• Jorge Guebely

Resiste el Huila


Ninguna esperanza tiene el ser humano huilense si sigue la proliferación de políticos con moral capitalista tercermundista. Políticos que desconocen la política de origen filosófico, la griega, la platónica, la que apuntaba a la sacralidad del ser humano. Incluso, desconocen la de origen maquiavélico, la que apuntaba al poder del príncipe aristocrático, entidad barrida por la revolución francesa. Políticos de hoy, los de la era capitalista, civiles o militares, que se ponen al servicio del mejor postor económico; prostitución donde triunfa el buen negociante a través de corruptos y corruptas. Que se rebajan a la moral del capital, que forman bandas llamadas “partidos”, con el único fin de ganar elecciones para enriquecer a los poderosos y enriquecerse a sí mismo. Los que no otorgan ninguna importancia al ser humano porque toda se la otorgan al dinero; al poseer, no al ser.

Sin embargo, esperanzas del ser humano huilense se pueden hallar en el arte. En las diferentes disciplinas estéticas que le auscultan su alma, le desentrañan sus pequeñeces, le proclaman sus grandezas y lo ubican en el universo. En José Eustacio Rivera que, con su novela, nos previno sobre la depredación de la especie en el Amazona gracias a la codicia capitalista de las elites internacionales y, con su poemario, que nos desveló un ser humano sagrado caído en el infierno con la inminente misión de retornar a la tierra de promisión. En las bellas canciones de Jorge Villamil que nos recuerdan armónicamente el desastre de la especie, que el valor del ser humano no es humano sino económico a través de versos para la posteridad como: “Amigo cuánto tienes cuánto vales / principio de la actual filosofía… En Gustavo Andrade Rivera que nos develó, en su obra “El camino”, la periodicidad de la violencia acicateada por el odio y la venganza de una sociedad enferma de codicia y poder. Y en Ángel Sierra Basto quien, entrando en la intimidad humana, nos descubre las horas como pulpo que resbalan con lascivos tentáculos de envidia. Y muchos otros que, mientras el ser humano huilense moría de vida en los entramados de la codiciosa política capitalista, resistieron a través de sus expresiones estéticas.

Resistieron y siguen resistiendo. Vi su resistencia, durante mis recientes días en la bella ciudad de Neiva, en su abundante creación estética. Vi el texto sobre el primer festival de poesía de Neiva, con nombres interesantes como los de Yineht Angulo, Martha Cecilia Andrade, José Onías Cuellar, Miguel de León: donde Ana patricia Collazos afirma: “Nos enfrentamos a momentos aciagos de la realidad, donde el ser humano es menos sensible frente al otro…”. Vi los mágicos cuentos infantiles de Jesús Rodolfo Agudelo, “La boda de los ratones”; y los transgresores poemas de Mao Carrera en el poemario, “Karin en el infierno”; y el bello y respetable texto poético, “Oficio del destierro” de Marcos Fabián Herrera, donde afirma que los músicos, “…curan las llagas del extravío…”. Y el reciente texto de Luis Ignacio Murcia, “De regreso al olvido”, donde la recuperación de la memoria a diferentes voces puede funcionar como símbolo de un ser humano en búsqueda de su propia lucidez. Y, por supuesto, vi el bellísimo y sagrado título, “Otra vez el silencio” de Yezid Morales, nuevos poemas de la sabiduría cotidiana, poemas que siempre fueron sabios desde el inicio, “Celebro la belleza de todo lo viviente”. Y vi una revista de arte, “Ágorasalom”, con aspiraciones de vislumbrar una conciencia nueva, con un interesante cuento de Betuel Bonilla y con un sesudo ensayo del profesor Camilo Insuasty. Y, aún más, vi el surgimiento de Papyrus, un espacio sacrílego para sacralizar el arte.

Todo eso vi y pude ver más. Pero, sobre todo vi que, con el arte, el ser humano del Huila resiste a todas las muertes causadas por la codicia del político capitalista tercermundista. Resiste porque “Un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida”, como lo proclamaba el poeta y novelista norteamericano, Robert Penn Warren.

* Escritor barranquillero. Doctor en Literatura Latinoamericana, Universidad Sorbona-París.


LA GUACHAFITA