• Jaime Navarrete*

Aportes de México para nuestro terruño


Los Estados Unidos Mexicanos, lo que conocemos comúnmente como México, afronta una crisis social y política, a causa del creciente poder del narcotráfico que ha puesto en jaque a la institucionalidad. Sin embargo, tiene muchos elementos que pude constatar en el viaje de casi 15 días que realicé por esas tierras y creo que podrían invitarnos a una reflexión sobre nuestra Macondiana realidad.

Antes de viajar me dispuse - como en cualquier viaje que realizo - a conocer previamente el lugar y la idiosincrasia de sus gentes, mediante internet y mi historiadora preferida, Diana Uribe, quién narra magistralmente la historia de diversas culturas. Una a la que le ha dedicado un buen tiempo es precisamente a la Mexicana, un especial de más de 5 capítulos, donde uno se maravilla de escuchar sobre la milenaria historia de estas tierras de los Olmecas, Aztecas y Mayas, que levantaron ciudades de los pantanos y lagunas, que construyen todo un imperio basado en la comunalidad, en los rituales, hasta para la guerra y el respeto a la Pachamama. Además de sus innumerables avances científicos y técnicos, como la invención del 0, mucho antes de los Europeos lo utilizarán.

Al llegar me sorprendió la inmensidad desde el aire de la gran metrópoli, la ciudad de México, que alberga contando su área metropolitana, a 22 millones de habitantes, de 126 millones que conviven en el país. Es la capital del país, y su centro cultural, político, económico y financiero.

Aunque al inicio el conductor del primer bus en el que nos subimos para llegar del aeropuerto a la estación del metro no fue muy cordial, solo fue cuestión de tiempo, para que sintiéramos de primera mano la calidad humana de los mexicanos, y la alegría tan particular con la que tratan a los colombianos, especialmente por la influencia cultural que a través de la música y el cine, nuestros compatriotas han ejercido.

Y es que a pesar de en el país, la violencia en lo que va corrido del año no cesa y ya deja más de 6427 personas asesinadas, 2599 de esas víctimas perecieron en el mes de Julio, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. A esto se le suman las más de 40.000 personas reconocidas como desaparecidas, unas 25.000 víctimas desde que el presidente Felipe Calderón le declaró en 2006 una guerra directa a los carteles del narcotráfico.

Esta dolorosa carga no ha logrado que los mexicanos, se ensimismen o caigan en una espiral del silencio. Contrario a esto el amor por sus familias, el apoyo y solidaridad colectiva ha hecho que organizaciones como el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México, hayan conseguido que el Gobierno apoye sus acciones de búsqueda y memoria, esta última con la creación de anti monumentos que se pueden visitar por el famoso paseo de Reforma y otros emblemáticos lugares de la ciudad.

En Reforma, se encuentra el contramonumento a los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa, que fueron desaparecidos en septiembre de 2014. Inaugurado en el 2015, se ha convertido en un icono no para meramente recordar a las víctimas, sino para exigirle al Estado que las devuelva vivas, como reza en la frase debajo del contramonumento: “¡Porque vivos se los llevaron!, ¡Vivos los queremos!”.

Foto: Tomada de Instazu

A este se le suma una torre de color pastel que se ilumina llamativamente en la noche, que se encuentra frente a la entrada norte del Bosque de Chapultepec, y en cuya base se encuentran varias placas con historias de personas desaparecidas, no hace 30 o 40 años, sino hace 3 o 5 años, historias cotidianas que llegan al alma y permiten mantener el debate sobre los desaparecidos en boca de los mexicanos, y del Gobierno, quién en cabeza de López Obrador, ha decidido desde 2018, reactivar el Sistema Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas.

Otro de los contramonumentos que para mí fue muy llamativo fue uno contra el feminicidio, que se encuentra ubicado frente al concurrido Palacio de Bellas Artes. Muy oportuno sobre todo porque las cifras de violencia hacia la mujer en México son aterradoras y parecen no ceder. En los primeros 4 meses del 2019, según el Secretariado Ejecutivo, han asesinado 1199 mujeres, 1 cada 2 horas y media, y según la ONU, 9 en promedio cada día. Allí de color violeta y rosa, se encuentra el símbolo del género femenino, con una frase que dice: “¡Ni una más!”, en la parte inferior uno puede ver el nombre de varias mujeres que han sido asesinadas y cuyos casos aún se encuentran en la impunidad.

Estos dos contramonumentos y sus sentidas temáticas en nada se alejan de nuestra realidad Macondiana, donde según cifras del Centro de Memoria Histórica, que ha documentado desde hace varios años sobre el conflicto social y armado que hemos padecido, son aproximadamente 80.000 personas desaparecidas, desde 1970 a agosto del 2018. Por otro lado, según Medicina Legal, la violencia hacia las mujeres deja en los primeros seis meses que van del 2019, 37 feminicidios, y más de 30.000 mujeres víctimas de maltrato intrafamiliar y acoso laboral. Estos son temas sensibles, que en Colombia aunque los escuchamos a diario por los medios masivos de comunicación, no nos hemos dado a la tarea de detenernos como nación a reflexionar sobre el impacto que han tenido y tienen en nuestra realidad, y sobre todo a generar estrategias de memoria, búsqueda, apoyo, para como sociedad civil hacerle frente al olvido e inacción estatal frente a estos crímenes.

Sin embargo, una de las artistas que más ha trabajado los contra monumentos es precisamente la colombiana Doris Salcedo, que no muchos(as) la conocemos. Es necesario que le empecemos a abrir un espacio en nuestras reflexiones académicas y cotidianas a estas obras de arte, las cuales contienen una carga simbólica muy profunda que resalta la dignidad de las víctimas y sobre todo una afrenta al paso del tiempo, que todo busca consumir, y frente a la que nos ha hecho falta indagar colectivamente para tomar acciones.

Otra de las cosas que más me sorprendió, es la vigencia de la Revolución Mexicana, ocurrida hace ya más de un siglo, pero cuyos vestigios e historias se encuentran inmersas en las narraciones de las personas y en muchas esquinas de la ciudad. Exaltan no solo personajes ilustres como Emiliano Zapata y Pancho Villa, sino momentos claves como la Constitución de 1917, los Reformistas, la Toma de Zacatecas, entre otros. Esto se ha convertido en un elemento cohesionador de la cultura mexicana junto al mariachi, los tacos y la aclamada virgen de Guadalupe. Lo anterior contrasta con Colombia. Aquí nos hace falta construir esa identidad nacional, demarcada por el Estado-Nación, que tanto nos hemos postergado en consolidar.

Por otro lado, el esqueleto de la ciudad, y que nos facilita movilizarnos es el Metro. Fue inaugurado en 1969 y desde entonces ha ido creciendo y modernizándose de acuerdo a las lógicas de la población de la gran ciudad. Hoy cuenta con 12 líneas, y un total de 195 estaciones en red, en sus objetivos misionales resaltan brindar el servicio “con una tarifa accesible, que satisfaga las expectativas de calidad, accesibilidad, frecuencia y cobertura de los usuarios”. Esto se ve reflejado en el costo del pasaje: ingresar al metro vale 1000 pesos colombianos, y pese a la cantidad de personas que lo frecuentan a diario, la rapidez y eficiencia hace confortable cualquier trayecto. ¿Cuándo será que en Bogotá, los políticos dejarán discusiones de forma y de ideología para empezar a dar los debates de fondo y sacar por fin el tan necesario metro adelante? Amanecerá y veremos.

En cuanto a museos, parques públicos y áreas comunes solo les dejó esta cifra facilitada por la Secretaria de Turismo Local: en ciudad de México hay 170 museos y 43 galerías de arte, lo que la convierten según la Fundación UNAM en la segunda ciudad después de Londres que cuenta con más museos en el mundo. Estos dedicados a distintos campos y artes, allí los domingos el ingreso es gratis para la mayoría y es común ver cientos de familias concurrir a visitarlos.

Además, en Ciudad de México, se encuentra el Bosque de Chapultepec, que es el área verde más grande en América Latina dentro de una urbe, lleno de caminos, exquisita y asequible comida, zoológico, lagos y varios museos. Entre ellos destaco el imponente Museo Nacional de Antropología que funciona desde 1910, y atesora en más de 17 salas, parte de la invaluable riqueza cultura de la nación mexicana.

Allí mismo también se encuentra el Castillo de Chapultepec, que alberga el hoy Museo Nacional de Historia, que cuenta la evolución de México a través de las obras de diferentes artistas, como el muralista Orozco, y más de 60 mil piezas.

Lecciones para el Huila

Cuánto nos hace falta aquí en Neiva, capital del departamento del Huila, unos cuantos museos sobre nuestras riquezas naturales y culturales. Podría haber uno dedicado al río Magdalena o a artistas contemporáneos y deportistas, en fin, sitios acogedores e innovadores que se acerquen a los gustos e intereses de nosotros los y las jóvenes, que representamos el 26% de la población opita, con 328.528 personas. Además de lugares comunes y espacios verdes, que faciliten la integración familiar, el reconocimiento del otro, el ocio, la recreación y el esparcimiento.

Finalmente, resumo tres elementos que podremos fácilmente traer a discusión aquí en Colombia, el Huila y la ciudad de Neiva: 1) La importancia de la memoria y el reconocimiento de las víctimas por parte de la sociedad civil y producto de una exigencia al Estado, como una lucha simbólica porque sean parte de la historia, para que se les deje narrar sus vivencias. 2) El pensarnos el transporte público eficiente, sustentable y asequible, como un elemento indispensable para mejorar el bienestar social y 3) La importancia de los museos y los espacios públicos, para desarrollar una convivencia social y fortalecer nuestra cultura ciudadana.

México en medio de sus hondas problemáticas, tiene elementos valiosos que nos pueden servir para mejorar nuestro terruño.

Bibliografía

* Estudiante de Comunicación Social y Periodismo, Universidad Surcolombiana.


LA GUACHAFITA