• Luis Fernando Pacheco*

Preludios de un populismo light. Comentarios al nuevo gobierno salvadoreño


Bukele se reune con la Embajadora de Estados Unidos en El Salvador, Jean Manes.

El pasado 1 de junio Nayib Armando Bukele Ortiz se convirtió en el 46º Presidente de la República de El Salvador, el sexto tras el fin de la guerra civil y la firma de los Acuerdos de Chapultepec, el primero en no pertenecer a ninguna de las dos fuerzas políticas tradicionales de El Salvador: la Alianza Republica Nacionalista ARENA y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional FMNL y el más joven de todo el hemisferio con 37 años, pero ante todo Nayib Bukele es un misterio envuelto en un estilo rupturista con influencias millennials.

Pero ¿de dónde aparece este joven fenómeno que arrasóen primera vuelta con el 53% de los votos? Bukele ha tenido una carrera política maratónica en ascenso, pasó de ser el Alcalde de Nuevo Cuscatlán - un pequeño municipio de alrededor de 7.000 habitantes (a datos de hoy) entre 2012 y 2015 - a ser Alcalde de San Salvador entre 2015 y 2018. Lo curioso de esta historia es que dichos cargos fueron ganados como miembro del histórico partido de izquierda FMNL, hijo de la extinta guerrilla con el del mismo nombre que ingresó a la política tras la firma de los Acuerdos de Chapultepec en 1992. En octubre de 2017 el Tribunal de Ética del Partido lo expulsó acusándolo de agresiones verbales y físicas a una funcionaria municipal, Xochilt Marchelli. Hoy, casi dos años después Bukele es Presidente de la República, el FMNL perdió el poder tras diez años continuos y es su principal adversario político.

Pero no solamente resulta interesante su historial político, sino su vida personal. Bukele es hijo de Armando Bukele, un Ingeniero Químico de origen palestino que impulsó el desarrollo de las primeras mezquitas en el país centroamericano. Este dato no es menor en un país donde el catolicismo tiene una impronta especialmente fuerte y donde el elemento religioso ha estado unido indisolublemente ligado a la vida política y social.

Desde su misma asunción presidencial, Bukele marcó un estilo novedoso que despierta emociones tanto positivas como negativas, y genera incertidumbres entre académicos y analistas políticos. Su primera acción de gobierno fue anunciar el cambio de nombre de la III Brigada de Infantería “Domingo Monterrosa”, militar que fue señalado por la misma Comisión de la Verdad como responsable de la Masacre del Mozote, uno de los actos más sangrientos de la reciente guerra civil. Al día siguiente, soldados del mismo batallón limpiaban el nombre de Monterrosa de los muros del Cuartel en San Miguel. Con este hecho, Bukele se anotaba un triunfo por dos bandas: en primer lugar, daba un claro respaldo a las víctimas del Estado en la guerra civil y le enrostraba a su antiguo partido el FMNL, el haber sido capaz en menos veinticuatro horas de lo que ellos no habían podido hacer en diez años de gobierno.

Pero, el cambio de nombre del Cuartel fue apenas el comienzo: las órdenes por twitter se convirtieron en la herramienta de trabajo público diario del joven mandatario. Por allí, hace cosas tan variopintas como anunciar obras públicas, ordenar a sus ministros intervenciones inmediatas en diversos sectores, interactuar con youtubers, autoproclamarse el presidente más popular de twitter y la actividad más polémica de este primer mes: el despido inmediato de más de doscientos funcionarios de todo el poder ejecutivo que comparten un único elemento: ser parientes cercanos de ex mandatarios, ex ministros y ex dirigentes de tu otrora partido, el FMNL.

La población ha recibido con beneplácito no solo las destituciones, sino la forma de hacerlo: la exposición pública, el señalamiento de los salarios percibidos por hijos, nueras, nietos, hermanos, sobrinos y primos de ex presidentes aumentó la indignación popular de una ciudadanía que considera que quienes empuñaron las armas por defender al pueblo de la corrupción y el nepotismo de las élites salvadoreñas tras la firma de los acuerdos heredaron sus corruptas mañas y multiplicaron sus prácticas de hacer política.

En otro caso polémico el nuevo Presidente ordenó la destitución de Jorge Meléndez, Director de Protección Civil, ex guerrillero del FMNL a quien se le acusa de la muerte del poeta salvadoreño Roque Dalton privado de la libertad y desaparecido (aparentemente fusilado) en mayo de 1975 por parte del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) una de las cinco organizaciones guerrilleras que confluiría en el FMNL poco menos de una década después.

Con el cambio de nombre del antiguo Cuartel Monterrosa y la destitución de Meléndez, a quien señaló del magnicidio (por Twitter, lógicamente) Bukele logra una acción política: mostrar a ambos sectores del país que no habrá ley de olvido y que se castigará por igual a quienes alguna vez empuñaron las armas, sin importar el uniforme y el bando ideológico que representaron. Bukele parece encarnar un extraño representante de centro que no está dispuesto a pasar la hoja y cerrar los ciclos de polarización que dejó la guerra. Finalmente, el Presidente cuenta con un elemento a favor: su juventud. Para cuando nació la guerra civil estaba en su apogeo y para cuando se firmó la paz Bukele era apenas un preadolescente. No fue parte, y de cara al pueblo, no tiene el deber de guardarle la espalda a nadie.

El estilo de esos primeros días parece marcar una bitácora: Bukele interactúa con su equipo de trabajo a través de Twitter, allí le comunican los planes a seguir, los problemas que presentan sus respectivas carteras ministeriales y las huellas de corrupción y abandono que encontraron, algo que vuelve a levantar los aplausos de las tribunas, en un país donde paradójicamente impera el abandono rural, la desigualdad económica y donde un porcentaje menor al 5% usan esta red social.

La gran pregunta que ronda a los politólogos latinoamericanistas es más allá de sus discursos contra la corrupción de los partidos tradicionales. ¿Quién es Bukele? ¿Cuál es su política económica? ¿Qué va a hacer para afrontar los retos de uno de los países más desiguales y violentos del hemisferio? De ello, poco se sabe, por una parte, mensajes ambivalentes sobre la “necesidad de tomarse una medicina amarga” - que el FMNL automáticamente asoció con la receta neoliberal - y encuentros frecuentes con Jean Manes, la flamante Embajadora de Estados Unidos quien se retira tras tres años en el cargo.

¿Habrá recortes? ¿Reducción del Estado? ¿Privatizaciones? ¿Estatizaciones? El FMNL especula y lo señala como un neoliberal (pese a haberlo acogido en su seno por más de un lustro), pero al mismo tiempo ARENA (el tradicional partido de derecha, fundado por Roberto D’Aubuisson, quien lideró los escuadrones de la muerte y señalado como el autor intelectual de la muerte de San Oscar Romero en 1980) muestra toda una feroz oposición al nuevo gobierno.

El ascenso de Bukele a la Presidencia es la evidencia del descontento generalizado de los salvadoreños en sus instituciones. Tras tres gobiernos sucesivos de ARENA posterior a la firma de los Acuerdos (Armando Calderón Sol, Francisco Flórez y Elías Antonio Saca) los salvadoreños permitieron que un militante del FMNL llegara en 2009 por primera vez al poder, el periodista Mauricio Funes logró en primera vuelta llegar al poder y lograr que el Partido se mantuviera un quinquenio más con la llegada de Salvador Sánchez Cerén en 2014, quien fuera dirigente guerrillero en las épocas de la guerra civil.

Sin embargo, la década de la izquierda en el poder dejó una profunda desazón en el electorado, hoy Funes es prófugo de la justicia salvadoreña por enriquecimiento ilícito y malversación de fondos, y desde el exilio (se encuentra asilado por el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua) y desde twitter se dedica a criticar la labor de su antiguo copartidario, el hoy Presidente Bukele. Por su parte, Sánchez Cerén se retiró con los más bajos índices de popularidad desde el retorno de la democracia y poco ayudan los anuncios de su sucesor de más de diez familiares directos suyos, vinculados a diversas entidades del Estado.

Por otro lado, la desastrosa política exterior del FMNL evidenciada en un apoyo irrestricto a los regímenes nicaragüense y venezolano, y un evidente silencio ante las denuncias de violaciones de Derechos Humanos fue dejándolo solo en el escenario político latinoamericano, algo que Bukele supo capitalizar en un discurso radical que lo pone nuevamente del lado de la mayoría, al lado del bloque latinoamericano que desconoce a Nicolás Maduro.

El descontento popular, que podemos evidenciar en una caída constante desde 2004 en la participación política del electorado en las presidenciales (gráfica 1) se convierte en un campo interesante para un presidente joven que vocifera por Facebook, imparte órdenes, amenaza a los corruptos y habla de un cambio que no encarnó la izquierda un país donde las tasas de criminalidad son un desafío para las nuevas amenazas a la región. Probablemente, como mencionaba el hoy cardenal salvadoreño Gregorio en entrevista con el suscrito, los “hijos de la guerra”, las amenazantes pandillas trasnacionales que cruzan por todo Latinoamérica, se convierten en uno de los principales desafíos para el joven Presidente, que lidia con el discurso anti-inmigrantes de Donald Trump (quien además se encuentra en sus propias elecciones), un dato que no es menor en un país donde las remesas que vienen del exterior representan el 1% del PIB según datos de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social FUSADES (2017).

Los retos del nuevo Presidente van más allá de lo mencionado en materia económica y social, tiene un desafío político no menor, gobernar con una clase política con la que lleva pésimas relaciones, pero que domina el Congreso (el Partido de Gobierno cuenta con diez de los ochenta y cuatro sitiales de la Asamblea Legislativa, y entre ARENA y el FMNL suman 60) y demostrar que puede gobernar con la misma facilidad con que profiere tweets-mandatos que van desde la construcción de puentes hasta la interacción con influencer de videojuegos.

* Luis Fernando Pacheco Gutiérrez es colombiano de nacimiento. Académico por vocación. Abogado, Especialista en Desarrollo Personal y Familiar, Egresado del Curso Superior de Defensa Nacional de la Escuela de Defensa Nacional y maestrando en Relaciones Internacionales. Ha sido docente, investigador y directivo de instituciones educativas y universidades de Colombia y Argentina. Actualmente se desempeña como Jefe de la Oficina de Paz y Derechos Humanos de Neiva (Colombia)

Miembro del equipo fundador de La Gaitana Portal.


LA GUACHAFITA