• Jaime Navarrete*

El despertar de la teleaudiencia colombiana


En el siglo XX se produjeron grandes avances en materia de comunicación a nivel mundial, uno de ellos se dio con el nacimiento de la televisión, que en Colombia llegó el 13 de Junio de 1954, en el Gobierno de Rojas Pinilla.

Desde entonces, dado al énfasis cultural que le dio el Estado, proliferaron las telenovelas y se hicieron famosas desde las década del 70 con clásicos como Caballo Viejo. Durante los 90, surgieron novelas exitosas como Café con aroma de mujer, Yo soy betty, la fea y Azúcar, que conectan con la variada audiencia Colombiana, debido a su estructura basada en la regionalización. Esto tuvo en cuenta algunas características específicas del paisaje y al modelo general: una relación amorosa entre un hombre y una mujer que con muchas dificultades intentan estar juntos.

Esto ha marcado una cultura, como darle un valor especial al ser una chica nerd y no necesariamente bella, como se generalizó por Yo soy Betty la fea. Es decir, que como afirma Noelle Neumann, los medios de comunicación terminan por influir en las formas de ser, estar y hacer de una sociedad.

Posteriormente vendrían en el 2000, las series de televisión que en el país han estado dominadas por temáticas violentas y alusivas al narcotráfico, como Pablo Escobar o Las muñecas de la mafia, por nombrar algunas, que han alcanzado ratings asombrosos entre los telespectadores Colombianos y se han convertido en referentes internacionales de series, y no es precisamente por la calidad audiovisual o los paisajes que utiliza, sino por el morbo a la sangre y la pornopobreza a la alude para ganar audiencia, y que definitivamente generan una visión de que los negocios fáciles y rápidos permiten cambiar una realidad de pobreza, miseria y falta de oportunidades en la que viven millones de Colombianos.

Se suma a esto, la llegada de los realitys shows, en la que los dos canales privados que actualmente predominan el espectro televisivo, adquirieron los derechos de programas telebasura de formatos extranjeros y los adaptaron al contexto colombiano. Algunos de los más conocidos son El Desafío (14 temporadas), Yo Me Llamo y El Factor X (6 temporadas cada uno). En sus capítulos muestran esa faceta del ser humano que no se ve comúnmente, en medio de un ambiente hostil, de inseguridad y competitividad exponen de forma visceral intimidades y el límite de la supervivencia humana.

Esto ha contribuido al adormecimiento de la población enfocándola en una “realidad virtual” o pseudorealidad, que no les permite cuestionar, analizar e interpretar los diversos acontecimiento de la realidad nacional. Estos programas resultan ser socialmente aceptados y legitimados según sondeos y encuestas, lo que ha provocado una gran espiral del silencio, que a través de los años ha venido mostrando fracturas. Con espiral del silencio nos referimos a un aislamiento de un grupo minoritario que se opone a estos productos culturales, pero que se sienten obligados a aceptarlos, por miedo a ser aislados, por el grueso de la mayoría los consume

Sin embargo, la gente resiste. Hoy por hoy existe una oposición por parte del “núcleo duro”, es decir los ciudadanos o telespectadores, al consumo y proyección de estos programas telebasura y de noticieros como RCN y Caracol, que muestran un grave sesgo en la presentación de las noticias, motivado seguramente por los grupos económicos que los sostienen. Consideremos el caso del Canal RCN, de orientación uribista, el cual enfrenta una significativa reducción de su audiencia, en parte por su evidente sesgo político al momento de informar a la opinión pública.

Esta audiencia crítica y reflexiva sobre el consumo de los productos culturales está creciendo cada vez más. Por citar un ejemplo, canales como el UNO, se vienen potenciando como alternativas a estos canales privados tradicionales, afectando el dominio de su espiral del silencio. No sólo en asuntos culturales sino en asuntos políticos, cada vez la ciudadanía es más consciente y se atreve a cuestionar, fortaleciendo el núcleo duro que agita la opinión y el debate público.

Fuentes:

* Estudiante de periodismo y comunicación social, Universidad Surcolombiana.


LA GUACHAFITA