• Sebastián Enrique Farfán*

A propósito del paro, sugerencias para lo que viene


Foto: Cortesía Opanoticias

Después de unas elecciones polarizadas, capitalizadas a través del miedo y con un descontento generalizado por la dinámica electoral, se generaron grandes desafíos para quien asumiera el rol de presidente. En la posesión presidencial de Duque, el discurso de Macías mirando al pasado y el del mismo Duque mirando al futuro, contrario a lo que probablemente esperaron, que era forjar una posición de esperanza en la retoma del rumbo, terminó aumentando el descontento que causaron las elecciones.

Tras un poco más de un año de gobierno, Duque no ha logrado acoger la desesperanza y convertirla en ilusión. Lo conveniente habría sido atender los descontentos y transformarlos en bienestar para los ciudadanos. Todo lo contrario, los primeros meses de Duque no solo no han marcado una ruptura en términos de bienestar, sino lo contrario. Las grandes reformas planteadas desde el gobierno lejos de recoger las deudas históricas en términos sociales, las ha aumentado. La misma fórmula que, a muy grandes rasgos, ha marcado la política en Colombia los últimos años: exenciones tributarias y beneficios para los más poderosos -con la justificación de que son los llamados a generar bienestar-, más tributos y cargas para la clase media y olvido para los vulnerables.

Bajo este contexto y con un sin número de cuestionamientos por la implementación del Acuerdo de paz, la integridad de los líderes sociales y el futuro educativo, laboral, tributario y pensional de los colombianos, se hace el llamado al paro el 21 de noviembre. En principio, de un solo día, pero prolongado hasta día de hoy. Tal vez una de las más grandes expresiones de la ciudadanía colombiana en la historia reciente y que nos recuerda que el poder soberano del Estado radica en el pueblo.

El paro, en este sentido, recoge la desesperanza y el descontento ciudadano y marca desde la sociedad civil una ruptura o discontinuidad en la política. Genera espacios de reflexión, participación, convergencia y unidad. Se apropia de la expresión misma del poder popular y recuerda que desde abajo se puede generar contrapoder hacia arriba. Se apropia de manera poco esperada de la esperanza y el progreso que los gobiernos han quedado debiendo.

A pesar de lo anterior, se hace necesario reflexionar sobre los grandes retos que las protestas deben superar para generar resultados que trasciendan el sentir de esperanza y unidad para, por fin, consolidar las transformaciones en deuda. Así, desde una mirada de cara a la realidad, se mencionarán algunos de los desafíos a superar:

1. Narrativas

Casi con certeza se puede decir que la principal estrategia del gobierno para contener el paro y sus reclamos es la construcción de narrativas que buscan atacar la legitimidad de las manifestaciones. En este sentido, han ejercido una especie de batalla por la narrativa para desprestigiar las manifestaciones a través de innumerables repeticiones de términos como vándalos y/o bandidos, sumado a un despliegue mediático de las escenas de violencia que han surgido en las protestas. Parece que la mejor manera de no atender las exigencias es atacar la forma y no el fondo de las manifestaciones. Así, para los manifestantes es imprescindible la protesta inteligente, esto quiere decir que se mantengan dentro de los límites de lo amparado constitucionalmente para contener la narrativa del gobierno. Hacer visible la estrategia de construcción de narrativas falsas por parte del gobierno es otra forma de cuestionarlos. En ese sentido, la batalla por la narrativa solo se puede ganar con la realidad y la defensa de la manifestación pacífica. La evidencia en Colombia ha mostrado -incluso con las FARC- que la violencia jamás ha logrado nada en términos de reivindicaciones sociales. Al contrario, ha servido de justificación para los gobiernos para no atenderlas.

2. Redes sociales

Las redes sociales pueden tener efectos duales, pueden ser utilizadas para construir falsas narrativas y debilitar la democracia a través de Fake News, como también pueden servir para su fortalecimiento al democratizar la información, hacerla accesible y fortalecer el debate democrático. El desafío aquí consiste en el buen manejo de la información de manera que sirva a la democracia y no contra ella. Por ello es menester relacionar la protesta inteligente con un nivel -si quiera mínimo- de pensamiento crítico. No todo lo que se dice es cierto, por lo que, con el fin de darle autoridad a las manifestaciones, cada uno de los manifestantes deberán reflexionar sobre la información que reciben y divulgan en relación con los motivos y las propuestas del paro. Ello permitirá, además, contrarrestar el falso discurso presentado por quienes niegan el carácter legítimo de las marchas con expresiones como el famoso “estudien, vagos”. Los trabajos conjuntos de los jóvenes para hacer visibles los mitos y las verdades detrás de las manifestaciones son un claro ejemplo de la formación y el trabajo de los estudiantes. En este sentido se debe felicitar a todos los jóvenes que están trabajando en asambleas locales para estos propósitos y animarlos a continuar. Promover la discusión y la reflexión a través de los diferentes medios es una excelente forma de fortalecer la democracia, generar reflexión, avivar al adormecido y generar la articulación necesaria para promover un cambio.

3. Exigencias

Después de un mes de paro las partes deben ser claros en la búsqueda de una solución negociada a la crisis. Esto implica, por un lado, el reconocimiento de los errores por parte del gobierno y por el otro, planteamientos claros para la terminación de las protestas. En este sentido es imprescindible un relacionamiento entre reclamantes y gobernantes con el fin de alcanzar consensos en puntos de controversia. Así como todo diálogo sin metodología y disposición para el cambio es carreta -caso del gobierno-, toda exigencia a rajatabla rara vez conduce a resultados satisfactorios -caso del comité del paro-. Por el contrario, estas situaciones pueden conducir a que se radicalicen las posturas y la conflictividad termine en peores condiciones. A no ser que se quiera una escalada del conflicto que pueda terminar en más violencia, vulneraciones de derechos ciudadanos y en un deterioro mayor de la democracia – que espero nadie quiera-, las partes deben sentarse con metodologías claras con vocación al cambio y propuestas sensatas. Lo ideal es centrarse en objetivos más que en posiciones para soluciones de beneficio mutuo.

4. Constancia

La movilización ciudadana de este año ha recogido el descontento y lo ha transformado en esperanza. Ha generado una ruptura política que le recuerda a la gente que el poder radica en el pueblo. La reflexión, la convergencia y la unidad de las manifestaciones dejan ver una ciudadanía activa. Nada de lo anterior puede desvanecerse bajo ningún escenario. En principio, se debe tener mucha constancia para continuar con manifestaciones inteligentes y críticas hasta lograr negociaciones y salidas satisfactorias. De no lograrse, aún debe haber constancia para mantener la llama de la esperanza encendida para que, en las próximas elecciones, sigamos reflexionando, desmitificando falsas narrativas y teniendo presente que, el poder, está en nosotros. No dudaremos en ejercer nuestro poder a través del voto y de llegar el caso, de manifestarlo en las calles.

* Estudiante de Derecho y Ciencia Política en la Universidad de los Andes.


LA GUACHAFITA