• Carlos Tobar

1° de Mayo: Por la defensa del trabajo y la producción


Cortesía: Diario del Huila

Si hay alguna situación que refleje fielmente la realidad de los trabajadores colombianos es la falta de fuentes de empleo, con remuneraciones dignas y justas; la causa es la precariedad y el debilitamiento del aparato productivo nacional. Son factores complementarios: sin producción no hay trabajo y sin trabajo no hay producción. Puede parecer una afirmación de Perogrullo, pero es de una profundidad incontrovertible. Sobre todo, si se contrasta con la que ha sido, por 28 largos y dolorosos años, la política económica oficial de los gobiernos: el “libre comercio”.

Renunciar al desarrollo autónomo y soberano de la nación colombiana, para abrirle paso a la inversión de grandes capitales, especialmente extranjeros, en cumplimiento de uno de los principios neoliberales “la confianza inversionista”, ha tenido consecuencias nefastas para la producción y el trabajo nacionales. Desde 1990 hasta hoy, se han perdido millones de empleos en la agricultura, la agroindustria, la industria, los servicios, el transporte, el comercio…, así como destruido sectores y empresas en todos los ámbitos de la producción, que han sido sustituidos por producción extranjera y trabajo extranjero. Cuando, en los últimos años, hemos dejado de producir internamente, por ejemplo, textiles y confecciones, hemos terminado creando 400 empleos en empresas importadoras de esos bienes, mientras sacrificamos 20.000 empleos estables y bien remunerados en ese sector industrial.

Esta, es solo una de las políticas económicas neoliberales que las élites gobernantes han venido aplicando de manera sistemática y progresiva, gobierno tras gobierno: Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe I y II, Santos I y II y, ahora Duque. Los planes de desarrollo que han propuesto e implementado cuatrienio tras cuatrienio, son una sucesión de planes, programas y medidas orientadas a favorecer sin límites los grandes negocios, así se sacrifique el presente y el futuro de las mayorías trabajadoras. Como decían las abuelas en ellos “no hay puntada sin dedal”. Todo obedece a un propósito: el favorecimiento de las élites del país y sus socios extranjeros. Los negocios financieros, minero-energéticos, el precio de los combustibles, las tarifas de los servicios públicos, los impuestos, etc., los servicios de salud, educación, la vivienda y, en fin, todo lo que tenga que ver con la vida del pueblo, ha quedado sometido al interés supremo del libre comercio.

En este primero de mayo de 2019, año en que se conmemoran los 200 años de la independencia de la nación colombiana de la dominación colonial española, los trabajadores formales e informales, de la ciudad y del campo, así como los sectores productivos que crean riqueza nacional y trabajo para los colombianos, debemos hacer frente común para oponernos con firmeza a la política de recolonización económica y política del gran capital financiero parasitario mundial. El camino del progreso de Colombia como nación, pasa inexorablemente por esta batalla, la más importante desde la gesta libertaria de Bolívar, Santander, Nariño y la pléyade patriota de 1819.


LA GUACHAFITA