• Luis Fernando Pacheco*

Aportes de la Iglesia al conflicto y la paz: el caso de El Salvador


Entrevista a Monseñor Gregorio Rosa Chávez – Obispo Auxiliar de San Salvador. La Gaitana Portal presenta los hallazgos de esta entrevista en la primera de dos entregas. La siguiente se publicará en dos semanas.

Foto: Diálogo entre Mons. Gregorio Rosa Chávez y Luis Fernando Pacheco

Es 1 de mayo: día internacional del trabajo y apenas han transcurrido pocos minutos después de las siete de la mañana. La Iglesia de San Francisco se ubica sobre la Alameda Juan Pablo II, en el corazón de San Salvador y a pocas cuadras de la plaza cívica y la Catedral Metropolitana de San Salvador, centro espiritual y político del país centroamericano.

Sin embargo, el día festivo mantiene vacías las calles de la ciudad, la Iglesia ni siquiera ha abierto sus puertas, aunque adentro se percibe movimiento. Cuando se nos permite ingresar al interior, encontramos un curioso movimiento frenético pero silencioso a causa de un desperfecto con un automóvil en el costado de la deteriorada parroquia. Varias religiosas se mueven de un lado a otro en respetuoso silencio, pero innegablemente a cargo de la situación está un sacerdote menudo de rostro cetrino y andar pausado pero firme. Quien lo viese, vestido con una sencilla camisa con alzacuello y un pantalón negro sin cruz pectoral a la vista dudaría estar frente a la segunda autoridad eclesiástica de El Salvador, y uno de los testigos privilegiados de la historia de horror y reconciliación que entre los 70’s y hasta avanzada la década de los 90’s sacudió al país.

Gregorio Rosa Chávez tiene 75 años. Desde 1982 es el Obispo Auxiliar de San Salvador y segundo siempre del Primado de Salvador desde la época del mítico Antonio Rivera y Damas, reconocido negociador en las épocas de la Mesa entre la guerrilla del FMNL y el Estado salvadoreño. Pocos saben que es comunicador y que estudió en Bélgica en la emblemática Universidad de Lovaina. Pero también es válido recordar su amistad con el inmolado Obispo (elevado a los altares por Francisco en 2015, Oscar Arnulfo Romero), ya que Rosa Chávez ocupaba la dirección del seminario diocesano en las aciagas épocas en que Romero era el Arzobispo de San Salvador.

Es un hombre menudo, de rostro cetrino, con evidentes rasgos de ascendencia indígena y una solemnidad que parece contrastar con su sencillez, cuando se pierde en sus divagaciones Mons. Rosa Chávez evita mirar a sus interlocutores y prefiere fijar su mirada en sus manos o en la mesa rústica de un pequeño salón al costado de la parroquia en el cual nos atiende durante casi 45 minutos en medio del silencio de la mañana del festivo, que será interrumpido cuando empiecen las acostumbradas manifestaciones de organizaciones sindicales y obreras.

LUIS FERNANDO PACHECO: Monseñor, aunque no hay una posición unánime, ¿Cuál creía que era la situación usted de la Iglesia en la década del 70 según su percepción aquí en El Salvador? ¿Cuál era la relación entre Iglesia y Estado en medio de ésta difícil década?

Mons. ROSA CHÁVEZ: Es interesante que, durante el tiempo del conflicto, casi 40 años, no tuvimos modelo democrático. Eran juntas militares, gobiernos militares durante 50 años. El primer gobierno civil fue en el año 84 con Napoleón Duarte, demócrata-cristiano. Antes eran todos regímenes militares y decía el Arzobispo Chávez: “estos ojos han visto caer 14 gobiernos en golpes de Estado sucesivos”. El gobierno de Duarte que fue quien inició el diálogo por la paz. Y aquí hay una cosa interesante y es que Duarte era muy amigo del Arzobispo del momento Rivera Damas, con ideas profundamente demócrata-cristianas, entonces había una sintonía entre el presidente y el arzobispo. Entonces en tiempos de Monseñor Romero, mataron a los primeros sacerdotes. Uno a las dos semanas de ser Arzobispo, el padre Rutilio Grande. Otro a los 2 meses, él joven Alfonso Navarro. Y cuando matan a Rutilio hay un comunicado de prensa, yo lo redacté, por cierto, que se dio en la misa exequial donde se dice que no participarán en un acto oficial si no se aclara el crimen de Rutilio. No se aclaró y nunca él tuvo un acto oficial, nunca. Nunca hubo una bendición de un acto del gobierno o un actor oficial. Entonces eran esas relaciones tensas con el gobierno porque el gobierno estaba matado a tanta gente, incluso sacerdotes. Esa es la época de Romero, una situación difícil. Vino Rivera, aún seguía la guerra cuando Rivera era Arzobispo. Él llego en el año 83 como arzobispo y murió en el año 94 después de que se firmó la paz y a él le tocó dirigir el proceso de paz durante 5 años, él fue el que dio el camino de la paz en el país, algo que pocos reconocen. Sin él no tendríamos la paz.

"Entonces eran esas relaciones tensas con el gobierno porque el gobierno estaba matado a tanta gente, incluso sacerdotes. Esa es la época de Romero, una situación difícil."

Prof. PACHECO: Indudablemente que la división al interior de la Conferencia tenía mucho que ver con las denuncias de, digamos, filtración de la Teología de la Liberación y otros movimientos eclesiales. ¿En las bases de verdad cuál era el diagnostico? ¿cómo jugó la Teología de la Liberación en la vida de la iglesia en esos momentos?

Mons. ROSA CHÁVEZ: Aquí digamos hay que recordar el momento pre-revolucionario que se da lugar en los años 70. Comenzaba esta Teología con una gran efervescencia en el continente y aquí llegó, influyó grupos y la idea surge de grupos más bien de la iglesia. De gente de secundaria, universitaria que al ver como estaba la situación comenzó a estudiar y muchos decidieron ir a la lucha armada. Por eso cuando hubo el diálogo fue fácil entenderse con los guerrilleros, había una base ética que permitía tocar temas de fondo, no solo militares. Entonces del grupo surgen como grupos abiertos, surgen 4 o 5 grupos abiertos, después tienen un brazo armado que finalmente se unen en un solo grupo que es el FMLN que eso fue muy posterior. Entonces hay digamos grupos, élites en esa perspectiva y hay un pueblo que se va concientizando, campesinos y obreros que se organizan también y se unen a un resto de grupo abiertos, que luego van a tomar las armas. Entonces la reflexión teológica y bíblica está tomada del éxodo, básicamente, y de algunos teólogos de la liberación, pero no había digamos un estudio sistemático del tema. La iglesia digamos tuvo que ver con la politización de muchos fieles, de la radicalización de mucha gente de la iglesia, sacerdotes y laicos bien metidos en este tema, en una probabilidad de opción política no eclesial. Eso generó muchas tensiones. Monseñor Romero trató de acompañar a estos grupos, como consta en sus escritos esto. Los obispos condenaron esto, tanto que el hecho famoso de San Vicente que el obispo expulsó a los sacerdotes, digamos, excomulgó y los acogió Monseñor Romero acá en la Arquidiócesis. Luego fue asesinado –un sacerdote- en vísperas de la muerte de Romero en la iglesia de San Vicente precisamente, de donde había sido expulsado. De modo que esta fue la forma en la que se vivió este movimiento de la teología de la liberación.

Prof. PACHECO: El número de víctimas que la iglesia aportó a la guerra fue alto, ¿usted cree que eso incidió positiva o negativamente en el papel que jugó en el proceso de diálogo?

Mons. ROSA CHÁVEZ: El diálogo lo inició precisamente Monseñor Rivera. Hay que decir que este país a veces tuvo una herramienta básica que fue su Oficina de Derechos Humanos. Era la única oficina objetiva y el tema era la paz se esculpió sobre la verdad, esa era el lema de la oficina. Por lo tanto, abierto a todo el dolor humano sin pensar de que grupo o de que parte está la víctima o el victimario, esos archivos fueron completos en temas de derechos humanos, más objetivos. Estos informes fueron la fuente principal de la Comisión de la Verdad. Esto es importante porque esto no pasó en Colombia. Colombia no tuvo esta herramienta. Una herramienta fue el contacto con la gente cada domingo en la homilía dominical y en la conferencia de prensa, o sea formar la opinión pública en el sentido bestial, eso fue un impacto fundamental y esta fue herencia de Monseñor Romero. Y este punto es básico, lo hemos hablado con los obispos varias veces que me invitaron. Sin estas cosas no hubiéramos tenido el proceso de paz que tuvimos.

Cada domingo la iglesia analizaba la realidad del país, la coyuntura. Si usted ve las homilías al final decíamos: “hechos de la semana” y ahí venía el análisis de la coyuntura. Está por escrito. Dialogábamos con la prensa. Entonces eso se preparaba cada sábado con los informes, el de derechos humanos y el de coyuntura. Con eso nosotros tomábamos posición el domingo. Entonces se iba generando una corriente de opinión cristiana, de cómo afrontar la violencia y abrir el camino al diálogo. La iglesia propone el diálogo antes que nadie y el papa habla de diálogo en el año 83 porque era el tema de la jornada de ese año. Eso fue muy importante, que el papa planteara el diálogo como único camino correcto para la paz.

"Cada domingo la iglesia analizaba la realidad del país, la coyuntura. Si usted ve las homilías al final decíamos: “hechos de la semana” y ahí venía el análisis de la coyuntura. Está por escrito. Dialogábamos con la prensa."

El año siguiente se daría el primer diálogo con Duarte. Aquí hay una anécdota importante, cuando Duarte va a la ONU, a la asamblea general en el año 84, manda a su canciller a que hable con el Arzobispo Rivera y le diga: “voy a invitar al diálogo en la ONU, quiero que la iglesia prepare ese diálogo”. Este es el diario de Monseñor Rivera y dice que al principio está de acuerdo. Hace el llamado Duarte en la ONU al diálogo, sorprende a todo el mundo, la iglesia se reúne, bueno nos reunimos y elegimos a Rivera como el mediador. En ese momento las palabras no eran tan técnicas como después y comenzamos como intermediarios, facilitadores, aun no siendo mediadores porque en una mesa, cuando la mesa se traba, hay que proponer ideas. Recién era eso y eso le tocó al a iglesia muy prontito hacer eso. Pero insisto que estas dos herramientas –la homilía y la oficina de derechos humanos- fueron fundamentales para que hubiera credibilidad total. De hecho, conversábamos y alguien se molestaba porque se tocaban sus intereses, pero la iglesia se mantuvo muy objetiva. Nosotros preparábamos la homilía con Monseñor Rivera y a veces había temas delicados y él decía a veces: “por esta nos pueden matar, pero la tenemos que decir”. Me decía a veces: “le va a tocar a usted”, nos turnábamos para la homilía, una vez el otra vez yo. Todo eso está escrito, lo que dijimos. Pero que importante fueron esos elementos para arrancar el proceso de paz.

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* Luis Fernando Pacheco Gutiérrez es colombiano de nacimiento. Abogado, Especialista en Desarrollo Personal y Familiar, Egresado del Curso Superior de Defensa Nacional de la Escuela de Defensa Nacional y Candidato a Magister en Relaciones Internacionales. Ha sido docente, investigador y directivo de instituciones educativas y universidades de Colombia y Argentina. Actualmente se desempeña como Jefe de la Oficina de Paz y Derechos Humanos de Neiva (Colombia)

Miembro del equipo fundador del Portal Independiente La Gaitana.

Nota del autor: Este extracto de la entrevista a Mons. Gregorio Rosa Chávez es parte de la investigación “El papel de la Iglesia Católica en procesos de paz y reconciliación: una mirada histórica” financiado y coordinado por la Universidad Surcolombiana.


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