• Mauricio Muñoz Escalante*

Ojos que no ven, obras en un santiamén


Valla obra intercambiador vial Neiva, 2019 (Fuente: archivo personal).


Mi amigo Dickens Meyerber cree que la mejor forma de empezar el año es estrenando ropa la noche del 31 de diciembre. La fortuna nunca le ha sonreído, pero él sigue empecinado en que algún día el agüero se le cumpla. Igual pasa en Neiva, pero a escala municipal: al alcalde saliente le dio por estrenar la obra del intercambiador vial, a como diera lugar, hubiera o no razones para celebrar.


Dicho y hecho. Llegado diciembre, sin las pruebas de carga que obliga la norma CCP-14, según se lee en el documento Construcción de puentes vehiculares en vías secundarias o terciarias (del Departamento de Planeación Nacional - DNP, que respaldó la construcción), se estrenó sólo medio carril, sin señalización, y ese mismo día salió a volar por los aires un motociclista, que «sintió el power» de su AKT y casi se va para el Edén.


El afán era que el gobierno entrante no recibiera ningún crédito. La valla decía Carlos Julio González (Gobernador), Rodrigo Lara (Alcalde), y Josué Benavides (Gerente SETP), el combo saliente, y no podía ser de otra forma. Por nada del mundo podía decir Luis Enrique Dussán (Gobernador); Gorky Muñoz (Alcalde), y Juan Carlos González (Gerente SETP), que es la gallada nueva, porque entonces habría que imprimir otra valla, y eso sí que no. Igual que ocurre con los calzones amarillos del último día del año, lo importante era estrenar así no se pudiera entregar.


La pregunta obvia es cuál crédito. La obra, que debía ser un hito, será más bien un solo lunar. Porque lunares—peludos, peludos, melan, melancudos—serán los que le salgan: que la glorieta quedó con radios de giro inferiores a los que necesitan los vehículos de carga pesada (que eran para los que se hizo el paso a desnivel); que los empalmes con las vías existentes no coinciden, lo que obligó a construir unos pompellanos (cuando los puentes se hacen precisamente para no disminuir la velocidad); que olvidaron el puente peatonal (nada menos y nada más), que según el dibujo de la valla era de lo más importante; etcétera. Esos son los lunares que ahora señala la veeduría, que como ente fiscalizador deja mucho que desear, pues debió «verlo» cuando por primera vez los obreros replantearon el terreno y no «verlo» dos meses después de «estrenado», pintado y con maticas, que es como los ingenieros y los arquitectos tapan sus errores.


Pero no le veo mucho futuro a esas quejas. ¿A quién pedir cuentas cuando todos los involucrados están en el mismo bando? Cuatro años estuvo la valla puesta a plena luz del día, diciendo en letras de molde lo impresentable: Constructor, «Consorcio intercambiador Usco» e Interventor, «Consorcio intercambiador Usco». El que tenga ojos para ver, que vea.


* Profesor de la Universidad Antonio Nariño


LA GUACHAFITA