• Angélica Ortiz*

El perfil de un buen político


Foto: Político.pe

Bien decía Charles de Gaulle: “He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos” y no es para menos empezar esta columna con tan categórica frase del general y estadista francés, quién presidió el Gobierno provisional de la República Francesa en 1944. La establezco por dos razones fundamentales y coyunturales: por un lado, el papel ético de los políticos colombianos; y en segunda instancia, relacionada con lo anterior, porque estamos en el marco de un proceso electoral regional.

Las polémicas por encima de la gestión se han convertido en el pan de cada día de las noticias en materia política de nuestro país; cuestiones culturales, históricas, políticas, sociales y económicas han dado a que la corrupción y la falta de ética en nuestros funcionarios públicos afecten enfáticamente el desarrollo previsto e idóneo de los Planes de Desarrollo para el fortalecimiento y crecimiento de una región en particular. Y posiblemente las personas se preguntarán a qué me refiero.

En pasados días del mes de febrero de este año que apenas lleva unas cuantas semanas y se ha convulsionado en diferentes temas trascendentales (Odebrecht, Hidroituango, Proceso de Paz con el ELN, entre otros) en el Concejo de la ciudad de Bogotá se construyó un nuevo debate, y esta vez no enfocado en la valorización de la ciudad, su precario sistema de movilidad o su cuestionable estándar de seguridad. No, su tema de discusión fue el posible estado de embriaguez con el que llegó la Concejal Xinia Navarro a la sesión del Cabildo Distrital.

De ser así, justificaciones como la celebración de su cumpleaños pasarían a un segundo plano, partiendo de la lógica esencial que todos los funcionarios públicos deben ser referentes de la probidad de sus comunidades. Y en ella se centra el papel de la ética del político colombiano, que se acostumbró a generar este tipo de escándalos y los convirtió en referentes de la opinión pública, transformando la esencia de la labor pública.

Y la concejal Navarro no es la primera en ser centro de atención por un tipo de escándalo de esta magnitud, ha habido otros que van desde comentarios hasta actitudes que atentan contra la dignidad y el respeto de los derechos fundamentales de los ciudadanos. Algunos de estos casos se han visto con Roberto Gerlein, Liliana Rendón y Antonio Luis Zabaraín en el Congreso de la República; Rodrigo Mesa, en la Asamblea de Antioquia; y Jorge Durán Silva, en el Concejo de Bogotá.

Y el efecto es tal que nuestro intento continuo por mejorar la sociedad y construir programas que beneficien a toda la comunidad se ven opacados por estos hechos. Estamos envueltos hoy día en unas nuevas elecciones regionales donde adicional a un programa de gobierno idóneo, ejecutable y oportuno a las necesidades y realidades de la sociedad, debemos agregarle el papel de la ética en el funcionario que lo representa.

Nada más bastaría con ver una homogeneidad entre la gestión y la gerencia de los proyectos con la honestidad, compromiso y ejemplo de quién lo presenta. Conocemos nuestras necesidades y tenemos claro las virtudes de nuestros sectores económicos, culturales y sociales de nuestro entorno, es hora de que votemos realmente por las personas que respondan a esas necesidades con políticas públicas integrales, con participación e inclusión de sus habitantes, y sobre todo, con un intachable perfil ético que corresponda a una verdadera lucha contra la corrupción.

*Internacionalista y politóloga


LA GUACHAFITA