• Laura Penagos Peña*

Rogelia Cruz Martínez y el compromiso revolucionario por la causa guatemalteca



El nombre de Rogelia Cruz Martínez se encuentra ligado al convulso contexto de violencia y represión guatemalteco y de América Latina; en donde las y los mártires suman por doquier. La historia de ésta mujer se desarrolló en un contexto de represión y guerra, que le costó la vida, dada su militancia en las Fuerzas Armadas Rebeldes –FAR- pues fue brutalmente asesinada, se dice que a manos del coronel Máximo Zepeda.


Sus inicios en la vida pública datan desde 1959, cuando participó en el Miss Universo en representación de su país, para posteriormente regresar, finalizar sus estudios en la normal e ingresar a la universidad, donde inicia en firme su militancia y compromiso, frente a la causa guatemalteca.


Su paso por el Miss Universo se dio en medio de la implementación de una política enfocada en la persecución y captura de comunistas; mientras que la Dirección General de Turismo de Guatemala y la Cervecería Centroamericana S.A., realizó una convocatoria a todas las jóvenes, para que hicieron su inscripción en el concurso nacional de belleza, en el cual se eligió a la nueva Miss Guatemala que representó al país en Long Beach, California.


Al llamado, acudieron cincuenta jóvenes dentro de las cuales se encontraba Rogelia, una hermosa morena de ojos verdes, quien resultó ganadora con tan sólo 19 años. Al evento de coronación asistieron personalidades influyentes de la política para la época, pero mientras que el embajador de los EE.UU. imponía la banda a la nueva Miss Guatemala, el país presenciaba las bombas que retumbaron en el arzobispado de Tegucigalpa y la embajada estadounidense.


Una vez coronada como la nueva Miss, Rogelia dio las primeras muestras de su pensamiento crítico, pues no siguió el guion que le dieron en el Instituto de Turismo, si no que se refirió al contexto de su nación, de una forma muy auténtica y personal. Luego de su participación en el certamen, en octubre del mismo año, culminó sus estudios de Maestra en Educación Primaria y meses después, ingresó a la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), a la carrera de arquitectura.


En su etapa como estudiante universitaria, hizo parte de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) y en el año de 1962, tras el asesinato de tres líderes estudiantiles, luego del llamado a huelga general que lanzó el Consejo Superior Estudiantil de la Usac contra las políticas represivas del gobierno del entonces presidente Miguel Ydigoras Fuentes, la coyuntura propició la creación del Movimiento 12 de Abril, grupo guerrillero del cual Rogelia hizo parte del comité clandestino, que contó con la participación de estudiantes universitarios de instituciones de educación superior públicas y privadas, alimentado en su mayoría, por el Frente Unido Estudiantil Guatemalteco (FUEGO).


La participación de Rogelia en la creación de esta guerrilla fue vital, no sólo desde lo operativo, sino desde lo intelectual, pues ella fue una mujer que se destacó por su fluidez e intelecto a la hora de dar a conocer sus ideas, además de mostrar un espíritu de cuidado hacia los demás, pues desde muy pequeña, asumió la crianza de sus hermanas menores; las gemelas, a quiénes educó con la entereza y el amor de una madre. Su compromiso por la causa fue tal, que siempre arriesgaba su seguridad, transportando armas, personas y ofreciendo su casa, para que fuera el centro de operaciones del grupo guerrillero, igualmente su hogar fue hospedaje ocasional del comandante guerrillero Turcios Lima.[1]


En la primera etapa de construcción de la FAR, se dieron debates complejos y acalorados, mientras se definía con claridad la línea política que debía trazar los derroteros de la lucha revolucionaria de la organización, en los cuales, la opinión y participación política de Rogelia fueron destacados. Para 1966 la guerra recrudecía y las políticas contrainsurgentes fueron devastadoras para el movimiento, cobrando muchas vidas y poniendo en riesgo la seguridad de la mayoría de sus líderes, en medio de un panorama político donde recrudeció la guerra contra la izquierda y ad portas de las elecciones presidenciales, que tenía en contienda a los hermanos Méndez Montenegro. Uno de ellos firmó un pacto con los militares, que trajo consigo el asesinato de 33 militantes del Partido Guatemalteca del Trabajo (PGT), en una masacre que fue conocida como “el caso de los 28 desaparecidos”, hecho que puso a prueba el compromiso de una mujer, que siempre mantuvo su firmeza hacia la causa guatemalteca.


Como respuesta a la masacre de los militantes del PGT, la FAR secuestró a tres altos funcionarios del gobierno, aunque posteriormente determinó dejarlos en libertad, pues uno de ellos logró huir y aparentemente el gobierno nacional, no mostró el mayor interés por gestionar acciones que permitieran el resto de liberaciones; no obstante se dice de forma extraoficial que las liberaciones se hicieron efectivas, gracias a un intercambio de prisioneros, en donde una tía de Rogelia, fue clave para la negociación.


Luego de estos hechos, el 27 de agosto de 1965 Rogelia y sus hermanas, fueron apresadas bajo el delito de infringir el decreto 9 “ley de defensa de las instituciones democráticas”; no obstante, fueron puestas en libertad, dado que no encontraron ninguna prueba que las vinculará con dicho delito, lo que hoy conocemos como “falso positivo judicial”.


Dos años después de ese incidente y con una persecución sistemática, Rogelia viajó en un automóvil rumbo a la ciudad de Queltzaltenango, a reunirse con Leonardo Castillo Johnson, su pareja sentimental e hijo de un miembro histórico del PGT, desaparecido y torturado. De este viaje se relata que al parecer ella se encontraba con una niña, quien a modo de juego le cegó los ojos, ocasionando un trágico accidente, que cobró la vida de la menor y causó heridas graves en ella. Una vez en el hospital de Chimaltenango, la policía acudió ágilmente para apresarla; no obstante, su familia realizó acciones legales, que finalizaron con su liberación en diciembre de1957.


Luego de recobrar la libertad, Rogelia se mudó a la casa deun tío, pero al poco tiempo Leonardo Castillo Johnson, solicitó que le permitieran llevársela, pues él y su organización, podrían cuidarla mejor y brindarle condiciones de seguridad más adecuadas, pedido al cual la familia accedió, aunque días después, el 8 de enero de 1968 se supo que Rogelia junto con otra mujer, habían sido secuestradas por grupos desconocidos, -lo que en la actualidad denominamos grupos “paramilitares”- por lo que su familia, de nuevo acudió a la Corte Suprema de Justicia, interponiendo un recurso de habeas corpus, para exigir respuestas frente a esta desaparición.


En el diario de circulación nacional “Diario imparcial” se documentó todas las amenazas en las cuales Rogelia había sido víctima, lo que generó un pronunciamiento por parte de las autoridades gubernamentales, en las que señalaron al habeas corpus como un mecanismo mezquino en donde “se denigra y atenta contra la dignidad de los jueces y magistrados del organismo judicial y contra la majestad de la justicia[2]”.


Su cuerpo sin vida fue hallado bajo el puente del arroyo Culajaté, en el kilómetro 84 de la vía conduce a Escuintla con Santa Lucía en Cotzumalguapa, con fuertes signos de tortura y degradación humana, junto con el de 11 campesinos más. Esta nueva masacre pasó ligera por la prensa nacional, y ante el asesinato de Rogelia en particular señalaron que fue un ajuste de cuentas contra la FAR.


El presidente Julio César Méndez, solicitó al entonces jefe de la policía Máximo Zepeda, emprender una exhaustiva investigación, con el fin de aclarar los hechos de este brutal crimen, aunque toda Guatemala sabía que Zepeda estuvo comprometido conel crimen. Tiempo después éste fue cónsul en Chiapas y posteriormente le fue otorgado el grado de general, por su compromiso con la lucha antisubversiva, aunque se comprobó que conformó el grupo paramilitar “Nueva Organización Anticomunista –NAO-” famoso por su célebre consigna “comunista vivo, comunista muerto”. Éste tras bambalinas se jactaba de haber planeado y ejecutado este horrendo crimen, en donde no sólo se comprobó la violencia física, psicológica y sexual, por la que tuvo que pasar en los días de secuestro; sino que se documentó que Zepeda hizo particular referencia de su paso por el Miss Universo y condenó de manera vehemente su siempre afinidad y militancia con la izquierda.


Hoy día en la universidad que años atrás la vio cursar sus estudios de arquitectura, existe un mural en donde se recuerda la figura de una mujer que fue víctima de la dictadura que cobró la vida de cientos de personas, que como ella soñaban con una Guatemala y Latinoamérica al alcance de nuestros sueños.



[1] Entrevista a César Montes, en El Olvido de la Memoria de Rogelia Cruz. Juan Carlos Vásquez Medeles. Revista de Estudios Históricos. Página. 180.


[2] “Piden exhibición personal de la señorita Rogelia Cruz M.”, El Imparcial, Guatemala, 11 de enero de 1968, p. 2. En El Olvido de la Memoria… P. 184.


* Lic. en Lengua Castellana Universidad Surcolombiana de Neiva. Mag. Estudios de la Cultura Mención Literatura Hispanoamericana, de la Universidad Andina Simón Bolívar- Quito- Ecuador-. Trabajo temas de niñez y juventud, especialmente jóvenas en condición de habitabilidad de calle y vulneración de derechos en el Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud IDIPRON.


LA GUACHAFITA