• Carlos Tobar

Notas varias en época de turbulencias


Foto: Francy Villareal | Cortesía Caracol Radio

Una enfermedad que me ha aquejado con persistencia a lo largo del mes de noviembre me ha obligado a suspender buena parte de mi actividad intelectual. Entre otras cosas, estas columnas de opinión en las que procuro hacer análisis de situaciones que aquejan la vida de las gentes. Aunque alcancé a reseñar los sacudones sociales que se extienden como incendio en pradera seca a lo largo de América Latina y, llamé a participar en el paro del 21 de noviembre, no pude analizar para mis fieles lectores esta jornada política nacional que está transformando el panorama social y político del país.

Digamos para empezar, que la movilización del 21N es la más amplia y profunda manifestación social de indignación con el régimen político imperante. Es la reacción espontánea de las mayorías sociales: trabajadores asalariados, informales, campesinos, estudiantes, maestros, mujeres, clases medias urbanas, transportadores, comerciantes, pequeños, medianos e incluso grandes empresarios no monopolistas…, a quienes el modelo neoliberal impuesto ya desde hace 29 años, refinado y profundizado año a año, gobierno tras gobierno, ha sumido en la desesperanza y la parálisis.

No creo que la ciudadanía tenga claro como el sistema de saqueo funciona, pero si palpa en los malestares de la vida cotidiana: tarifas de servicios públicos confiscatorias, impuestos a los artículos de la canasta familiar que encarecen los mismos, precios de energía, combustibles y crédito escandalosamente altos, las tarifas de transporte cada vez más caras, etc.

A esto y mucho más es que ha reaccionado la ciudadanía. Y, en una forma que ha sorprendido al gobierno y a los mismos convocantes. La portentosa reacción social es superior a sus dirigentes, pero, no se equivoquen, es el comienzo de formas nuevas de hacer política que van a transformar las instituciones políticas de todos los matices y colores. Sobre todo, a las fuerzas progresistas que están obligadas a leer a profundidad el querer y el sentimiento de las masas trabajadoras para responder con un régimen social en el que quepamos las mayorías.

Es grato encontrar en el turbión de los acontecimientos que, dirigentes de gran solidez política y arraigo social, como Jorge Enrique Robledo, haya interpretado a cabalidad el sacudón político de Colombia. Es muy importante que sea así, porque es la prenda de garantía de que el rumbo del movimiento no pierda el rumbo y con paciencia y gran tino alumbren con sus luces el camino de la insubordinación social. Los tiempos presentes y por venir exigen la presencia de personajes del talante del senador Robledo de quién, además nos congratulamos por su elección por octava vez, de forma consecutiva, como el mejor senador del país.

Una nota final sobre los nuevos gobiernos que en gobernación y alcaldías se posesionarán el primero de enero próximo. De norma general, el palo no está para cucharas, los rotos presupuestales por la centralización de recursos del gobierno nacional los pueden convertir en notarios de la negación de los derechos sociales de los huilenses. La reorientación debe ser total, incluso la de las relaciones de subordinación con las instancias centrales.


LA GUACHAFITA