• Adonis Ramírez*

¿Por qué nos suicidamos los médicos?


Foto: Saludiario

En los últimos meses hemos escuchado de muertes por suicido de distintos colegas médicos, con carreras “exitosas” y sin encontrar causas aparentes de los motivos de estas decisiones. Diferentes publicaciones y estudios han analizado las posibles causas de estas muertes pero aún faltan estudios más profundos y completos.

¿Cuáles podrían ser las causas?

Desde mi punto de vista como profesional de salud he analizado y estudiado este tema encontrando diferentes aristas para la discusión.

En primer lugar, la depresión. Esta es una epidemia de la sociedad actual, oculta, mal diagnosticada y mal manejada. Dentro del gremio médico manifestar que se tienen síntomas de depresión, cansancio o tristeza es sinónimo de debilidad y es muchas veces mal visto por los colegas. Durante nuestra formación como especialistas somos sometidos a extenuantes jornadas laborales sin dormir, llenas de situaciones de estrés, ansiedad y altas cargas de responsabilidad lo cual en muchas ocasiones nos genera angustia, ganas de renunciar o desfallecer terminando a veces en verdaderas depresiones. ¿Cuantos médicos en estos casos han consultado a otros especialistas? No hay estadísticas y la gran mayoría prefiere callarlo conllevando a problemas familiares y fracasos en las relaciones interpersonales y sentimentales.

En segundo lugar, el síndrome de Burn-Out o síndrome del desgaste profesional, descrito hace unos años, consiste en el cansancio y verdadero desgaste por las extenuantes jornadas laborales sin adecuado descanso y sin encontrar una remuneración no solo económica sino emocional al trabajo que se realiza.

Tercero, las inadecuadas relaciones familiares, esto como consecuencia de la gran carga laboral que a veces consume todo nuestro tiempo y nos impide encontrar espacios para compartir en familia.

Cuarto, la decepción por no lograr una vida académica. Muchos al terminar su formación profesional quieren dedicarse a la investigación, enseñanza y poder publicar sus trabajos en prestigiosas revistas pero se dan cuenta que casi es imposible porque estas actividades no generan remuneración económica, requieren una infraestructura y demandan gran cantidad de tiempo.

Por último, las altas expectativas sociales y una mala planeación económica. Al iniciar nuestras vidas profesionales los estándares sociales por los que muchos se dejan regir los llevan a conseguir grandes deudas para lograr un “estatus social”, teniendo que asumir grandes jornadas laborales, escaso descanso y vida familiar.

Queda mucho por hacer en las escuelas de medicina como enseñar a administrar el tiempo, administrar el dinero, crear conciencia en realizar actividades alternas y generar espacios para la vida saludable, romper el tabú de la depresión y su diagnóstico adecuado.

* Cirujano de Cabeza y Cuello, Instituto Europeo de Oncologia Milan, Italia.


LA GUACHAFITA