• Juan Camilo Puentes C*

Universidad I: Pensamiento crítico y sociedad


Pensar en el mundo académico parece imposible, se supone, en teoría, que la universidad siendo el territorio de la educación superior es un espacio propio del pensamiento crítico, por ende constituido por pensadores críticos y estudiantes en proceso de formación crítica. Sin embargo eso no es así, el supuesto está venido a menos, y más ahora en tiempos de educación neoliberal donde los proceso formativos están orientados en su máxima expresión a las necesidades que tiene el modelo económico: la educación reducida a la necesidad del neoliberalismo.

Y en esa medida muchas críticas se pueden hacer, hoy me centro en un aspecto que tiene que ver con la relación sociedad-universidad; es decir, esas prácticas sociales propias de la academia y su impacto en el desarrollo de una sociedad (tema clave para la actual coyuntura política del continente); sobre todo cuando la educación superior ha pasado a ser más que una vocación propia (como lo planteo el ideal renacentista de intelectual) una necesidad para el ascenso social, que luego de lograrse se convierte en la zona de confort, espacio de enunciación de alguien que siente que ha hecho su aporte a la sociedad (con el hecho de graduarse) y que sus dividendos son parte de su esfuerzo. Pero, y qué ocurre con la producción del conocimiento que es faro del desarrollo de una nación, la producción de ciencia y tecnología como imperativos categóricos. La academia debe contemplar más que eso, movilizar la necesidad para que el estudiante (y aquí incluimos la intencionalidad de todos los niveles educativos y sus niveles de complejidad) desarrolle la autonomía, la reflexión, la responsabilidad, la crítica, la buena ética, y sobre todo esa conciencia que es definitoria para el pensamiento crítico.

Ken Robinson ha entendido el pensamiento crítico no como un espacio en el que sabes qué pensar sino un estado de la ciencia donde sabes cómo pensar, cómo tomar decisiones, cómo se es consciente de que tus decisiones son las que te llevan (a ti –en un primer nivel-; a los tuyos –en un segundo nivel- y a la sociedad –en un nivel más amplio-) por los caminos que transitas, un poco la idea de que somos nosotros los responsables de lo que a nuestras vidas les ocurra (ojo a esta idea, pues también existe como forma mítica en el capitalismo, de ahí la auto ayuda). Esto es fundamental para comprender la universidad en nuestro tiempo, porque cambió, las formas de lucha cambiaron y las búsquedas que como comunidad tenemos hoy son otras (aun sin mucha claridad de cuáles son). Nuestra tarea en estos tiempos debe buscar otras formas, otros lenguajes, y otros objetivos; la violencia debe pasar a un segundo plano, la piedra debe dejarse de lado, el enfrentamiento entre manifestantes y fuerza pública debe reconfigurarse pues es hoy solo una acto romántico sin posibilidades reales de nada.

Hay que pensar una universidad plena de conciencia, que además de ser una comunidad que históricamente ha ocupado las calles y ha salido a reclamar derechos, sean también en el plano de lo académico un lugar desde donde se puedan trabajar problemas propios de las comunidades para buscar acercarse a las necesidades propias que se tienen en el día a día. Asumir una actitud propia del siglo XXI con una universidad que como espacio crítico piense el desarrollo de formas de lucha para resarcir derechos (necesario), pero también construyendo procesos sociales desde los lenguajes disciplinarios que ayuden a solucionar problemas cotidianos o de alto impacto, para eso más que satanizarnos unos a otros por los tintes políticos hay que asumir en un primer momento la conciencia individual de lo que se hace en la universidad, para qué se hace, con qué sentido.

Y así como unos, los que toman la vocería en las marchas y los mítines políticos, asumen la línea de resarcir derechos, hay otros que asumimos las banderas de lo que la academia puede aportar desde lo disciplinar y entender que este es el punto básico de la tarea universitaria: lo que desde la abstracción se debe/pueda aportar a la reconstrucción de realidades que den la posibilidad de repensar y rehacer la esencia misma de lo social, donde son necesarios los aportes de todas las disciplinas. Pensar ¿cuál es el impacto social y la relevancia social de carreras como medicina y las ciencias de la salud (pienso en Héctor Abad Gómez), la física, la química, la biología, las ingenierías, la economía, la ecología, etcétera? Y ¿Cómo articular trabajos con sociólogos, psicólogos, antropólogos, politólogos y artistas? Y no me chamuye con la economía naranja a la que hay que ver con lupa.

*Investigador y Docente. Estudiante Maestría en análisis del Discurso - UBA (Arg.)


LA GUACHAFITA