• Jaime Navarrete*

SANTOS. Paradojas de la paz y del poder


María Jimena Duzán, periodista y politóloga Colombiana, reconocida por su desempeño en grandes medios de comunicación como El Espectador y El Tiempo, y merecedora del premio de Periodismo Simón Bolívar en 2005. En su última obra, Santos, paradojas de la paz y del poder, nos presenta una exhaustiva diseminación de uno de los hechos políticos más trascendentales de los últimos tiempos en Colombia: los Diálogos de Paz, que se realizaron por más de cuatro años entre el Gobierno liderado por Juan Manuel Santos y la extinta guerrilla de las FARC-EP, en La Habana, Cubana.

Editorial Debate, 2018. 401 p. $.49.000

Presentada en 2018, esta obra de 19 capítulos, nos trae secretos del proceso de negociación entre la exguerrilla y el Gobierno, los duros momentos de tensión y desconcierto luego de la pérdida del Plebiscito en 2016, curiosidades sobre el otorgamiento del premio Nobel de Paz a Santos, y los personajes claves detrás de la renegociación del Acuerdo con los promotores del No.

En el primer capítulo, La antesala de la victoria, Duzán nos transporta a una semana antes de que se celebrara el Plebiscito, ese histórico 2 de octubre: "me encontré con el presidente JMS en un almuerzo en la Revista Semana", de manera muy detallada y explicita continúa: "le pregunté si abrigaba alguna duda de ganar el Plebiscito, y con esa arrogancia que tienen los tímidos dijo: Vamos a ganarlo…No por mucho, pero vamos a ganarlo".

Así comienza el recuento de este sorprendente libro, en el cual María Jimena, se detiene a ahondar en la historia de la familia Santos, allí son vitales no solo fuentes documentales, como la indagación que realiza en la Biblioteca de Historia Familiar de Salt Late City, sino testimoniales facilitadas por Enrique Santos, hermano mayor del presidente, con quién sostiene una amistad de más de 30 años.

Se encuentra frente al árbol genealógico de una familia de gran trascendencia histórico-política en Colombia, que surge en 1737, con el nacimiento de Pedro Santos, quién sería el patriarca de una familia de políticos, poetas, periodistas, y hasta revolucionarias independentistas, como Antonia Santos (1782-1819), conocida con la “guerrilla de los santos”, quién fue fusilada en la retomada del Virreinato de la Nueva Granada dirigida por Morillo.

Entre esos lazos vinculantes se haya también, el expresidente, Eduardo Santos (1938-1942), quién adquirió el periódico el Tiempo, para la familia Santos en 1913, cuando lo compró a su cuñado, Alfonso Villegas, quién lo había fundado dos años antes.

Juan Manuel, proviene de la generación del hermano de Eduardo Santos, su abuelo Enrique Santos, apodado “Calibán” en el mundo periodístico, quién hizo tener tres hijos Enrique Santos Molano, Hernando y Enrique Santos Castillo, este último editor general del tiempo por varios años, quién tuvo a su vez, con Clemencia Calderón, a Enrique, Luis Fernando, Felipe y Juan Manuel Santos Calderón, presidente de la República de Colombia, en dos períodos 2010-2014, 2014-2018, además de premio Nobel de Paz en 2016, padre de tres hijos, que seguramente entrarán en el ajedrez de la política y el periodismo que es donde han jugado esta familia por más de 200 años.

Narra el contexto en el que se iniciaron los diálogos de paz, llevados a cabo en La Habana, Cuba: "los primeros contactos con las FARC fueron epistolares y se dieron en el segundo semestre del 2010, de manera ultra secreta, luego de que el presidencia anunciara en su discurso de posesión que él tenía la llave de la paz", además de conocer el contexto, este libro nos permite unir hilos entre reconocidas figuras políticas y guerrilleras, sus acercamientos de diálogo y sus momentos de tensión, ocurridos en más de 50 años de conflicto.

Santos, al conocer tan bien a la guerrilla por haberla combatido ferozmente como Ministro de Defensa en el Gobierno de Uribe, atestando golpes contundentes como la muerte a Alfonso Cano, miembro del Secretariado, o al Negro Acacio, comandante del Bloque Central de las FARC, e igualmente por medio de operativos y operaciones de alto impacto como la Operación Jaque, que permitió la liberación de la excandidata presidencial Ingrid Betancourt, luego de varios años de secuestro en manos de las FARC-EP.

Todo esta dinámica bélica, según afirma Duzán, le hizo ver al presidente que la guerra nunca iba terminar si seguían confrontándose, porque por mucho que Uribe las hubiese acorralado con su Plan Patriota, enmarcado en su Seguridad Democrática, las FARC-EP, ya habían echado raíces en varios puntos estratégicos del territorio nacional, así que Santos, como presidente opto por tender puentes, allí fue clave el apoyo de Venezuela, dirigida en esa entonces, por Chávez, quién interlocutor con la guerrilla para abrir la posibilidad de un diálogo.

Santos, además de esta experiencia buscó apoyo de técnicos y expertos en temas de paz a nivel internacional, como Jonathan Powell, el jefe negociador del primer Ministro Tony Blair, que estuvo al frente de la negociación para acabar la guerra en Irlanda del Norte, e igualmente, obtuvo apoyo de Shlomo Ben Ami, un historiador, político y diplomático israelí a quién conocido en el Centro Internacional de Toledo por la Paz (CIT) en España.

Su séquito cercano conformado por Sergio Jaramillo, Frank Pearl, Alejandro Éder, y su hermano Enrique Santos, se le sumaron luego, Humberto de La Calle, Juan Fernando Cristo, Rafael Pardo, Elena Ambrossi, los senadores Roy Barreras e Iván Cepeda. En el transcurso del proceso, y como petición expresa del presidente, se sumaron los empresarios Gonzalo Restrepo, miembro de una tradicional familia comerciante de Antioquia, y Manuel S. Mejía, además del Almirante Romero, el brigadier general Álvaro Pico de la Policía, los Generales Óscar Naranjo, Martín Nieto, Carlos Rojas, y Mora, este último quién en el Gobierno de Uribe, había estado al frente del Plan Patriota, e igualmente el Ministro Villegas y el General Flórez, quiénes aunque llegaron al final del proceso, al igual que la canciller María Ángela Holguín, fueron claves para permitir llevar a buen puerto ese barco que hondeaba una bandera de paz.

Por el lado de la guerrilla, había disposición del Secretariado, ya que Alfonso Cano, había realizados unos acercamientos con el Gobierno de Uribe, aunque se había abstenido de sentarse a negociar con este. Luego del asesinado de Cano, asume la dirección de las FARC alias Timochenko, hoy conocido como Rodrigo Londoño, quién si bien no participó directamente durante los primeros años de negociación, fue clave para que el proceso andará, igualmente “Andrés París”, jefe del Bloque Oriental, Rodrigo Granda e Iván Márquez, además de personajes de confianza para la entonces guerrilla como Enrique Santiago, un abogado español miembro de varias organizaciones de izquierda en España, e igualmente Jairo Estrada, miembro del Partido Comunista Colombiano, y mucho más tarde sería clave para despampanar el proceso en el punto de justicia para las víctimas, Álvaro Leyva, reconocido político, que aunque conservador siempre ha buscado la salida negociada al conflicto armado, social y político de Colombia.

Duzán cuenta en este libro que la estrategia utilizada para que el proceso avanzará fue la del “ciclo del duelo”, desarrollada por Bill Ury, un profesor de la universidad de Harvard, quién argumenta que en negociaciones de este calibre, se debían poner todos los negociadores del Gobierno, en los zapatos de la guerrilla, quién fue la que estuvo excluida de la vida política legal establecida dentro de una democracia, además quienes tenían toda una trayectoria de lucha, que quizá sentirían allí sentados, estarían omitiendo o invisibilizando, eso fue muy importante para lograr dejar claro que las negociaciones que se realizaban eran entre dos actores que se reconocían con voz y voto, y con una historia que aunque polémica debía ser tenida en cuenta para conseguir el silencio de los fusiles, y avanzar hacia un fin del conflicto que debía garantizar justicia social para todos los colombianos.

"En los recreos entre una reunión y otra solían hablar de operaciones en las que los militares contaban cómo las habían planeado y los guerrilleros les respondían cómo las habían sorteado. La guerra es muy compleja pero también muy simple porque tiene unos códigos que solo comprenden quienes han estado en sus entrañas". (Duzán, pp. 159)

Se exploran además varias razones por las que el No, con un 50, 23% ganó el Plebiscito, que ratificaba el Acuerdo de Paz, firmado el 26 de septiembre de 2016 en Cartagena, allí se reluce la baja popularidad de Santos, iniciada por una reforma a la justicia que impulsó en 2012, y que terminó retirando luego de que la opinión pública pusiera sobre lupa supuestos privilegios que la reforma concedía a los magistrados, acrecentada sobre todo desde 2013, con su frase “el tal paro agrario no existe”, que le costó un bajón de 10% de respaldo en la opinión del cual nunca se pudo recuperar. A esto se suma el ardiente discurso del Uribismo, que lo encasilló como traidor y vende patrias, desde que Santos, reconoció por medio de la Ley de Víctimas el conflicto armado Colombiano, además, su poca calidez para comunicar y conectarse con el pueblo.

Otros factores, como el Huracán Matthew, que golpeó a la Costa Atlántica, bastión electoral de Santos, sumado a esto la poca participación en todo el país con solo el 37.43%, es decir, 13.066.047 millones de 34.899.945 votantes inscritos. También la periodista analiza aunque muy superficialmente, el papel de las iglesias en la campaña, sobre todo el de la cristiana a favor del No, pues habían construido un discurso falaz y populista, que sostenía que en el Acuerdo de Paz, se impondrían un modelo de familia y el homosexualismo en niños(as) en lo que llamaron absurdamente “ideología de género”, cuando lo explicaron claramente varios de los negociadores, se trataba de unas puertas al reconocimiento de las mujeres, población afro, indígena, LGBTIQ, víctimas del conflicto e históricamente marginadas.

Todo esto, y mucho más como que el Comité Noruego que entrega el premio Nobel de Paz, inicialmente había postulado a 5 Colombianos a ese premio, personajes que estaban trabajando en los diálogos de paz, entre los que estaban el propio Timoleón Jiménez; los momentos de diálogo con los impulsores del No, luego de que ganarán, sus propuestas, y alfiles, entre los que se destacan el hoy presidente Iván Duque, la falta de claridad de estos en cuanto a propuestas para modificar dicha acuerdo, la indisposición, la dilatación, los momentos claves para lograr que se firmará un nuevo acuerdo, el Acuerdo final, ese histórico 24 de noviembre de 2016.

En el capítulo 18, Parir para la lucha, la autora relata la historia de Luz Marina Bernal, madre de Fair Leonardo, un joven de Soacha que fue dado de baja por el Ejército Nacional y pasado como guerrillero muerto en combate, es decir, lo que comúnmente se conoce como “falsos positivos”, pero en realidad es un crimen de Estado, una historia desgarradora, pero además esperanzadora, porque muestra la valentía de esta madre y otras muchas que están con ella y siguen luchando por la justicia, la verdad, la reparación, la no repetición, en fin por una Colombia donde ser pobre no sea una carga que nos condene a la guerra, a la miseria, a la desigualdad.

Finalmente, en el capítulo 19, La salida, se aborda el contexto en el que queda el proceso de implementación del Acuerdo, mediado por un Gobierno dirigido por los impulsores del No, que fue principalmente el Uribismo, y que hoy está en el Palacio de Nariño, encabezado por Duque, del partido Centro democrático; y el caso de Jesús Santrich, detenido por presuntamente haber incumplido el Acuerdo, al traficar narcóticos a EE.UU.

Aunque hoy el contexto es otro, uno mucho más oscuro lamentablemente, este libro me parece fundamental más allá de que nos permite conocer este proceso, es porque considero que María Jimena Duzán, con esta exhaustiva investigación que nos presenta nos permite dimensionar todo lo grande que fue el proceso de paz entre Santos y las FARC, el papel de decenas de personajes, la grandeza de las víctimas, la ceguera del Uribismo, entre otras muchas cosas que en la opinión pública y en los medios de comunicación nunca supimos y quizá nunca sabremos. A ver si por fin, decidimos juntos y juntas, apostarle a la paz definitivamente porque “La batalla por la paz hasta ahora comienza”. (Duzán, pp. 401).

* Estudiante de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Surcolombiana.


LA GUACHAFITA