• Carlos Losada*

Crisis en el Liberalismo: Hacia una nueva reinvención del Partido


Foto: Cortesía El Colombiano

No tengo claridad en el momento exacto en que opté por la decisión de estudiar, aprender y hacer de la política mi sentido de vida; posiblemente todo haya comenzado desde el momento en que cambié partituras musicales por más libros de lo que con el tiempo conocí como ciencia política. Y es que los cambios construyen nuevas ideas, generan nuevos caminos y se descubren más propósitos.

Del mismo modo como empecé a verle un interés a la política, a la labor social y la organización del Estado colombiano, así se concretaron los cimientos que en 1848 de la mano de José Ezequiel Rojas dieron origen al Partido Liberal Colombiano, un partido de carácter pluralista y constituido por una coalición de matices ideológicos con el objeto de trabajar por resolver los problemas estructurales políticos, culturales, sociales y económicos.

Hoy, pasados los años desde su fundación el nombre del Partido Liberal vuelve a ser centro de atención de la opinión pública, y contrario a lo que parece, la noticia pareciera que se volviera cíclica en la historia. Hemos visto un nuevo proceso de división dentro de los liberales, renuncias de renombrados líderes de sus toldas e interesantes reacciones frente a este suceso. La renunciatón no es nueva en el Liberalismo, y es tal su efecto que le ha permitido fortalecerse en el poder, mantenerse en la historia y lograr continuar constituyéndose como un partido importante en el escenario nacional.

Históricamente las divisiones en el Partido Liberal se han dado desde la aparición del General Francisco de Paula Santander en las intenciones presidenciales. Su primera división se presentó con la salida del General Santander de la Presidencia; su Gobierno se formó en torno a él y a su movimiento, conocido como el Partido Progresista. En 1837 en el marco de las elecciones se enfrentaron las vertientes de José María Obando y Vicente de Anselmo Azuero.

Esta ruptura que se centró más en el enfoque de las continuidades de las reformas del Gobierno de Santander propició el triunfo de José Ignacio de Márquez; la derrota del Liberalismo llevó al estancamiento de los programas del Gobierno anterior, iniciando los primeros procesos de oposición que se conoce en la historia política del país.

Bien decía Nicolás Maquiavelo en su obra insignia El Príncipe, la esencia de la política y los consejos que llenan este libro no tienen otro objeto que el mismo poder; para el periodo de 1863 a 1886 el Liberalismo gobernaría ininterrumpidamente, y es durante esta época que se fortalece el laicismo en la administración estatal. Cambios sustanciales se presentaron como la aplicación de una política anticlerical, el impulso de la educación laica y la adaptación del federalismo. Durante esta época nace la Constitución de 1863, consagrando la consolidación de los nueve Estados soberanos que se formaron desde 1855: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá, Santander y Tolima.

Las discrepancias del Gobierno con la Iglesia incitaron el rechazo general a las políticas liberales de turno, hecho que llevó a una segunda división en las toldas del partido con el propósito de desbancar del poder a aquellos que mantenían dichas posturas radicales para la época. Posterior a la Guerra Civil de 1885 y la derrota durante la Guerra de los Mil Días (1899 – 1902) los liberales mantuvieron el poder en el Congreso, pero no volvieron a la Presidencia sino hasta 1930; durante esta época como minorías fueron liderados por el General Rafael Uribe Uribe y posteriormente por el también General Benjamín Herrera.

La llegada de 1930 y motivados por las divisiones internas entre los conservadores lograron retornar al poder con Enrique Olaya Herrera; por dieciséis años el Liberalismo gobernó a Colombia de la mano de Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos y Alberto Lleras Camargo. El fin de la Segunda Guerra Mundial transfirió consigo la proliferación de líderes liberales que se fortalecieron en doctrinas modernas, más atinentes a la función social y la protección de las individualidades.

En un lapso de dos años se presentaría una de las más trascendentales divisiones políticas dentro del partido Liberal, que no solamente los limitaría a perder las elecciones contra Mariano Ospina Pérez en 1946, sino que también recrudecieron los índices de violencia en el país. La aparición del jurista bogotano de clase media Jorge Eliécer Gaitán revolucionó la forma de hacer política y el estilo de lograr adeptos a su causa; su muerte en abril de 1948 proliferó las disputas que desde la Guerra Civil (y posiblemente antes, todo bajo la consigna e interpretación de la historia de cada uno en particular) se presentaron entre los partidos tradicionales de Colombia.

El derrocamiento de Laureano Gómez y la llegada al poder del General Gustavo Rojas Pinilla facturó una nueva división interna en el partido; con el objetivo de iniciar un periodo de paz y una alternancia del poder nace lo que hasta 1974 se le conoce como el Frente Nacional. Al término de este episodio de la historia al interior del partido tres grandes líderes se debatieron por sus aspiraciones presidenciales: el expresidente Carlos Lleras Restrepo y los ex cancilleres Julio César Turbay y Alfonso López Michelsen, estos dos últimos llegando a la casa de Nariño.

El auge del narcotráfico y el ingreso de este a la política fomentaron el surgimiento de un nuevo líder carismático, pero que liderando un movimiento alterno al partido Liberal consolidaba sus aspiraciones a la Presidencia de la República; Luis Carlos Galán Sarmiento comprendió la importancia de reunificar a su Nuevo Liberalismo con la dirección del partido Liberal, pero su asesinato impidió la llegada de este al poder. A pesar de la fuerza que representa el Liberalismo en Colombia, desde la llegada de César Gaviria Trujillo a la Presidencia de Colombia el desvanecimiento y las rupturas internas se han acrecentado.

Posterior a la Presidencia de César Gaviria el desgaste político del Partido Liberal se hizo más fuerte con la aparición de los vínculos del narcotráfico con la presidencia de Ernesto Samper, hecho conocido como el Proceso 8000. Es así como paulatinamente la decadencia electoral propició la derrota de Horacio Serpa en 1998, la salida del expresidente Álvaro Uribe de la militancia liberal y el impacto que esta llevó al debilitamiento electoral del partido.

Su intención de llegar a la Casa de Nariño a través de un movimiento independiente le permitió al ex gobernador de Antioquia producir un cisma entre opositores y partidarios de la Política de Seguridad Democrática. Fue tal el efecto que la mayor parte de los liberales que respaldaron la tesis uribista, se marginaron del partido y se han agrupado en dos corrientes políticas contemporáneas: Cambio Radical y el Partido de la U.

Se acercan ya veinticuatro años desde que un liberal inscrito a su partido lograra la Presidencia de la República, y como en épocas anteriores, el resurgimiento del partido no da espera; y es precisamente aquí donde relaciono dos momentos invaluables en mi vida: Conocer mi ascendencia liberal y la importancia que recrea en nosotros rememorar frases que construyan paradigmas que aporten al tejido social colombiano.

Bien decía Luis Carlos Galán:

“La fuerza del pueblo está en la conciencia de sus derechos. En la conciencia de sus deberes. En la comprensión de que Colombia está iniciando otra época histórica, y que para que en verdad haya un salto cualitativo en la interpretación del país, en el conocimiento de sus realidades y posibilidades, todo colombiano tiene una tarea que cumplir”.

Desafíos se presentan en el Partido Liberal si esperan volver a llegar al Poder y recuperar su liderazgo en la política colombiana: Ideológicos, funcionales y de adaptación a los cambios sociales.

Desde su Acta Fundacional en 1848 el Partido Liberal ha mantenido una ideología que no ha perdido vigencia; cimentadas en las ideas liberales de la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión su plataforma ideológica se ha alimentado históricamente de sus grandes pensadores, destacándose en el paso a José Ezequiel Rojas, el General Rafael Uribe, Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán.

Su gran reto versa entonces en mantener dicho componente social y aportes históricos en el discurso del Liberalismo, invitando así a volver nuevamente el partido a ser del pueblo; lo anterior brindando una generación de condiciones que promoviesen la consolidación de una cultura política entre sus militantes y simpatizantes, logrando divulgar así el pensamiento liberal a través de procesos formativos e informativos.

Esta premisa empoderaría el Instituto de Pensamiento Liberal logrando a través de estudios, formación y capacitación desarrollar estrategias que permitan identificar las demandas sociales de cada territorio, contribuyendo al diseño y ejecución de políticas públicas mediante la identificación de los problemas en las diferentes regiones, y no solamente desde una vista central de las necesidades. Esta labor mejora en doble vía el fortalecimiento de su democracia interna, perfeccionando la participación de sus militantes en los debates ideológicos y mitigando el impacto directo ante los graves casos de corrupción que se presentan en temas de avales y control de los representantes.

Los cambios sociales a los cuales debe adaptarse el sistema de partidos políticos en el mundo los llevan a replantear las formas de representar los intereses de los ciudadanos; menciona la Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL, el uso de las nuevas tecnologías, como estrategia con el cual gobierno construye la figura del ciudadano digital, limitando la participación de los partidos políticos en la tarea de representar los intereses de la sociedad. Su desafío está en torno a constituir canales efectivos con los grupos de interés despolitizados, brindándoles herramientas necesarias que sirvan para identificar las problemáticas latentes de la sociedad, en donde el Liberalismo pueda proponer estrategias de solución, encaminar las demandas sociales y ganar simpatizantes que pueda convertir en futuros electores.

De superar estos grandes retos el Partido Liberal podrá consolidarse como una fuerza viva dentro del sistema político contemporáneo, recuperando la confianza perdida de los ciudadanos y logrando una respuesta oportuna a las demandas que la sociedad les imponga como representantes de sus intereses. Todo esto, claro está bajo el hecho de observar un nuevo cambio generacional en la política liberal, en palabras del General Rafael Uribe Uribe: “El partido liberal es bastante poderoso para tener una derecha, un centro y una izquierda”.

* Internacionalista y politólogo


LA GUACHAFITA