• Angélica Ortiz*

El valor de la educación en Colombia


Foto: Cortesía de El Tiempo

Como lo establece la Constitución Política de nuestro país firmada en 1991 y que ha regido nuestro destino político y la construcción de tejido social, la educación es un derecho de la persona y un servicio público que tiene función social; suele decirse en ocasiones que las palabras que se plasman en este tema han perdido vigencia por la falta de gestión y desarrollo de políticas públicas integrales a este camino, o porque le hemos perdido la fe a demostrar que a través de un consenso se puedan establecer lineamientos.

Luego de semanas en paro, movilizaciones en las plazas y las calles de las ciudades, enfrentamientos, abusos de fuerza, encapuchados y heridos por doquier podemos ver una luz que supere las adversidades y el cese de actividades académicas de las universidades. No quiero utilizar este espacio y en especial esta oportunidad para debatir sobre la correcta o no utilización de la fuerza legítima de las autoridades, o el adecuado procedimiento de movilización de los estudiantes; mi mayor motivo es manifestarle mi apoyo a los resultados que ha logrado la mesa de diálogo entre el Gobierno Nacional y los estudiantes, y sobre todo, en el impacto que acarreará la adjudicación de más de 6 billones de pesos al rubro de educación (debe recordarse que ha sido en este Gobierno en el que más se ha favorecido el gasto público en este ítem respecto a los demás).

Y es aquí donde todos a partir de ahora debemos tener lupa a los detalles. 6 Billones de pesos representan una cantidad de dinero importante para la ejecución efectiva de los planes y programas de mejoramiento del sistema educativo en Colombia a corto y mediano plazo; de la misma forma como sentimos apoyo o inconformismo por el efecto que trasladó las manifestaciones a las vías, la movilidad, el impacto a la opinión pública, así debemos convertirnos en veedores de lo que a partir de ahora se construya por el bien de las presentes y futras generaciones.

Y nuestro compromiso debe ir enfocado a tres sectores: el cumplimiento del Gobierno, la destinación de los recursos y el deber de los ciudadanos que se beneficien.

La historia no miente y en muchas ocasiones para evitar el recrudecimiento de las manifestaciones los gobiernos de turno establecen soluciones que no cumplen; lo anterior llevándonos a un interminable círculo vicioso sin una verdadera solución. Un buen ensamble de producción se caracteriza por el óptimo desempeño de sus líneas de trabajo, de lograr el cumplimiento de los acuerdos en la mesa de diálogo, el Gobierno logrará posicionar la labor de modernización de la educación que ha esperado décadas por ser reparado.

Pero aquí no termina todo, la destinación de los recursos debe establecerse no solamente en la adecuación y mejoramiento de la base presupuestal, los excedentes de cooperativas o el crecimiento de la investigación a través de Colciencias. Hemos visto que el trayecto desde el punto de inicio y el destinatario se torpedea por los escándalos de corrupción, y no solo por el hecho de las coimas, dádivas y demás aranceles que se han permeado en las instituciones estatales, sino también en las que internamente operan en las instituciones educativas; de la misma forma como hemos buscado que el Gobierno actúe en beneficio de la educación, así debemos ser vehementes y tajantes ante las irregularidades que se lleguen a presentar en las instituciones educativas.

Nuestra labor fundamental radicará siempre en ejercer control a la buena gerencia de los recursos estatales destinados a la educación; finalmente, es deber de nosotros aprovechar este escenario para fortalecer la educación en Colombia. De la misma forma que como sociedad exigimos al Gobierno Nacional, de la misma tónica debemos ser acreedores a responsabilidades plenas a estos derechos: El fortalecimiento de las líneas y áreas de investigación en Colombia, la erradicación de la pobreza y la desigualdad, y la eliminación de las necesidades de los ciudadanos se logra utilizando todos los recursos educativos disponibles. Es hora que la procastinación, la deserción estudiantil y los bajos rendimientos pedagógicos pasen a la historia.

* Profesional en Relaciones Internacionales y Estudios Políticos


LA GUACHAFITA