gilles Lipovetsky dice que las imágenes de ciudades desoladas nos impactan porque recrean los escenarios apocalípticos a los que nos tiene acostumbrados el cine de Hollywood. Y mientras estamos en aislamiento preventivo cobra vida el ideal que nos vende el suburbio: «en el campo, pero cerca de la ciudad». Nos suena lógico que cada familia tenga su propio antejardín y su propio patio, y que las casas no compartan fachadas, sino que cada una esté solita como un islote en medio del verde primaveral, los árboles floridos y el acceso al garaje bien pavimentado… Eso, y que la pizza no nos llegue de la mano de un hombre sudado y cobrizo, sino en un robotcito lo más de cuco que tiene Domino’s (y eso que los «sudados-cobrizos» somos nosotros).


El problema es que la cuarentena se va a acabar, por aburrimiento o porque ceda el virus, y entonces tendremos que salir a vivir de nuevo en nuestras ciudades, esas feítas con 47% de informalidad laboral y 99% de la urbana, sin trenes de cercanías ni autopistas, ni carros eléctricos que se conectan al medidor de la casa para que, en caso de que no gastemos toda la energía acumulada en la batería, ésta se vaya por arte de magia a iluminar otra y nos llegue más barato el recibo a final de mes.


Wikipedia dice que terminando el siglo XIX, Ebenezer Howard propuso un esquema urbano llamado Ciudad Jardín que tomó forma final en el suburbio estadounidense. Leemos que, según sugiere Denis Dutton, ese tipo de desarrollo es idílico desde el punto de vista de los imaginarios colectivos, tan viejos como el mismo homo sapiens. Un amigo nos envía un enlace de Rem Koolhaas que habla de la urbanización infinita, de «Sansan», que viene siendo Los Ángeles pero extendida, o sea una megalópolis desde San Diego hasta San Francisco: una «mancha» de 500 millas de larga, de casas y casas, comercio local e industria de bajo impacto, bulevares y actores de series enlatadas de Netflix a $16.900 por mes. Y vemos a Alanna Shaikh en TED diciendo que el problema es que los humanos estamos llegando hasta límites inimaginables y eso necesariamente nos pone en riesgo, que la naturaleza tiene sus bichos, y cada vez que corremos lo salvaje un centímetro adentro entramos en contacto con millones de ellos, que el problema de fondo no es el Covid-19 sino el crecimiento desaforado de la población humana. Google nos ofrece 9.220.000 resultados en 0,57 segundos sobre control demográfico. Hacemos clic en las Piedras Guía de Georgia, donde se recomienda mantener la población de la tierra por debajo de 500 millones. Eugenesia arroja 524.000 resultados en 0,45 segundos.


Pero el problema radica es en dónde y cómo acomodarnos, o sea, en la planificación del territorio. Deberíamos aprovechar las horas eternas de la cuarentena a pensar cómo viviremos ante esta nueva determinante de diseño urbano global, que según expertos y aficionados nos va a acompañar con cualquier cantidad de nombres de aquí en adelante. Llevamos 70 años (que es lo que tienen las facultades de arquitectura en Colombia) repitiendo que el Barón Haussmann hizo tal y Robert Moses pascual; que Patrick Geddes opina esto y Jane Jacobs aquello, pero no ponemos la primera piedra… Y paradójicamente nos creemos hijos de una camada especial, anunciamos tener la varita mágica, conocer la piedra filosofal, saber dónde ponen las garzas, y anunciamos con desfachatez que existe otra modernidad, que no necesariamente las ciudades son divertidas y densas, como Nueva York y Londres y Barcelona y París; o igualmente vivas y complejas pero réquetepobres, como Dhaka y Mumbai y Manila y Lagos. Que existe otra opción.


¿Cuál?


(Se solicita hacer la tarea sin consultar en internet. Se pide, en su lugar, asomarse por la ventana)

* Profesor de la Universidad Antonio Nariño


LA GUACHAFITA