• Carlos Tobar

Un cambio de año turbulento


Foto: Qeenor.com

Se cerró el año viejo e inició el año nuevo con grandes turbulencias tanto internas como externas. La más destacada fue la descolgada de las acciones en las bolsas de valores del mundo que, perdieron porcentajes que oscilan en promedio entre el 10% y el 20% de su valor anual. No solo no tuvieron retribuciones importantes para sus poseedores, sino que, disminuyeron sustancialmente su valor.

No se escapó ninguna región: desde las Américas, incluyendo la poderosísima bolsa de Nueva York, acosada por la economía del Trumpismo, pasando por las bolsas europeas, sacudidas además por los graves conflictos políticos de casi todos sus países, donde el caso del Reino Unido (UK) con el Brexit aún no acordado amenaza con la decadencia imparable de la que fuera la primera potencia capitalista de la era moderna. Cierra el ciclo bajista la evidente desaceleración de la economía China, inmersa en una dura confrontación comercial con los EE.UU., el estancamiento secular de Japón, las dificultades económicas de India y la pérdida de valor generalizado de las acciones en las bolsas asiáticas. Cerremos esta referencia diciendo que, el estancamiento o la reducción de la tasa de ganancia del capital a nivel mundial está poniendo en entre dicho el statu quo consolidado desde finales de la Segunda Guerra Mundial Imperialista hasta hoy. No es cosa de poca monta. Tanto que, lo desajustes políticos son el pan de cada día en todos los continentes del planeta. Algo lógico si se entiende que la única manera que el capital tiene de crecer es por la vía de conquistar nuevos mercados o intensificar la explotación de los mercados donde opera. Agotadas las dos opciones, no queda sino la confrontación, cada vez más aguda entre los grandes monopolios dominantes en el mundo globalizado del capital financiero parasitario.

En ese marco internacional donde Colombia es “una hoja al viento” en medio de la borrasca, la situación nacional es de extrema gravedad. El fracaso evidente del modelo neoliberal impuesto por la globalización capitalista monopolista que arrasó en su favor el aparato productivo nacional, donde la desindustrialización y la desagrarización han sido la norma, amarrándola a una economía extractivista de materias primas, particularmente del petróleo y el carbón, ha terminado por generar el mayor paro del trabajo en la historia reciente del país. Con un desempleo reconocido del 10%, más un trabajo informal del 48%, donde el desempleo juvenil bordea cifras superiores al 20%, al que se suma el congelamiento de los salarios durante más de 25 años, era inevitable que el mercado interno terminara fuertemente golpeado. Es evidente que las importaciones crecientes, legales e ilegales, más la bajísima capacidad de compra de los colombianos han hundido el consumo nacional, lo que conlleva a que de la crisis no se escape nadie, ni siquiera el gran capital.

Sumémosle la corrupción inherente al mundo sin control de los grandes negocios (v.gr. Odebrecht y la fiscalía general de la nación) y, encontraremos un cuadro dramático que hace prever que este “año del señor” de 2019, puede ser uno de los más convulsionados que conozca Colombia. Preparémonos para los grandes sacudones que nos atisban.


LA GUACHAFITA