• Ingrid Lozano Suárez*

La necesidad de escribir


Foto: María José Chitiva.

No sé si a ustedes les pasa que se cansan un poco de

la rutina cargante de ser la misma persona

todos los días […]

Darío Jaramillo Agudelo

Leer a Carolina Sanín es sentir ese puñal en la garganta, así como lo dice ella en su más reciente novela Somos luces abismales (2018): “he evocado mi boca, mi voz dentro del ruido”.

Una novela autorreferencial “Me llamo Carolina”, ocho historias y tres planos narrativos; su narración es el reflejo de aquellas dudas que creemos que nunca nos pasaría, una escritora que está buscando respuestas mediante la palabra: “buscando semejanzas, no una tristeza por haber tomado este camino, sino por sospechar que solo se puede ir hacia adelante por un camino insuficiente único, sin que no sepa si es la vida o la orilla de la vida” y que se hace diversas preguntas para iluminar sus extravíos: “Quizás el miedo procede siempre de que no sabemos dónde estamos; de dudar de que estemos donde creíamos estar; de no poder encontrar dentro de nosotros —de no poder intuir— las leyes del lugar que ocupamos”.

Sanín, emprende un viaje físico y narrativo buscando las respuestas a través de la evocación de los recuerdos de su familia, de su abuelo, de la casa, de su familia, de todo lo que nos construye, así como dice en su reciente novela: “¿Qué hago? Mientras vivo, si ese otro que existe en el vivo no vive, mientras no muere ¿entonces qué hace, dónde está? Mientras se vive…” un partir de sí mismo que se encuentra caído en el abismo de la monotonía de los días y de las noches, que se sumerge en la palabra para resucitar y volver al caos, al inicio del todo. Mientras tanto, su viaje que es un elemento metafísico en la narración va buscando reconciliarse y sobrevivir.

Su narrativa es autorreferencial porque la literatura es la representación real desde lo ficcional, es la construcción de la identidad, una identidad personal y social. La noción de un lenguaje poético cercano a la vivencia mística que logra una consecuencia ontológica, es decir el cuestionamiento del lector.

Sanín descentraliza la realidad precisamente por la yuxtaposición de la escritura de sus lecturas y la destrucción de esas ficcionalidades y realidades, por tanto, su mundo se ha convertido en escritura “Escribir es negro. Y escribir bien, mejor y más verdaderamente, es negro dentro de negro”, que es negro nuestros pensamientos, que se van aclarando y pueden ser luz, y que siempre estarán sujetos a cambio: “mi alma no ha vuelto de viaje”.


LA GUACHAFITA