• Jaime Navarrete*

La verdadera conexión


Foto: Carolina Rodríguez | El Espectador

Sea cual sea el origen de nuestro planeta tierra, este es nuestro hogar; aquí nacieron nuestros antepasados, ha emergido nuestra especie dominante sobre las demás, destacándose por su capacidad de razonar y amar, hemos creado poderosas civilizaciones llenas de grandes e ingeniosas construcciones, y hemos creado desde los actos cotidianos nuestra variada cultura, que nos han permitido trascender en el tiempo y permanecer; el planeta Tierra, nuestra Pachamama, ha sido el mejor anfitrión de nuestra especie, ¿Acaso no merece un reconocimiento?

La relación entre el ser humano y la naturaleza actualmente se ha deteriorado demasiado, vivimos una crisis en todos los ámbitos generada indudablemente por el sistema capitalista actual. La ambición del ser humano por obtener exageradamente dinero que relaciona con bienestar, progreso, desarrollo y felicidad, le ha hecho olvidar la importancia que tiene la naturaleza en su estadía aquí. Esta es la que le ha permitido llegar donde está, las montañas les han servido de refugio, los ríos han calmado su sed, las selvas le han brindado alimento, los mares le han servido para comunicarse, expandirse y explorar remotas regiones, esta conexión espiritual vital, ha sido olvidada por la mayoría de seres humanos y suplantada por los beneficios efímeros del consumismo salvaje.

Nos encontramos frente a un paisaje natural sobreexplotado, que está siendo deforestado y saqueado de una forma totalmente inhumana, según Greenpeace, la deforestación en los años 70 alcanzaba un 1% de la Amazonía y actualmente está cerca al 20%. Petróleo, minerales, arboles, animales…estamos acabando con todo y contaminando indiscriminadamente; lo más desconcertante aún es que la naturaleza nos sigue mostrado su lado majestuoso e incomparable: exuberantes cataratas como Iguazú entre Brasil y Argentina; desiertos misteriosos, como Atacama en Chile; animales exóticos, como el pez Axolote de México; selvas húmedas, como el Chocó Biogeográfico que comparten varios países de América del sur; feroces volcanes, como Parinacota en Bolivia; y montañas, como el Cerro Tusa en Colombia, que se resisten a caer ante la mano arrasadora del hombre, nos dan un claro mensaje: ¡Despertemos!. Sin embargo, nuestro conformismo e indiferencia frente a una cruda realidad, como lo es el cambio climático, está contribuyendo a que sigamos en este ciclo enfermizo, pues, contrario a cuestionar el actual modelo y planear soluciones en pro de la vida y el bien común, estamos caminando pasivamente hacia la hecatombe global.

Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, la concentración atmosférica de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero liberados en los últimos 50 años, han alterado de manera drástica el clima mundial, de seguir esta tendencia se incrementaría el calentamiento global generando desastres ambientales, sociales y politico-economicos, por los fríos o calores extremos, el incremento del nivel del mar, la escasez de agua dulce, la modificación de los niveles y la distribución de particulares aéreas naturales, como el polen, entre otras muchas consecuencias que en su conjunto amenazarían la permanencia de la especie humana.

Nos estamos preocupando por autodestruirnos con sofisticadas armas, que solo causan dolor y devastación, la tecnología no está siendo usada ni para ayudarnos a vivir en comunidad de forma solidaria y equitativa, ni mucho menos en mantener la histórica conexión vital entre hombre-naturaleza, sino que al contrario está contribuyendo a dejarnos sin memoria, a ser individualistas y superficiales, emergiéndonos en un mundo artificial de apariencias y status banales, que nos enajena de las situaciones simples y valiosas de la vida, como reconocer el aleteo de una mariposa o la fragilidad de la una flor. Basta aclarar que el problema no es la tecnología en sí, sino el uso que le estamos dando a esta. Igualmente, debemos tener claro que el mundo actualmente necesita más que Ciberactivismo o “activismo de sofá”.

Ahora bien, todos y todas vivimos pensando en ‘’ser alguien en la vida’’, pero no nos damos cuenta que ya somos alguien desde que nacemos, solo debemos asumir nuestro rol de seres humanos que convivimos y crecemos en sociedad.

Estamos ignorando el verdadero sentido de la vida, que es servir, compartir con el otro, valorar y cuidar nuestro planeta, nuestra Pachamama, estar conectados para construir un buen vivir/vivir bien, que no es más que vivir feliz en comunidad, sin arribismos, envidias, codicias o ambiciones exageradas, que se basan en la falaz idea de que los “recursos” en el mundo son infinitos y que no debemos compartir, basta de eso, recuperemos la verdadera conexión.

Posdata: “Así como los ríos nacen aquí y desembocan allá, allá nace el vapor y llega acá por medio de las nubes, eso quiere decir que toda el agua que baja se devuelve, entonces si comienzan a deforestar eso nos afecta a nosotros por cuenta del ciclo hídrico” Martin Von Hildebrand, etnólogo y antropólogo, sobre la posible expansión de la frontera agrícola en la Amazonia brasileña y su efecto en Colombia.

Algunas fuentes para consultar:

  • Adalid Contreras, Comunicación para el buen vivir/vivir bien.

  • Amazonia Colombiana, la víctima silenciosa de la política antiambiental de Bolsonaro; Revista Semana

  • ¡Vive la U, Vive la Paz!; Federación de Estudiantes Universitarios de Colombia

  • Cinco especies del reino animal que lucharon por llegar vivas al 2019; El Espectador.

  • Organización Mundial de la Salud, OMS.

  • Zygmunt Bauman, Modernidad Líquida.

* Estudiante de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Surcolombiana


LA GUACHAFITA