• Jaime Navarrete*

Universidad. Aproximación a su deber-ser en los tiempos actuales


Cortesía: Diario del Huila

Surgimiento de la Universidad

Al principio, lo más cercano a las universidades fueron las bibliotecas que por ejemplo, se convirtieron en focos guías para las sociedades, como en Egipto y China, en estos espacios se almacenaba, analizaba y construía nuevos conocimientos, que permitieron a esas civilizaciones avanzar durante milenios. De esta manera, es necesario hablar del rol que desempeñó la Universidad en las diferentes etapas de la historia de la humanidad.

En el siglo X aproximadamente, se empezaron a configurar las primeras universidades, inicialmente en Medio Oriente, donde ciudades como Persepolis, Alejandría, Jerusalén y Damasco, eran frecuentadas no solo por comerciantes y viajeros, sino por maestros con diversos saberes del mundo, que empezaron a plasmar a través de jeroglíficos y papiros. Con la conquista de España por parte de los Morros, que inició hacia el 711 d.c. Hubo una mezcla cultural, que bajo el mandato de X El Sabio, floreció de manera muy fructífera tanto para el Califato de Córdoba, la hoy España, que permitió que se produjeran discusiones matemáticas, filosóficas, políticas, etc., que nutrieron e influyeron en la toma de decisión políticas, que al estar sustentadas y aprobadas por pensadores de diversas artes y disciplinas, quienes tenían un conocimiento del territorio y su comunidad, fueron muy acertadas e impactaron positivamente el diario vivir de las personas de la época.

A finales del Medioevo con el debilitamiento del poder eclesiástico sobre la vida social, cultural y educativa (Inmanuel Wallerstein , 1996), aunque con una influencia muy marcada, se inició una nueva etapa para la universidad, que se comenzó a convertir en un escenario mucho más abierto y participativo, enfocado en crear conocimiento que aportase a la mejora de la sociedad, en sus diversos campos.

Proyecto de la Modernidad

La Modernidad, que como plantea Bolívar Echeverría, surgió en el siglo XV, como proyecto civilizatorio de Europa, se cimentó sobre el Capitalismo, como modelo social y económico hegemónico para organizar y controlar el mundo. Este a su vez se ha valido del Colonialismo, el Patriarcado y el Eurocentrismo, como paradigmas de dominación y control no solo sobre los cuerpos, sino sobre las mentes de las personas.

Ya en el siglo XIX, la universidad se estableció como una estructura institucional (Inmanuel Wallerstein , 1996), cuyas características fundamentales: disciplinarización y profesionalización, marcaron el inicio de una división en la creación, gestación y reproducción del conocimiento, que claramente derivo en un fuerte cambio en las relaciones inter y transdisciplinarias que se venían trabajando desde antes.

Las ciencias duras o naturales, representadas por matemáticas, física y biología, se enfocan ahora en producir conocimiento y formar personas para el control tecnocrático, y las ciencias blandas o humanas, representadas en filosofía, literatura, antropología, son ahora enfocadas en los procesos causales o invariables. Es decir, se forzó una disyuntiva que desliga un conocimiento del otro, y los hace ver casi que como la antítesis el uno, del otro, posicionando la actuación académica dentro del campo nomotético (Inmanuel Wallerstein , 1996).

El paradigma dominante, como se le conoce al de la Modernidad, se impulsó en el siglo XVI, con pensadores como Descartes, Newton, Kepler, que “posicionaron el modelo global de la racionalidad científica” (Boaventura de Sousa Santos, 2009), abriendo una honda brecha entre el conocimiento popular o del sentido común, y el científico que es producido por personajes como ellos en laboratorios, a través por ejemplo, del método científico y el modelo cartesiano, que de alguna manera limitó la oportunidad de ver, analizar y comprender los problemas humanos, como un parte de un engranaje macro y holístico.

En la actualidad, la universidad se ha visto cada vez más cercada por la privatización que el modelo neoliberal, aludiendo a valores de individualismo y competencia, materializados con políticas que favorecen las instituciones privadas, y dejan cada vez menos desfinanciadas las públicas, a las que acuden estudiantes de los estratos más bajos, en su mayoría.

Retos del Sur-Trópico

Recuperar el deber ser de la universidad, implica abandonar el Racionalismo Cartesiano y el Positivismo, el Mecanismo Newtoniano, el Materialismo Dogmático, y el Funcionalismo Parsoniano (Nicolás Herrera/Lorena López, 2014), que no han permitido a la universidad reinventarse, proyectada en función del contexto social, cultural y político de las mayorías, de las personas que habitan ese Sur, históricamente marginado, se trata de la:

“Búsqueda de conocimiento y de criterios de validez del conocimiento que otorguen visibilidad y credibilicen las prácticas cognitivas de clases, de los pueblos y de los grupos sociales que han sido históricamente oprimidos por el Colonialismo y el Capitalismo” (Boaventura de Sousa Santos, 2009).

La construcción del nuevo conocimiento científico (Boaventura de Sousa Santos, 2009), representado por los planteamientos de Einstein, Bohr, Heissenberg, que impulsaron toda una revolución cuántica en el siglo XX (Kuhn, 1962), nos da luces acerca del camino que debemos seguir andando, por cuanto permite una articulación de las diversas áreas o campos de estudios como la posibilidad de generar conocimiento de manera integral.

Así mismo, la construcción de conocimiento, pero sobre todo la formación de profesionales que le compete a la Universidad, debe consolidarse a partir de un diálogo de saberes que reconozca saberes ancestrales y conocimientos construidos de manera empírica, es decir, devuelva los significados y valore los mitos y visiones de nuestros pueblos originarios, es así como se puede configurar prácticas de investigación y formación que impulse el conocimiento por el entorno, se trata pues, de construir una ecología de saberes (Boaventura de Sousa, 2009).

Esto va permitir además, liberar al ser humano de la “cárcel epistemológica, existencial y de espacio temporal” (Sirin Adlda Sibai, 1982), para descolonizar conceptos, prácticas, marcos de referencias, etc. Donde el marco occidental ya no facilite más genocidios, ecocidios, espiritivalicidio, y sobre todo epistemicidio (Nicolás Armando Herrera), en el marco de una autoproyección egoísta, mezquina y banal, que pretender perpetuar las desigualdades sociales, ambientales y cognitivas.

La ciencia, la política y la economía, se deben interpretar como dispositivos de saber-poder (Foucault, 1975), que trabajan articuladamente y mueven el mundo; esta relación tripartida se debe retomar, rescatando por ejemplo, los pequeños avances de la “Ciencias del Establo”, que se trataban de una mezcla de historia económica, jurisprudencia, sociología y económica, que se trabajó en la Alemania, de 1850, y que permitía proporcionar conocimiento útil para los Estados, acorde a las necesidades del contexto.

La universidad debe virar hacia un Paradigma Emergente (Boaventura de Sousa Santos, 2009), donde se reconozca que todo conocimiento científico natural es científico social; todo conocimiento es local y total; todo el conocimiento es autoconocimiento y finalmente que el conocimiento científico busca construirse en sentido común, es decir, no desde un laboratorio o una oficina, sino desde el involucramiento y relacionamiento de investigador/investigado, que permite la fluidez de la creatividad, la imaginación, lo indisciplinado, no es transparente sino complejo y pragmático que necesita la educación superior de hoy.

Otro de los elementos a retomar es el Pensamiento Decolonial, (Sirin Adlda Sibai, 1982), debe empezar a ser pensando como una alternativa fuerte, porque tiene argumentos históricos, políticos, académicos y culturales que le permiten sustentarse solo, y necesaria, porque el actual paradigma dominante, ha excluido saberes y conocimientos que dé a ver sido tenidos en cuenta, hubiesen aportado mucho en la construcción de una sociedad mucho más pluralista y humana. Esta alternativa frente al paradigma, “Occidental céntrico”, que desde el descubrimiento, conquista y todo el proceso de Colonización y dominación, no ha hecho más que robar las riquezas culturales, materiales, epistemológicas y filosóficas de los pueblos, que ellos bajo la visión limitada de su modelo y percepción del mundo, han llamado barbaros.

“¿Hay alguna razón de peso para qué sustituyamos el conocimiento vulgar que tenemos de la naturaleza y de la vida, y compartimos con los hombres y mujeres de nuestra sociedad, por el conocimiento científico producido por pocos e inaccesibles a la mayoría?” (Rousseau, 1750)

Entre otras cosas, los retos de la universidad deben persistir en retomar en las investigaciones y la praxis, como la manera en que se configura y dinamiza la sociedad en función de algunos aspectos políticos, económicos, culturales y sociales que pongan en relieve los problemas que se presentan, para así construir unos conocimientos y saberes, acordes al contexto. Exigiendo en el marco del diálogo de saberes, la participación de diferentes disciplinas y campos de estudios, tanto de las ciencias sociales como las naturales, que asuman los problemas complejos de la sociedad actual, desde diferentes perspectivas cuyas particularidades sean asumidas con rigurosidad académica. No obstante, es necesario recalcar el fin social de la Universidad, por lo cual es necesario que realice una revisión de las proyecciones académicas con respecto a la realidad social, con el propósito de reducir la posibilidad de verse influenciada por intereses de terceros, representados hoy por las multinacionales y entidades bancarias y financieras, que coartadas por el Estado, ponen en riesgo los fines misionales de la universidad, y olvidan aún más la proyección histórica que algún día tuvo.

Bibliografía

Boaventura de Sousa Santos. (2009). Una estemología del sur.México: Siglo XXI .

Foucault. (1975). Vigilar y Castigar.París: Gallimard.

Inmanuel Wallerstein . (1996). Abrir las ciencias sociales .España.

Kuhn. (1962). La estructura de las revoluciónes cientifícas .

Nicolás Armando Herrera. (s.f.). Tres hipótesis sobre la relación entre la universidad y el cambio social.

Nicolás Herrera/Lorena López. (2014). Ciencia, Compromiso y Cambio Social.

Rousseau. (1750). Discurso sobre las ciencias y las artes.Francia.

Sirin Adlda Sibai. (1982). La Cárcel de Feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial.Granada.

* Estudiante de Comunicación Social y Periodismo, Universidad Surcolombiana.


LA GUACHAFITA