• Carlos Tobar

La batalla contra los azúcares en la alimentación infantil


Foto: Fuel Economy | The Geography of Sugary Drinks Time

La obesidad infantil es hoy una de las crisis de salud pública más desafiantes de nuestro tiempo. Afecta a países de bajos ingresos, de ingresos medios y de ingresos altos por igual. Según la OMS, en 2016, 41 millones de niños menores de 5 años y 340 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años tenían sobrepeso u obesidad. Como la obesidad infantil se puede prevenir, las estrategias de prevención deben tener la máxima prioridad para mejorar la salud infantil y evitar que estos niños se conviertan en adultos con sobrepeso y desarrollen comorbilidades relacionadas con la obesidad, como la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, enfermedades no alcohólicas, enfermedad del hígado graso, y el cáncer.

Aunque muchos factores contribuyen a la obesidad infantil, como la falta de actividad física, el sobrepeso y la obesidad materna (preconcepción y gestacional), la predisposición genética, los factores psicológicos, los factores ambientales y el estado socioeconómico, al final la mala alimentación y el desequilibrio resultante entre la ingesta de energía y el gasto energético es la razón principal.

Como las preferencias alimentarias y los patrones dietéticos se establecen en la infancia y la niñez temprana, preocupa que las dietas en bebes y niños no estén en línea con las recomendaciones internacionales para el consumo de azúcar y la introducción de alimentos sólidos. Especialmente, por el aumento del consumo de alimentos industriales sobrecargados de azúcares y suplementos alimentarios que llevan al consumo excesivo de calorías por encima de las necesidades del organismo humano.

Cuantas veces y a diario, vemos que en colegios y escuelas los alimentos consumidos por nuestros niños son productos de paquetes de dudosa calidad nutricional, acompañadas de las inefables gaseosas, campeonas mundiales de la ingesta excesiva de azúcares.

En Colombia el problema ha venido en aumento, tanto que, un grupo de parlamentarios, apoyados por oenegés defensoras de la nutrición infantil sana, impulsaron un proyecto de ley para obligar a un etiquetado de los alimentos riesgosos que permitiera a los padres de familia, detectar las consecuencias nocivas de su consumo. No obstante, que el proyecto de ley fue soportado con la experiencia internacional sobre el tema, pudo más el lobby de la gran industria que llevó a su hundimiento.

Es urgente expedir normas que implementen límites obligatorios en la cantidad de azúcares libres (incluidos los derivados de frutas y verduras de sabor dulce) que los alimentos para bebés y niños pueden contener. Esta es una tarea de vida o muerte.

P.S. Aunque en el país se ha avanzado en la promoción y extensión de la lactancia materna en la edad temprana de los bebes, aún falta mucho en la tarea de universalizar su uso como alimento nutricional fundamental.


LA GUACHAFITA