• Carlos Losada*

¿Y si se despierta el Nevado del Huila?


Foto: Cortesía de El Tiempo

El movimiento sísmico de los últimos días, sumado al recuerdo de tragedias vividas en Armero, Armenia, Popayán, Tumaco, Mocoa, entre muchas otras, han puesto en boca de los huilenses y de toda la opinión pública el temor que representaría la activación volcánica del Nevado del Huila. Incertidumbre que se materializa en el hecho de plantear si estamos preparados ante las catástrofes naturales.

Aunque ni Colombia, ni cualquier otro país está completamente preparado ante los desastres naturales, el Estado colombiano ha trabajado por la implementación de una política nacional de Gestión del Riesgo. Sin embargo, el esfuerzo del Gobierno genera una disyuntiva sobre la efectividad de los programas de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres respecto al conocimiento y actitud de la ciudadanía y algunos gobiernos locales frente a estos episodios naturales.

Sabemos perfectamente del impacto a la infraestructura de los municipios ante los movimientos telúricos o las erupciones volcánicas. Colombia ha trabajado por la implementación efectiva de un reglamento sísmico moderno con el objetivo de que la información sobre los diseños sismoresistentes sea pública e implementada en todos los proyectos de infraestructura y desarrollo urbano, norma que se actualiza cada diez años (desde su fecha de creación en 1984). Pero esto no es suficiente, y es aquí donde la labor de los gobiernos municipales flaquea frente a la oportuna gestión de los recursos para estos temas.

Entonces, ¿cuántas construcciones realmente pasan por estudios de la Curaduría? Muy posiblemente el porcentaje es menor al esperado, y esto debido a la informalidad de las construcciones en nuestro país- Este hecho se ha dado por la desigualdad y la brecha social evidente que ha llevado a la población con escasos recursos a recurrir a la cimentación de edificaciones bajas, pequeñas y sin preocuparse por la aplicación de la normatividad sismoresistente. Asimismo, apegada a un histórico sentimiento de las personas que frecuentemente manifiestan remota la posibilidad de vivir un desastre natural.

No solamente es una tarea para que como ciudadanos velemos por la adecuada gestión de los recursos de los gobiernos de turno que en este final de año dejarán sus cargos, sino también como punto de partida para que las nuevas administraciones las tengan presentes como principales motores de desarrollo y proyección de los municipios.

Por otra parte, y ligado a lo anterior, ¿qué capacidad de respuesta debe tener un ciudadano para afrontar una catástrofe natural? Como lo han manifestado en reiteradas ocasiones las instituciones públicas y privadas especializadas en el tema, el papel de la ciudadanía para mitigar las consecuencias de los desastres es fundamental. Su labor va desde la participación activa en los diferentes simulacros de evacuación que se realizan en los sitios de trabajo, los espacios públicos y los hogares; así como el conocimiento de la ubicación geográfica de su vivienda, analizando de esta forma el esquema de seguridad en su segmento estructural.

Y finalmente, como principales actores ante los desastres se debe tener a la mano lo que siempre se ha recomendado: Botiquín de primeros auxilios, documentación al día, equipos de comunicaciones, pitos y números de contacto de los organismos de socorro. El primer paso para evitar un desastre natural está en estar preparados ante ellos. No olvidemos que Colombia es un país sísmico que se encuentra en constante movimiento por las placas tectónicas.

* Politólogo e internacionalista


LA GUACHAFITA