• Jaime Navarrete*

La comunicación política para la reconciliación nacional


Foto: Agencia Comunitaria das Favelas

En Colombia, históricamente en la política se ha empleado la violencia como método para imponer las ideas, y no el debate público, respetuoso y argumentado. El conflicto interno armado, social, político y económico, ha sido utilizado como un eje de control por parte de los grupos dominantes, que con diversas estrategias no solo militares y económicas, sino políticas y comunicativas, se han logrado mantener y consolidar como única opción de poder.

Los dominantes son también llamados “señores de la guerra” y aquí en Colombia, sí que es asertivo este sobrenombre, ya que son pocos los ejemplos de consensos nacionales y escasean puntos fijos de producción y reproducción social, que permitan plantear un proyecto de nación que reconozca la diferencia como una fortaleza, y al “enemigo” del status quo, como un sujeto político poseedor de un discurso y una racionalidad, que merece ser escuchado y analizado en la esfera pública, y por ende disputarse los escenarios de poder.

En cuanto a los discursos ocultos o de resistencia, son muchos los que se pueden reconocer y exaltar en Colombia, principalmente porque en el país los medios de comunicación han ampliado, difundido, almacenado y sostenido el discurso público-oficial-hegemónico, disminuyendo a un mínimo irrisorio la posibilidad de que estos discursos marginados planten sus dudas y propuestas, y sean tenidos en cuenta por la sociedad.

Por algo este país es conocido como uno de los más “fiesteros” del mundo. Aquí hay carnavales, ferias, concursos populares con temáticas tan particulares como la panela, donde los discursos de los silenciados, marginados, humillados, se expresan en diversas formas como la copla, la rajaleña, el canto…que desafían los discursos dominante.

El desborde del conflicto interno a variadas esferas, como la cultural y la deportiva, nos permite dimensionar las implicaciones de la banalización del terror y el envilecimiento de la confrontación armada en la experiencia cotidiana y el tejido social de la nación. Por lo tanto, se hace necesario construir un relato colectivo que nos permita reconocernos en la diferencia y gestionar el duelo dejado por la violencia, como un asunto social y colectivo, donde claramente todos los sectores recuperen su capacidad para expresarse y afirmarse como sujetos de su propia vida.

Los dominados, que han sido víctimas históricas deben tener el pleno derecho de organizar y categorizar sus narrativas propias, y exponerlas en espacios públicos de diálogo y debate.

La columna vertebral de la democracia es la pluralidad pero está no se consolida por sí sola, sino que necesita de la libertad de pensamiento y expresión. Por ello son necesarias las garantías de participación y oposición política, que se basan en el reconocimiento de la dignidad humana de todos(as), sin distinción alguna. La reconciliación nacional tan anhelada parte de eso.

Fuentes:

  • De eso no se habla. Claves para re-pensar las relaciones entre comunicación y política; Jorge Iván Bonilla.

  • La condición humana; Hanna Arendt.

  • ¿Dónde está la franja amarilla?; William Ospina.

*Estudiante de Comunicación Social y Periodismo, Universidad Surcolombiana


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