• Aura Elena Bernal*

La credibilidad de la USCO ante la sociedad huilense


Foto: Cortesía Diario del Huila

A pesar que la universidad desde hace casi una década logró estabilidad administrativa, con cumplimiento de periodos de los rectores y acreditación de alta calidad, no logra demostrar credibilidad ante la sociedad.

A mi modo de ver, los problemas que aquejan a la Universidad tienen relación con la "autonomía" concedida por la Constitución y la Ley 30 de 1992, que le dan potestad para elegir sus directivas, docentes, estudiantes… y administrar los recursos. Concepto que no se entendió, que quedó en el ideal perdido, que le reconocía el “poder del saber”, el ejercicio del conocimiento "en lo superior, para lo superior” en las funciones referidas al ser humano (formación), la ciencia (investigación) y la sociedad (extensión), desde las mayores realizaciones de la cultura, que no debe ser reglada desde agentes externos.

Por falta de referencias sobre la naturaleza y misiones de la universidad, se adoptaron en el Estatuto General de la Universidad, los mecanismos que rigen el accionar político del contexto. La manifestación más clara, se muestra en el proceso de designación del Rector: los candidatos hacen una propuesta, se inscriben y se promocionan ante los miembros del Consejo Superior, para lograr quedar en la terna, ésta se construye a discrecionalidad, con criterios que aún no son claros. Luego los elegidos tienen que ir tras los votos, de docentes, estudiantes, egresados, y aunque no votan, los administrativos y contratistas, que de algún modo son también estudiantes o egresados. Claro, como en las elecciones comunes de concejos, alcaldías…, tiene que armarse una maquinaria electoral, que se motiva y fortalece según los incentivos que pueda ofrecer el candidato, en especial a quienes se destacan como líderes que negocian sus posiciones a cambio de favores, los que se traducen en recursos, lógicamente en función del presupuesto de la Universidad o de lo que a través de ella se pueda conseguir.

Después el Rector tiene que cumplir con los pactos, de no hacerlo pone en peligro su estabilidad y gobernabilidad, con demandas, levantamientos y huelgas, denuncias ante los entes de control. Además, deberá estar atento a otras contingencias que surjan, si se presenta algún brote de rebeldía o cuestionamiento debe negociar. Como consecuencia, se vuelve frondosa la nómina de contrataciones, hijos o parientes de administrativos y docentes, estudiantes, egresados y recomendados de políticos. También juegan los encargos en puestos de provisionalidad, los nombramientos en jefaturas, las comisiones de estudio de docentes, el financiamiento de viajes al exterior, las cátedras adicionales, la asignación de viáticos, la vinculación como docentes catedráticos u ocasionales sin concurso… y las contrataciones de servicios como restaurantes, cafeterías, vigilancia, seguros… situaciones que no se cuestionan y que se consideran absolutamente legítimas y fuera de discusión, incluso por los sindicatos que también negocian, buscan beneficios y formar parte de los órganos de administración. Si algo sale mal o trasciende como problema público, todo es culpa de la “administración corrupta”, pero les se olvida que en la corrupción están interviniendo gran parte de los universitarios, si no todos, por pedir favores o aceptar como natural este hecho.

Siempre he sostenido y sostendré que “el problema de la corrupción es "interno”. Echarle la culpa a los políticos externos en un distractor. La afirmación generalizada de la politización como injerencia de externos, se utiliza a menudo con una falsa moral para atacar a otros candidatos que tienen una mayor opción, cuando en sí todos los que están participando están inmersos en el "proceso politiquero instaurado en el mismo Estatuto General de la Universidad". El proceso de elección de la Universidad se parece a las elecciones comunes del medio y permite la práctica de las más bajas e innobles formas de ganar adeptos y desacreditar a los oponentes, ya sea por su trayectoria académica o administrativa, sus amigos, vida personal, familiar y hasta su sexualidad. Se genera información falsa o tendenciosa, se utiliza a terceros para que la difunda, se promueve en las redes, medios de comunicación y en forma anónima con falsos nombres y panfletos. Nada que nos diferencie de los que no llegan a la Universidad, la que se supone forma a las nuevas generaciones para que gesten el desarrollo de la sociedad desde los valores más elevados de la humanidad.

Si se quiere realmente que la Universidad tome un rumbo nuevo, es necesario identificar claramente los problemas para intervenirlos y garantizar un nuevo orden más ético y académico. Es por esta razón, que al percatarme de las dificultades que genera el proceso de elección de Rector de la Usco, he venido proponiendo infructuosamente desde mi Rectoría en el año 2000 la realización de una Constituyente Universitaria. Tal vez ahora exista la coyuntura que haga posible su realización.

* Ex rectora de la Universidad Surcolombiana.


LA GUACHAFITA