• Dayana Méndez Aristizábal

Curándonos de la ignorancia frente al VIH


No voy a hablarles aquí, del panorama difícil que se vive en Colombia y América Latina frente al VIH, de lo tedioso que es el sistema de salud, del calvario que viven las personas con VIH para que se les dé oportunamente el tratamiento adecuado, de la ausencia de políticas públicas serias para trabajar sobre la transmisión y de otras tantas situaciones. Quiero hablarles sobre esas ideas que tenemos instaladas a manera de prejuicios frente a la persona que tiene VIH, de esas mentiras que se han vuelto verdades a sangre y fuego y que por estos días en que se conmemora el día mundial de la lucha contra el VIH/Sida, nos vendrían muy bien para hacer un ejercicio de reflexión sobre la manera en que estamos facilitando o no, la vida de las personas con VIH. Un pequeño “ABC” que he ido aprendiendo en el camino investigando sobre el derecho a la salud, camino en el que he aprendido también que la ignorancia frente al VIH es una de las tantas maneras con las que perpetuamos la discriminación.

El Lenguaje

Lo primero es que como soy una convencida del poder transformador del lenguaje, empezaré por decir que es necesario fijarnos en cómo hablamos frente al VIH. De modo que decir que alguien es “sidoso o portador” es equivalente a estigmatizarla/o reduciéndole a una condición clínica; lo primero es considerar que es una persona, por eso lo respetuoso es decir: Persona con VIH.

Si decimos que el VIH se “contagia” estamos intrínsecamente asumiendo que por la mera cercanía con las personas puede adquirirse, como sucede con la gripe por ejemplo y no por el contacto con los fluidos que es lo que en verdad ocurre, por eso el VIH: Se transmite

No se transmite por:

Que si se transmite por comer en los mismos platos, por beber de la misma copa, por los besos, por el contacto físico, hasta por mirarles. No, la respuesta es no. Recuerdo que hace un tiempo, un amigo me decía que estaba hablando con una chica que tenía sida y de pronto algo de saliva de ella saltó mientras le hablaba y le cayó a él en la cara (un accidente de estos que nos habrá pasado muchas veces en la vida), pero que él estaba muerto del susto porque no sabía si eso podía ser riesgoso. Pues no, ni la saliva accidental, ni los besos apasionados. Está demostrado que las defensas naturales de la boca, tienen actividad frente al virus en estos casos, se defiende de forma natural.

Tampoco por el sudor, por la picadura de mosquitos, por dar la mano, por intercambiar ropa. La saliva, las lágrimas, el sudor, el aire y el agua, al igual que los alimentos no son vehículos de transmisión.

Se transmite por:

El VIH se transmite por vía sexual; por relaciones sexuales vaginales, anales u orales no protegidas. Como de cualquier enfermedad de transmisión sexual, es preciso protegerse adecuadamente con el uso del preservativo. Aunque en menor medida, el sexo oral también es un foco de riesgo. Se transmite por vía sanguínea; por compartir jeringas, por el contacto con la sangre, por transfusión sanguínea no controlada; por vía perinatal; de madre a hijo/a durante el embarazo, parto y lactancia. Con tratamiento y atención médica el riesgo de transmisión al bebé es casi nulo.

Además de batallar con la ineficiencia del sistema de salud, las personas con VIH tienen que soportar la ignorancia de la sociedad frente a esta enfermedad, soportar rechazos de todo tipo. No podemos seguir normalizando cualquier trato desigual a las personas con VIH porque no es normal, ni está bien, esto es simplemente discriminar y debemos reprocharlo social y jurídicamente. En el trabajo, en la disco, en la Universidad, en donde sea, una persona con VIH es simplemente una persona, como cualquier otra y merece el mismo respeto y trato digno. Que no se nos olvide esto y que cada día seamos capaces desde nuestra cotidianidad de acompañar esta lucha por la vida.

Colofón: Si usted es como yo, a quien la vida se le puede ir en una canción, vaya y escuche “Comiéndote a besos” de Rozalen. No podría explicar lo que esa canción me hizo un día pensar y sentir sobre el amor y el VIH/Sida. Al fin y al cabo es que esas cosas no se explican, solamente se sienten, atraviesan el alma y el cuerpo.


LA GUACHAFITA