• Carlos Tobar

Vías del Huila: ¡Qué vergüenza!


Foto: Cortesía Melquisedec Torres

Nos estamos quedando bloqueados. Al cuello de botella de Pericongo que, desde hace meses ahoga al sur del Huila, a más del abandono por incumplimiento del concesionario de la vía 4G (nombre rimbombante de una supuesta autopista de especificaciones extraordinarias), Neiva-Mocoa-Santana que la ha convertido en una malla interminable de huecos, ahora se le suma el desbarrancamiento de la banca a la altura de la represa del Quimbo entre Gigante y Garzón. Para completar, en el norte en una cadena sucesiva de eventos el río Ambicá, ha aislado por completo la cabecera municipal de Colombia y su conexión interna con buena parte de sus zonas veredales.

Si a estos desastres le adicionamos el abandono por más de 25 años de las vías terciarias de todos los municipios, incluyendo las de responsabilidad de la nación, que están totalmente destruidas. Así como, las vías secundarias de responsabilidad del departamento que están en condiciones lamentables. Nos lleva a un panorama triste de aislamiento que está probando el fracaso de la política vial del modelo neoliberal que las élites gobernantes nos impusieran a los colombianos desde 1994.

Porque esa política es la que está derrumbándose. Cuando en los albores del “revolcón” nos vendieron a los colombianos la falsa premisa de que el Estado “ineficiente” debía ser remplazado por el sector privado “eficiente”, entramos en una trampa sin fondo que no solo ha saqueado los fondos públicos provenientes de impuestos que pagamos todos y de créditos internacionales –negocio del gran capital monopolista– que, también pagamos todos con nuestros impuestos, sino además, de los peajes confiscatorios que han hecho imposible movilizarse por el país.

El negocio infinito de los Sarmiento Angulo que se han dado el lujo de cobrar varias veces el valor de construcción de vías que nunca terminan de construirse, con políticas tan abusivas, como los autopréstamos de los fondos de pensiones, a los que se suma los sobornos de todas las grandes compañías de construcción, cuyo ejemplo emblemático es el caso Odebrecht, a los gobiernos sucesivos, siendo los más aberrantes los de Uribe y Santos, es la característica paradigmática del sistema privado de contratación de vías.

Si ese concierto para esquilmar a los colombianos no fuese suficiente, los gobiernos nacionales transfirieron, en la legislación posterior a la Constitución de 1991, a departamentos y municipios la responsabilidad del mantenimiento de las redes secundaria y terciaria, sin asignar en el presupuesto de transferencias un solo peso. Les ha tocado a los entes territoriales de sus escasísimos recursos tratar de paliar los reclamos airados de comunidades que desesperadas por el abandono levantan sus voces con cada vez mayor energía.

El colmo de los colmos en esta tormenta perfecta de la destrucción vial es la corruptela en gobernaciones y alcaldías que se roban con total descaro esos pírricos recursos.

Definitivamente, las élites en el poder nos tienen condenados al atraso.


LA GUACHAFITA