• Angélica Ortiz*

Reconociendo a Palestina


Foto: Infodelmundo

La búsqueda de soluciones negociadas, de debatir y construir consensos, de limitar el uso de la fuerza, y por ende, de mitigar el impacto de la guerra en un territorio es lo que enmarca la política exterior; y es que la diplomacia es precisamente eso, el arte de tratar de llevar las relaciones entre Estados a un buen término. Pero en medio de la toma de estas decisiones los intereses juegan un papel importante.

Intereses que van desde lo interno hasta lo que procura la defensa de los tres elementos esenciales de un Estado: Territorio, soberanía y población. Como internacionalista no quiero llevar este espacio a criticar o apoyar los nombramientos diplomáticos (es un tema que sería interesante analizar en otro momento), lo que si quiero demostrar es la importancia que nos lleva mantener unas buenas relaciones con nuestros vecinos; con nuestros aliados políticos, económicos, culturales y sociales; y en general, con todos los actores del sistema internacional.

El reconocimiento de Palestina por parte del Gobierno de Colombia (siendo el único que en Suramérica aun no lo había hecho) ha dejado opiniones a favor y en contra frente a esta coyuntura. Pero para llegar a dar una opinión, es bueno saber en contexto lo que se vive en una de las zonas más inestables del mundo en materia de paz.

Contrario a lo que se piensa, la generación de este conflicto no se dio precisamente hace miles de años. Como lo mencionaba anteriormente, la inestabilidad de este territorio ha dejado un sinnúmero de confrontaciones históricas bajo la tradicional teoría del realismo en las relaciones internacionales: los intereses, y la supremacía y dominio en un espacio geográfico. Y es que las diferencias han empezado a debatirse en las Relaciones Internacionales desde 1917 cuando el derrotado imperio otomano en la Primera Guerra Mundial le entregó el control de la zona a las fuerzas aliadas; este escenario propició dos hechos históricos: Por una parte, el Reino Unido de la Gran Bretaña y Francia tomaron posesión del lugar y decidieron dividirla en diferentes países, con la puesta en marcha de los acuerdos Sykes-Picot de 1916, y por otra, durante el mandato de los británicos en la región, el ministro de relaciones exteriores del Reino Unido, Lord Arthur James Balfour, reconoció el derecho histórico del pueblo judío a tener su propia nación.

Y la comunidad internacional no ha sido ajena a esta coyuntura. Durante el tiempo de la Liga de las Naciones (hoy conocida como la Organización de Naciones Unidas) el reconocimiento de un espacio se reafirmó con la emisión de la Resolución 181 de 1947, la cual recomendaba el establecimiento de dos estados: Uno judío y uno árabe, así como una zona bajo régimen internacional particular.

Y ha sido desde aquella época y con mayor firmeza en 1967, cuando en seis días la organización geopolítica de Medio Oriente cambió; y es tal el impacto de este conflicto relámpago que sus efectos aún se sienten en la región. Y es que la decisión de formar un país fruto de las situaciones vividas durante la Segunda Guerra Mundial ha llevado a una arbitrariedad frente a la demarcación de las fronteras.

Es por este motivo que la Guerra de los Seis Días deja un espacio a analizar; hay quienes afirman que el Estado agresor fue Israel, como también otros manifiestan que Egipto, Siria y Jordania buscaran el exterminio de esa nación a como fuera lugar. Lo cierto es que posterior a este conflicto, Israel fortaleció su poder en la región. Multiplicó el tamaño de su territorio bajo su control al quitarle a Egipto la península del Sinaí y la Franja de Gaza; los Altos de Golán a Siria; y Jerusalén del Este y Cisjordania a Jordania.

La derrota de los gobiernos árabes acentuó en mayor medida la autonomía del movimiento nacional palestino. Tras la Guerra de los Seis Días, los países árabes se preocuparon más en la recuperación de su territorio perdido que en luchar por los palestino; entonces, surge un movimiento palestino independiente que intenta lograr la atención de la comunidad internacional.

Han pasado varios años desde esta guerra relámpago y como lo manifesté anteriormente, aún se evidencias las consecuencias de esta confrontación bélica. Hoy en día las diferencias económicas, las influencias en la región, el impacto del armamento y el apoyo de potencias internacionales han permitido que el índice de víctimas y desplazamiento por esta disputa continúe en aumento.

¿Y esta decisión, que se tomó a pocos días de finalizar el mandato del presidente Juan Manuel Santos, y hoy ratificada por del Gobierno del presidente Iván Duque en qué nos afecta como nación en el concierto internacional?

Colombia es un Estado que se caracteriza por un respeto a las normas, leyes y tradiciones internacionales, hecho que le ha llevado a ser parte firmante de tratados y Convenciones en los diferentes ámbitos que contempla el Derecho Internacional. Ya en la formalidad y ante la comunidad internacional, nos sumamos a los 138 Estados de la comunidad internacional que han reconocido a Palestina; la tarea que hoy viene al gobierno del presidente Iván Duque está en sobrellevar las tensiones diplomáticas que han surgido con el Estado de Israel.

Posiblemente las tensiones se disiparán debido a las cercanas y estrechas relaciones que tenemos con el gobierno de Benjamín Netanyahu. Desde el momento de su independencia fuimos de los pocos países en venderles armas, así como en la actualidad hacemos parte de la Fuerza Multinacional de Observadores que fue establecida desde 1982 en el Sinaí.

Y es que nuestras relaciones no son solamente en materia de seguridad. El comercio bilateral entre ambas naciones, y posteriormente al ser ratificadas por nuestro Congreso con la firma de un Tratado de Libre Comercio en 2013 ha impulsado la apertura de mercados en el intercambio de bienes, servicios e inversión entre las dos economías, específicamente en la exportación de productos agrícolas y cárnicos de nuestra nación.

Es por este motivo que, aunque la decisión tomó de sorpresa al Estado de Israel, nuestro Canciller Carlos Holmes Trujillo tiene una labor titánica en fortalecer y cimentar más las relaciones. A Israel le debemos aprender mucho más; su innovación y liderazgo en materia de la problemática del agua nos permitiría llevar a buscar soluciones en regiones colombianas donde la potabilidad de este recurso es precaria.

Y no solo esta tarea debe ser trabajada con fino detalle por nuestro Canciller, sino también todas aquellas en las que los intereses de nuestro país se vean involucrados. Retos diplomáticos tenemos con la crisis migratoria de venezolanos, el fortalecimiento de las alianzas comerciales con nuestros países vecinos, las disputas fronterizas a través de los estrados judiciales internacionales, el posicionamiento de nuestra marca país en los contextos europeos, y por último, la búsqueda de nuevos lazos en Asia y África que permitan el crecimiento de nuestros mercados en el escenario internacional.

* Politóloga e internacionalista.


LA GUACHAFITA